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29 de enero de 2015

Manifiesto molesto

Soy fan de Combate. Eso me hace inmediatamente fan de la tolerancia. Explico por qué: a raíz de toda la polémica que la ‘’Marcha contra la televisión basura’’ ha generado, me empiezo a preguntar por qué cierto número de personas… cientos, miles, o los que sea, debería decidir qué contenido es bueno y qué contenido es malo en televisión. EN TELEVISIÓN. O sea, pocos medios tan democráticos como la televisión de ahora, que tiene para algunos más de 100 canales a elegir. Y por el otro lado también ¿qué es eso de quitarle el derecho a una persona que no puede costear el cable a dejar de ver lo que quiere ver en señal abierta?

Pero creo que el tema, al menos el mío, va por el lado de las razones por las que cierta gente considera programas como Combate, Esto es Guerra, Bienvenida la Tarde, Magaly o Amor amor amor nocivos para los cerebros de nosotros los peruanos. Muchos dicen que ‘’exhibir’’ las ‘’miserias’’ de sus vidas privadas, hace a los famosos peruanos amenazantes para la televisión y la gente. Prensa rosa. En sociedades del primer mundo como España o Inglaterra, la prensa rosa es tan o más agresiva que en el Perú y no por ello se asesinan chicas que confiesan cosas en televisión -como le pasó a Ruth Thalía- o se golpea a una vedette hasta casi matarla -hablo del caso de Lady Guillén-, etc., etc. Con excepciones, por supuesto, como todo.

Otra razón, que es la que más me indigna, es el hecho de señalar la ropa de las chicas concursantes de realities de competencia como un atentado al buen gusto, a las mentes virginales de los niños y jóvenes peruanos. Me parece bastante conocida esa razón, es más, la asocio a eso de: ‘’si no quiere que la piropeen, que no se vista provocativamente’’, ¿algo así? ¿No? No es nocivo para nadie. Y hasta creo que toda esa histeria se remonta a una de las problemáticas más grandes de este país: la no-igualdad de género, el feminicidio, el machismo, etc. Taparle los ojos a un niño para que no vea a una mujer vistiendo un short corto o una falda corta solo alimenta el morbo y crea basura en el cerebro. Escandalizarse porque sale una mujer en bikini en la tele hace de ese niño el próximo acosador callejero.

‘’Sí, hijo, sí, hermano, sí, amigo, eso que ves ahí es el cuerpo de una mujer, que puede vestir lo que quiera y no por eso es una puta, no por eso se le falta el respeto, no por eso ataca a la cultura, no por eso es indecente’’. Y ya. 

Una persona no se define por qué ve o no ve en televisión. Los programas no tienen la obligación de darte cultura –lo que sea que sea que abarque ese término- No eres un programa de televisión. La educación no pasa por qué reality prefieres, con cuál te ríes o cual dejas de ver, menos por jugar a la falsa decencia. La educación es tu familia, tu casa, y eso, si no funciona bien, no se arregla con ninguna marcha.

La sociedad peruana está muy preocupada y pendiente de los romances en los realities y los enfrentamientos de dos colombianas, pero a esa misma sociedad no parece importarle que los noticieros pasen imágenes de gente atropellada y ensangrentada o niñas violadas sin mosaico; mucho menos las asquerosidades del congreso, la corrupción, la indolencia, la ineficiencia, los delincuentes de saco, corbata y curul. Esa, amigos, es la verdadera miseria, la auténtica basura.






''Cada loco con su tema,
que contra gustos no hay ni puede
haber disputas''








3 de septiembre de 2014

Esa cosa del transporte

A ver si lo tengo claro: ves muertes todos los días porque un asesino -no chofer, no: asesino- de combi decidió jugar con la vida de una persona inocente y aún así piensas que las combis deben quedarse... haces colas de horas para entrar a Mistura o para ver Asu Mare pero no puedes hacer una para subir a un bus que te transportará a tu lugar de trabajo o estudios... estás harto del caos de que significa tomar y entrar en una combi y sin embargo creas desorden empujando a quien tienes adelante para subir a un bus azul... te quejas de que las combis hacen lo que les da la gana pero no puedes caminar tres cuadras hacia un paradero autorizado... y, periodistas, pueden grabar gente quejándose y seguir ahondando en los errores -que los hay- pero no pueden dedicarse a ayudar también y  hacer la otra parte de su trabajo que además de denunciar es informar y dar a conocer a la gente sobre transbordos, paraderos y rutas. Es absurdo.

¿Qué hay errores? Claro. La falta de información o la casi nula prevención de la marcha blanca que ocasionaría la gratuidad del servicio. Seguro hay más. Pero esto se trata de una REFORMA, no de poner y pintar escaleritas, esto es algo grande. Pero no podemos pretender que todo se desarrolle con precisión suiza porque para eso habría que ajustar detalles colaterales que además de ser responsabilidad de la Municipalidad de Lima son responsabilidad de nosotros mismos como ciudadanos. 

Es increíble cómo nos hemos adaptado tanto y tan bien al caos y al desorden, a la informalidad, a la desgracia que es tener que viajar diariamente en una combi, a no saber si llegarás vivo o no a tu casa.  Eso es preocupante. Paciencia, información, ayuda, comprensión, orden, precaución, no indolencia... para ambas partes. Es tan extraño que Lima empiece a cambiar de una manera drástica que hasta parece indignarnos. Es tan insólito no estar a punto de perder una pierna -o directamente morir- porque una combi se subió a una vereda, no ver a un conductor de bus como a un delincuente, no correr para tomar un carro que probablemente decida cambiar su ruta en algún momento del trayecto... y no queremos asumir esta reforma como nuestra, como un cambio que es de todos. Como leí en Twitter: a veces parece que en lugar de reformar Lima, deberíamos reformarnos los limeños.





''... pero que queréis killo, si ya lo decían los berrones, 
que somos un país de panderetas... 
Con sus ovejitas... yola yola una foto... y sus ovejitas. 
¿qué coño es esto?... y luego los que son buenos 
se nos van raro, raro, raro''




29 de marzo de 2012

Ser y dejar ser

Los temas polémicos me estresan. Uno siempre intenta ser imparcial pero al final, nuestra opinión pesa más. Cuando discuto, me gusta siempre tener la razón. Y cuando no la tengo, me demoro en aceptarlo. Siempre surgen más argumentos. Por lo que sé, es común dividir un debate entre gente a favor y en contra del tema en suspenso. Pero no todo siempre es blanco y negro, no todo es tan fácil. ¿Y la hora gris? Cuando no es día ni es noche, cuando no es esto ni es lo otro? Un debate está mayormente basado en hechos, las percepciones o experiencias quedan un poco relegadas. Por ello, este post no será un debate. Será una exposición de lo que pienso, lo que creo y lo que siento con respecto a una cuestión demasiado "mainstream": las corridas de toros. Siempre se habla de eso.

A mi no me dan pena los toros, como no me da pena ningún otro animal. Me conmueve más la sonrisa de un niño al que le compras un caramelo, me estremece más el ruego de un anciano por dinero. Aunque los humanos somos seres muchas veces despreciables, me identifico mucho más porque soy uno de ellos. Porque creo que tengo algunas certezas. No sé qué pensar del mundo animal, en especial de los toros. Todo lo que sé sobre animales es teoría. No sé si pueda darme pena que un toro no muera porque tal vez en el instante en que lo salvas, ese mismo animal decidirá abalanzarse sobre ti y destrozarte la cara.

Está de moda hablar sobre las corridas de toros, hace años que lo está. Está de moda, también, estar en contra de las corridas de toros, pedir firmas para prohibirlas, indignarse, hacer cadenas vía redes sociales, marchas, etc. La ambigüedad de aquellos que invalidan la "fiesta brava" es impresionante. Me pregunto cuántos de aquellos que sueltan lágrimas viendo a los toros en el ruedo, no dudan al comerse un sanguche en la esquina de su casa. Un sanguche con hartas papas fritas, lechuga, tomate, salsa tártara, kétchup, mayonesa y lo principal, por supuesto: el pollo. Aquel pollo que no dudaron en matar para que los activistas en contra de las corridas de toros coman y disfruten. He ahí la diferencia. La mayoría de animales que comemos nacieron para morir. Como dice Calamaro: Al toro le damos calidad de héroe, de ser mitológico, aquel Dios que se debate entre la vida y la muerte, que lucha. Este comentario es bastante cuestionable pero explica un punto de vista, entre tantos otros, sobre las corridas. Yo no estoy en contra. Tampoco a favor, sencillamente me da igual. Mi abuelo y mi padrino, van todos los Octubre a Acho a ver a los toros. Lo hacen religiosamente. Mi padrino por una simple herencia de gusto, tal vez. Mi abuelo porque lo vivió desde niño. ¿Cómo puedo atreverme a decirle que una parte de su vida es inválida, que no es correcta? Es sumamente relativo. La corrida de toros es algo netamente tradicional, una costumbre como tantas otras. Nos guste o no. Tu costumbre es ir a misa todos los domingos, la de otros es ir a Acho. Tu costumbre es rezarle a una imagen, a una estatua, la de otros es la de sentarse a ver un bien elaborado tercio de varas. Tan simple como eso. Si algunos creen que es una burla, una diversión ver a un animal morir. Bueno, otros creen que el MOVADEF debería ser un partido político. Hay de todo.

Pero no seamos tan ingenuos y tan absurdos de relacionarlo y tomarlo como premisa para limitar, censurar o creer conocer a la perfección a alguien. Así llegamos a leer y escuchar comentarios de gente que tacha a Vargas Llosa de pésimo escritor por ser taurino, de censurar a Serrat y Sabina por ser muy taurinos, y a tantos otros. Es como decir, La ciudad y los perros es una pésima novela porque su autor va a las corridas de toros. Es tan absurdo eso como tratar de convencer a alguien de que es físicamente imposible caminar sobre el agua. Uno cree lo que es, lo que ama, lo que le apasiona y nadie tiene derecho, cualquiera que sea su postura u opinión, a intentar cambiar la sociedad por entero a gusto de la posición de cierta gente, que en muchos casos no es nada más que una pose.