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9 de octubre de 2014

Canciones para llevar

Siempre o casi siempre asocio cada cosa que pasa con mi vida y mi mente a una canción. Vienen, no tengo que llamarlas... primero llega el momento y luego la canción o al revés, pero siempre pasa y es genial porque me hace sentir la protagonista de una película... vale, a mis poquitos 21 años, me hace sentir la protagonista de mi propio cortometraje de serie b y de bajo presupuesto, pero soy la estrella y eso es lo importante. Como siempre he defendido la tolerancia y diversidad de lo géneros que a cada persona -y creo que nunca mejor dicho- se le cante escuchar, esta vez no es ni podría ser la excepción. Kevin Johansen dijo alguna vez que se consideraba un total ''desgenerado'' y ahí fue que encontré una adjetivo más para definirme. Totalmente. Y dice:




Los infieles / Aventura

¡Toma! directo, así, para que la crítica estalle. Pero esto tiene una anécdota linda. En este caso, la canción y el momento se presentaron iguales. Era mi ultimo fin de semana en Madrid después de 4 meses a-lu-ci-nan-tes y fui con mis amigos, qué amigos, mi ''familia madrileña'' :) a un bar de tapas... probablemente haya sido yo la única en reparar en que sonaba ESTA canción mientras yo intentaba terminar el segundo caipirinha y veía a mis amigos reír... sonreír :)

''Que nos perdone nuestro divino señor si cometemos un delito. 
Adán y Eva pecaron por tentación tu y yo no somos distintos''

*La parte menos sexual de toda la canción son esas dos líneas*



Quelqu'un m'a dit / Carla Bruni

Me demoré 5 minutos en escribir el título. Pero no importa si puedo recordar cada rincón de París que conocí escuchando esta canción cortita y hermosa. Debería estar prohibida tanta belleza en una ciudad.

''Me dicen que el destino se burla harto de nosotros 
que nos da nada y que nos promete todo 
Parece que la felicidad es al alcance, 
Entonces se tiende la mano y se vuelve loco''


Era tan guapa y tan niña / La canción de Cádiz 

Recuerdo que en el piso debajo del mío, vivía una señor de más de 80 años que se llama Engracia, que me invitaba mantecados, me avisaba si se me caía ropa al patio de su casa, me prestaba ganchitos y lo mejor de todo, me pedía que la acompañe a ver la televisión... Una vez vimos la final del Concurso de Comparsas de Cádiz... esta fue la canción ganadora... no me la pude quitar de la cabeza hasta el día en que me fui... la tenía en mi mente con letra y música mientras estaba camino al aeropuerto y ahora cuando la escucho no solo me acuerdo de Engracia sino también del sol de Villaviciosa camino a la universidad, de las siestas, de la plaza, de todo... 

''...y entendí que las musas no eran diosas divinas ni ninfas de cuento
que aquella noche tus celos me hicieron ver las musas eran de carne y de hueso''


Dame la razón / Marlango

A quien corresponda y para interpretarla. Qué momentos esos los que se cree pasan desapercibidos y por el contrario terminan dejando una grande, feliz y extraña marca. Esta canción es para interpretar y el/los momentos, difíciles de explicar. Para muestra ni un botón ni nada... una canción que define TODO. ¿Alguien entendió?

''Dame puertas abiertas
camas desechas,
pasos perdidos,
silencio en la piel''



Soy pecadora / Ana Prada


A pesar de que aún no termino de aceptarlas, se que tengo dos grandes partes: una que puede y quiere exponer luz y virtudes y otra que es oscuridad pero casi siempre es tonos grises. A veces me gusta creer que la malicia que tengo -como todos- es una característica que me hace interesante. Me gusta creerlo. Me envicia pensar que soy un alma a la que tienen y tengo que rescatar. Me di cuenta de esta canción en el momento preciso que me descubrí identificándome con partes de la letra. Si quiero ser precisa, me asocie a esta canción mientras caminaba para tomar el micro para ir a la universidad. En Lima, por supuesto.

''Soy pecadora... los santitos huyen de mi agenda 
Soy mala, madre de todos los pecados
Las velas dudan si a mi altar echarle mano 
O con la excusa de un soplidito dejarme en la oscuridad''






24 de abril de 2014

La hija de la pata

Son de esas cosas que el periodismo te da. Precisamente cuando hace unos días supe qué era lo que quería hacer. Al menos con respecto a mi carrera. No quiero ver muertos, mucho menos hacer más miserables sus desgracias escribiendo notas sensacionalistas. Quiero contar otro tipo de historias. Y la que he vivido hoy se va a quedar para siempre.

Toqué el timbre una vez. Dos veces. Tres. Pensé en llamar una vez más y un claxon me sorprendió. Teresa Fuller, la hija de Chabuca Granda, me sonreía desde el asiento de copiloto de una camioneta gris que manejaba su sobrina. Ella también me sonrió.

Va a escribir un libro sobre la pata, le dijo Teresa a su sobrina.

Yo sonreí. Me invitó a pasar y justo antes de seguirla hacia adentro, la otra mujer me tomo del brazo.

No, no, no, Lucia, tú me vas a ayudar a cargar estas bolsas.

Tomé los dos bultos de plaza vea en donde Teresa había hecho unas compras y la seguí. Después de pasar por el patio, subimos unas escaleras, ella iba delante de mí. El corazón me empezó a latir un poco más fuerte cuando vi una gigantografía de Chabuca Granda. Teresa sólo veía a su mamá y a su ídolo.

Atravesé la sala como quien camina por el Louvre. Cuadros, fotos y estatuillas de Chabuca. Todo estaba perfectamente ordenado.

¿Quieres café, Luci?

Luci. No me gusta que me digan así. Pero era Teresa Fuller. Y además sonó lindo.

Sí, muchas gracias.

Mientras hervía agua para el café y guardaba sus compras, me preguntó sobre lo que quería hacer con el libro. Le conté todo y ella seguía sonriendo. Cuando terminó de hacer el café me dio la taza que me tocaba y fuimos a la sala.

Casi me olvidé de las preguntas. Mientras hablaba implícitamente defendía a su madre de todo como una leona. La cara se le ilumina, se ríe a carcajadas cuando habla de su ‘’mami’’ o ''la pata'', como ella le dice. Por ratos se quedaba mirando hacia un punto fijo con una sonrisa enorme. Pensé que iba a llorar. Pero no lo hizo. Simplemente cambiaba de tema y apuntaba hacia otra anécdota, se carcajeaba y el proceso era el mismo.

De Chabuca Granda se ha hablado más después de muerta. Y eso la indigna. A mí también. Eso no es justo. Ojala pueda hacer un cambio chiquito con el libro que escribiré.Mientras tanto, Teresa Fuller Granda, me ha recibido en su casa. He tomado un café con la hija de la mejor cantautora peruana de todos los tiempos, de una leyenda. La historia que quiero contar.  




Chabuca Granda no lloraba... sonreía.