Siempre o casi siempre asocio cada cosa que pasa con mi vida y mi mente a una canción. Vienen, no tengo que llamarlas... primero llega el momento y luego la canción o al revés, pero siempre pasa y es genial porque me hace sentir la protagonista de una película... vale, a mis poquitos 21 años, me hace sentir la protagonista de mi propio cortometraje de serie b y de bajo presupuesto, pero soy la estrella y eso es lo importante. Como siempre he defendido la tolerancia y diversidad de lo géneros que a cada persona -y creo que nunca mejor dicho- se le cante escuchar, esta vez no es ni podría ser la excepción. Kevin Johansen dijo alguna vez que se consideraba un total ''desgenerado'' y ahí fue que encontré una adjetivo más para definirme. Totalmente. Y dice:
Los infieles / Aventura
¡Toma! directo, así, para que la crítica estalle. Pero esto tiene una anécdota linda. En este caso, la canción y el momento se presentaron iguales. Era mi ultimo fin de semana en Madrid después de 4 meses a-lu-ci-nan-tes y fui con mis amigos, qué amigos, mi ''familia madrileña'' :) a un bar de tapas... probablemente haya sido yo la única en reparar en que sonaba ESTA canción mientras yo intentaba terminar el segundo caipirinha y veía a mis amigos reír... sonreír :)
''Que nos perdone nuestro divino señor si cometemos un delito. Adán y Eva pecaron por tentación tu y yo no somos distintos''
*La parte menos sexual de toda la canción son esas dos líneas*
Quelqu'un m'a dit / Carla Bruni
Me demoré 5 minutos en escribir el título. Pero no importa si puedo recordar cada rincón de París que conocí escuchando esta canción cortita y hermosa. Debería estar prohibida tanta belleza en una ciudad.
''Me dicen que el destino se burla harto de nosotros que nos da nada y que nos promete todo Parece que la felicidad es al alcance, Entonces se tiende la mano y se vuelve loco''
Era tan guapa y tan niña / La canción de Cádiz
Recuerdo que en el piso debajo del mío, vivía una señor de más de 80 años que se llama Engracia, que me invitaba mantecados, me avisaba si se me caía ropa al patio de su casa, me prestaba ganchitos y lo mejor de todo, me pedía que la acompañe a ver la televisión... Una vez vimos la final del Concurso de Comparsas de Cádiz... esta fue la canción ganadora... no me la pude quitar de la cabeza hasta el día en que me fui... la tenía en mi mente con letra y música mientras estaba camino al aeropuerto y ahora cuando la escucho no solo me acuerdo de Engracia sino también del sol de Villaviciosa camino a la universidad, de las siestas, de la plaza, de todo...
''...y entendí que las musas no eran diosas divinas ni ninfas de cuento
que aquella noche tus celos me hicieron ver las musas eran de carne y de hueso''
Dame la razón / Marlango A quien corresponda y para interpretarla. Qué momentos esos los que se cree pasan desapercibidos y por el contrario terminan dejando una grande, feliz y extraña marca. Esta canción es para interpretar y el/los momentos, difíciles de explicar. Para muestra ni un botón ni nada... una canción que define TODO. ¿Alguien entendió?
''Dame puertas abiertas camas desechas, pasos perdidos, silencio en la piel''
Soy pecadora / Ana Prada
A pesar de que aún no termino de aceptarlas, se que tengo dos grandes partes: una que puede y quiere exponer luz y virtudes y otra que es oscuridad pero casi siempre es tonos grises. A veces me gusta creer que la malicia que tengo -como todos- es una característica que me hace interesante. Me gusta creerlo. Me envicia pensar que soy un alma a la que tienen y tengo que rescatar. Me di cuenta de esta canción en el momento preciso que me descubrí identificándome con partes de la letra. Si quiero ser precisa, me asocie a esta canción mientras caminaba para tomar el micro para ir a la universidad. En Lima, por supuesto.
''Soy pecadora... los santitos huyen de mi agenda Soy mala, madre de todos los pecados Las velas dudan si a mi altar echarle mano O con la excusa de un soplidito dejarme en la oscuridad''
No poder pasar ni un día sin pensar en Madrid es algo que
me persigue desde el momento que regresé. Todas las fotos, videos y recuerdos
me parecen de hace mucho tiempo, me cuesta estar segura de que todo lo vivido, lo viví precisamente yo y nadie más. ¿Cómo se puede tener la capacidad de ver,
hacer y sentir tantas cosas en tan poco tiempo? Todavía no me lo puedo
explicar. Los recuerdos, como diría Soledad, me parecen de otras vidas. No me
arrepiento de nada… tal vez solo de irme.
Y es raro, por ejemplo, no entrar en pijama a la universidad
después de haber pospuesto la alarma unas cuatro veces, tomar desayuno parada y
correr hacia al bus. También es raro no pensar durante las clases en quitar la
ropa del tendero porque en el diario han dicho que va a llover, no ir a hacer
la compra los lunes en la mañana, elegir qué prendas lavar y cuáles no, pensar
en el almuerzo, en pagar la luz y el agua. No sentir más la luz del sol estallándome en la cara en un asiento del bus 519 que atraviesa la Avenida Príncipe
de Asturias hasta la UEM escuchando un flamenco medio moderno que el conductor tararea de vez en cuando. Peor aún, no cerrarse bien el abrigo o acomodarse la bufanda y el pelo porque se
viene lo bueno: el 518. No quiero olvidarme de las
paradas para no despegarme totalmente de esa ruta feliz. Príncipe de Asturias,
Castillo de Villaviciosa, Campodón, Alcorcón, San Martín de Valdeiglesias,
Batán, Campamento, Paseo de Extremadura, Príncipe Pío, ramal hacia Opera…
caminar hasta Sol.
Es triste no estar con la que se volvió mi gente. Que no
haya más un viernes de encuentro en el oso de Sol, unos tragos en O'Connells y
después a lo que venga. Que no haya más un viaje de carretera. No estar en un
Starbucks planeando un itinerario parisino mientras las luces de la Plaza de
España se mezclan con las de Gran Vía. La brisa de los domingos en la mañana
antes de subir al metro. El tinto de verano, las tapas, los montaditos, las
señoritas de Montera, los locos de Plaza Mayor, los botes de Retiro, las
caminatas en Vallecas, la canción del Mercadona, el búho, los caballos de
Villaviciosa, los bostezos en la UEM, la puerta del hotel Carlos V, la puerta
del Petit Palace, las caminatas borrachas por Gran Vía, todas las risas y todos
los recuerdos. Todo lo cursi que es extrañar un lugar que, por más empalagoso
que suene, se metió en la piel.
Ahora no sé si podría
volver a Madrid… al menos no como turista. Es como una auto amenaza mental cada vez
que extraño esa ciudad: Si voy, no regreso. Tengo pocas cosas tan claras como
eso que acabo de decir. Simplemente lo sé y lo siento. Y aunque amo Lima por ser el
lugar donde nací, en ningún lugar he sentido la libertad interna y externa que en Madrid sentí
siempre. Hace un año que me fui. Y ahora siento que esos meses fueron algo así
como un cuento con acento español y manchado de tinto de verano. Pero eso, un
cuento. Hace un año que descubrí esa ciudad ''con su todo es ahora y su nada es
eterno''.
''... pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,
pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid,
pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid. Yo me bajo en Atocha''
El viento en la cara de una mañana en Madrid. Un sábado, un domingo. Los pasos, el pelo revuelto, el abrigo mal abotonado, las heridas en los pies, el frío, el desayuno improvisado en una esquina de Arenal. La tarjeta del metro que no sale de los bolsillos. El disfuerzo y el arrepentimiento después. Los ''nunca más'', los ''algún día'', lo que era suficiente y lo que faltaba. La noche amenazando de nuevo. Un viernes, un sábado. Los silencios y las decepciones. Los ''nunca más''. Los nuevos aires, el nuevo país. El frío destrozando huesos, los abrazos inesperados, el inicio... La canción, el olvido, bisous. El juego vuelve a empezar. Nuevos aires, las mismas personas. ''Nunca más'' pero ''algún día''... Palabras francesas, catalanas. Tiempo. Temps. Esos tiempos eran los tiempos... Temps era temps.
''Por esos tiempos yo andaba siempre corto de tiempo y nunca encontraba tiempo en ningún lugar.
Cabe decir que es tiempo de rememorar los viejos tiempos, aquella ciudad... Aunque no sea más que para decir que de tiempo en tiempo conviene recordar (...)''
Mi mamá siempre
me dice que me gusta la música de viejos. Y yo no sé cómo hacerle entender que
ni la edad ni la época de la música importa, sino que es la influencia y poder
que tiene para atraparnos y cambiarnos la vida. Joan Manuel Serrat cambió la
mía, por ejemplo. Serrat, ¿quién? Está bien si el nombre no les suena conocido.
No tiene por qué. Pero como es el protagonista de esta historia, es justo que
les cuente de él: Joan Manuel Serrat un trovador español que a mediados de los
60’s comenzaba una carrera que hasta ahora continua vigente. En todos los que
lo seguimos, claro. A mí me gusta desde que tengo 14 años. Lo descubrí y desde
ese momento no he podido alejarme de sus letras y su música. Tampoco he
querido. Sí, Serrat tiene más de 70 años. Es verdad también que la mayoría de
sus fanáticos son gente de la edad de mis padres o mayores. Pero eso jamás me
importó. Por eso cuando supe que llegaría a Lima para dar un concierto no dudé
ni un instante que iría a verlo. La primera fila no me fue suficiente.
Necesitaba algo más. Esta es la historia de la vez en que le dije a Joan Manuel
Serrat lo que realmente pensaba de él.
Es jueves. Son las siete y media de la mañana y no puedo creer que he
logrado despertarme. Veo la fecha… sí, 5 de diciembre de 2012: El día en el que
veré a Joan Manuel Serrat en concierto. Por primera vez. No puedo creerlo y me
vuelvo a tapar. Pienso: son muchas horas hasta las 8 de la noche. Pero hay algo
que debo hacer antes. Tiro la sabana y salto de la cama. Sí, hay algo que tengo
que hacer: entregar el correo, una carta para Serrat, una carta escrita por mí
en la madrugada con lapicero azul y sobre manila. Los pensamientos me costaron
mucho más:
Joan Manuel, jamás nos hemos conocido, es
geográficamente imposible por ahora. Pero, ¿Por qué? ¿Por qué me apasiono tanto
con tu arte? Es que no encuentro una razón sino varias y algunas que sé que
descubriré en todos los años que me quedan escuchándote. Es decir, hasta el fin
de mis días. Lo prometo. Perdona que te tutee, pero estoy interiorizada y sé
que no hay nada más personal que mi relación contigo, con tus canciones y tus
letras. Pero no sólo eso, me has dejado con un nudo en la garganta, con
lágrimas, con rencor, con esperanza, con duda, con la sensación de saber que
las letras de tus canciones son para mí y para nadie más, me has acompañado y
lo haces hasta ahora.
Después de salir de la cama, es
el momento de cambiarme: me decido por un polo azul, jean, casaca negra y unas
zapatillas por si hay que correr. Entonces emprendo el recorrido. Después de 1
hora llego al hotel Westin en San Isidro, su sola puerta ya me intimida. Pero
no importa. Tengo las ganas y sobre toda una carta ya algo arrugada por el
viaje en el fondo de mi bolsito marrón. Camino unos 16 pasos. Sí, los he
contado. De pronto siento que mi ropa no es la más adecuada. Me lo acaba de
confirmar la chica en taco 12 y blusa blanca inmaculada que pasa a mi costado.
Frente en alto, postura recta y actitud despreocupada. Parece que no soy muy
buena actriz. El vigilante me detiene en el preciso momento en que intento
cruzar hacia el glamoroso mundo Westin International Hotel.
Disculpe, señorita, viene a la Conferencia del Ministerio del Interior?
– me dice el hombre de verde.
Sí – respondo inmediatamente y sin pensar.
¿De qué medio es? – me pregunta mientras revisa una hoja con varios
nombres escritos.
-La República – respondo por inercia.
Pasan unos cuantos segundos hasta que por fin me dice:
-Entre, vaya de frente al pasillo y doble a la izquierda.
-Gracias – digo y pienso: Lucia, acabas de suplantar a un periodista de
La República al que probablemente ya no dejen entrar.
Me remuerde la conciencia solo por un momento. Luego pienso en lo mal
que lo pasé cuando un año antes habían cancelado un concierto de Serrat en Lima
dejándome como una quinceañera sin fiesta. Recuerdo haber llorado todo el día.
Y entonces supe que esto era algo que me debía, que era una asignatura pendiente
después de mucho soñar con decirle a Serrat todo lo que significaba su música y
el para mí.
Joan Manuel, quiero decirte quetus canciones pueden, como ves, reponerme si quieren y al mismo tiempo
destruirme. ¿Sabes cuál fue tu última travesura? "Entre un Hola y un
Adiós" Entendí que era una carta abierta. Y lloré escuchándola. Lloré
viendo una pantalla. ¿Cómo explicártelo? Eres lo máximo, lo más genio, lo
absolutamente genial. Qué profundas pueden ser tus palabras aunque se oigan
temblorosas en tu voz. Qué gran fiesta es tu arte. Por hoy, y en esta carta, no
habrá gloria a Dios sino gloria a ti. Que el sol no te dé la espalda, y si lo
hace que sea para que la luna admire tu grandeza más de la que tú la admiras a
ella.
Después de haber despistado a la
seguridad del hotel, perderme y terminar buscando la salida de la Sala de
Recepciones C, estoy de nuevo en el vestíbulo en busca de la recepción. Veo un
módulo, me acerco y me uno a la fila. La cola hacia la recepción es un panorama
bastante peculiar. Básicamente, dos hombres en terno, la chica de la blusa
inmaculada y yo. Digamos que en la jerarquía de atuendo iba yo de última. Y en
la cola también. He de llevarlo con dignidad. Después de veinte minutos me
encuentro frente a frente con la recepcionista que me mira como a una tachuela.
-¿En qué puedo ayudarte? – me pregunta…
-Hola, eh… tengo una carta – digo mientras saco el sobre de mi bolsito e
intento plancharlo con la fuerza de mi mano sobre mi jean.
-oook, ¿Para qué número de habitación es y quién la envía?
-Mira, no sé qué número de habitación es pero sé que Joan Manuel Serrat
está hospedado aquí y sé que es difícil pero sería muy importante para mí que
pudieras hacer que le llegue esta carta.
-Voy a hacer todo lo posible para que le llegue. No te preocupes –me
dijo la recepcionista con una sonrisa tierna.
Fue el momento en el que la frase ‘’las apariencias engañan’’ actuó a la
perfección. La recepcionista ya no me miraba como a una tachuela sino como lo
que era, una fan que no entiende de razonamientos lógicos. He dejado la carta y
aunque no sé con certeza si Serrat la leerá o si sabrá de su existencia, me
siento satisfecha de haber hecho lo que quería.
Regreso, entonces, a mi casa a deshojar horas como si fueran margaritas.
Cada vez falta menos para el concierto y yo casi no tengo uñas. Intento
despejarme pero no puedo. Cuando se está a punto de cumplir un sueño y sabes
que vas a cumplirlo, todo se resume en eso. Y cuando por fin llega el momento
de salir de casa hacia el recital, no sé ni siquiera cuál será mi reacción
cuando lo vea. Mientras pienso en ello me pongo el polo que mandé a estampar
con la frase: Serrat eres único y me pongo incluso más nerviosa.
Te confieso, Joan Manuel, que no sé qué haré cuando te vea. Tendría que
estar en ese momento para saber realmente qué sentiría. De verdad quiero ese
momento. Lo necesito. Te digo que he aprendido muchas cosas contigo. ¿Ya lo
dije? Lo digo de nuevo. Aprendí, con tus canciones y contigo, a saber que todo
infortunio esconde alguna ventaja, que por más que nos coloquen el listón hay
que saltar con la intención de ser felices, sobre todo, que sin utopías la vida
solo sería un ensayo para la muerte. Estaré en la primera fila de tu
concierto en Lima con un polo que dice: Serrat, eres único. La loca de la carta
soy yo.
Llego al Jockey Club como si
llegara a mi boda. Percibo las miradas directas hacia mi polo y su frase.
Siento algunas sonrisas. Me siento orgullosa. Camino hasta mi lugar y trato de
entender la realidad: estoy sentada en la primera fila y solo faltan 30 minutos
para poder ver por fin a Joan Manuel Serrat. Ahora que repito todo eso en mi
cabeza, parece más bien fantasía. Estoy nerviosa y ansiosa. Las luces se apagan
de pronto. Suenan bajos, baterías, trompetas. Una intro que da la impresión de
ser breve pero a mí me parece eterna. Las luces blancas empiezan a cegarme un
poco. Pero no lo suficiente. Y ahí está. Joan Manuel Serrat camina hasta el
centro del escenario y yo tengo las mejillas empapadas de lágrimas. Todas las
personas a mí alrededor me miran pero yo no puedo parar. Camina, canta, baila,
sonríe, se calla. Lo tengo al frente y no puedo creerlo. Las canciones siguen
una tras otra y con ellas continúa la utopía que vivo.
El concierto ya está por terminar. Serrat, quien ha compartido dos horas
de concierto con Joaquín Sabina empieza a despedirse de la gente. Sabina se
coloca en la parte del escenario más cercana a mí. Me ve. Ve mi polo y su frase
y me hace un ademán. ¿y para mí? Parece que me preguntara. Yo lo miro y le sonrió.
Sabina se voltea y llama a Serrat hacia su lado. Me estremezco. Sabina me
señala y le enseña mi polo. Serrat me ve, sonríe, forma una carta con las manos
y hace el gesto de estar leyéndola. Empiezo a llorar. Él me manda un beso volado y leo en sus labios:
Gracias. Sueño cumplido. Tengo las sensaciones más bonitas e indescriptibles,
es como si todo se hubiese iluminado. Y pensar que unas horas antes creía que
todo esto era imposible.
Joan Manuel, la madrugada en que escribo esto
nos dice que llegó el final, qué bueno que aunque sea por una noche se olvidó
que cada uno es cada cual, que es casi imposible que llegues a leer esto algún
día. Pero como dije hace unas líneas, existen las utopías y sin ellas, no me
habría atrevido a escribir esto. Solo me queda agradecer porque estás conmigo
cada vez que escucho tus canciones, porque aunque tú no lo sepas, me conoces
mucho. Gracias por existir. Es muy grande el mundo y demasiados los que te
seguimos. Pero continúo. Gracias porque siempre puede ser un gran día, porque son tus
versos el mejor lugar del mundo donde puedo estar.
Compré el libro en el aeropuerto de Madrid después que me enterara que el avión de Iberia en el que regresaría a Lima, no tenía pantallas en los asientos para ver películas, escoger música o hacer cualquier cosa que hicieran menos pesadas las interminables doce horas de vuelo. Casi llegue a la mitad en las primeras cinco horas y eso que es un libro bastante grande. No podría decir que me parece literatura excepcional pero es un libro que se lee bastante rápido, es ligero, fácil pero sobre todo: adictivo. Es más, acabo de comprar, esta vez en Crisol, la segunda parte. Pienso que debí comprar directamente la tercera parte también pero no lo hice porque espero tener mucha más vida que fantasear con los juegos sexuales de un millonario.
Había escuchado mucho de este libro, había escuchado que las mujeres estaban locas, que era un bestseller, que se está filmando una película y mil cosas más. No me intereso hasta que empecé a leerlo. Es entretenido y es medio tabú. Me daba vergüenza leer algunas partes, supongo que soy demasiado ''vainilla'' (sólo para entendid@s).
Me pregunto si esa vergüenza o ganas de seguir leyendo será porque tengo un poco de Anastasia Steele. La verdad es que creo que TODAS tenemos algo de ella y que, masoquistas como somos las mujeres, nos encantaría tener un Christian Grey, no tanto por su lado maniático sexual sino porque queremos alguien que juegue ''hard to get'' o algo así, alguien a quien cuidar, tal vez, alguien a quien descubrir y de paso descubrirnos nosotras mismas.
Por ahora, empezaré en unos minutos con la segunda parte. Espero que no me de tanta vergüenza. Más que crítica de libros, una mujer explicando qué sintió. ''Laters, baby''
''Y así fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir
que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor''
Estoy a tres días de tomar un avión de regreso a Lima y tengo demasiadas sensaciones que me cuestan mucho explicar. No quiero irme de Madrid. Pero quiero regresar a Lima. Es raro, es casi una frase de Arjona. Pero es la verdad. Siento que me va a costar muchísimo volver a adecuarme al ritmo de vida que tenía en Lima. Europa es otro mundo, yo misma me convertí en otro mundo (más bien en otra) cuando llegué y me encanta. He cumplido 21 años acá y la chica engreída que no sabía hacer nada se quedó en el Jorge Chávez, ahí debe seguir medio destruida. Cuatro meses no es mucho tiempo, pero si los vives intensamente como yo los viví se convierten en los mejores.
Nada de esto me habría pasado si no fuese por mi prima Jessica que ha sido mi incondicional en esta aventura que ni en sueños me imaginé atravesar. Jamás pensé que llegaría tan lejos en un avión y un día cualquiera estaba tomando una limonada con mi prima en Gran Vía. Gracias a ella conocí todo lo que conozco ahora y a las personas increíbles que creo que conozco y espero seguir conociendo y así ''arjónicamente''
Madrid se ha convertido en mi segunda casa, mejor dicho en mi segundo depa. Me aseguraré de nunca olvidar todo lo que pasé aquí y aunque muero de pena por regresar, me emociona saber que la chica que llegará a Lima es otra por completo. Voy a volver, ciudad.
Probablemente y si me asalta, Laura cuente con más detalles las historias que pasaron. A veces parece que mediante ella puedo explicarme mejor. Pero dejando de lado supuestos y promesas, quiero decir que han sido los mejores cuatro meses de mi vida y que ''Madrid, Madrid, Madrid, desde este momento, se piensa mucho en ti''
Hace más de un año, una amiga me dijo: si lo piensas mucho jamás lo vas a hacer. Ahora entiendo que eso aplica con todo. Yo decidí usar esa frase como la motivación y determinación para terminar de tomar la decisión que había estado pensando desde hace mucho tiempo: hacerme un tatuaje.
Sentía que era algo que tenía que hacer, no como una obligación o castigo sino como una manera de recordar estos alucinantes cuatro meses que he vivido en Madrid... a mis amigos, el dolor, la alegría y el desconcierto que era o es lo más bonito de todo. Además, honrar a la persona que inspiró totalmente este tatuaje: mi mamá. Fue ella la verdadera autora.
Me lo iba a hacer en Madrid. Eso estaba decidido desde hace más o menos un mes. No sólo porque no tendría la presión de mis padres sino porque me fascinaba la idea de marcarme en la piel las sensaciones, percepciones, lo que he visto, lo que he pasado... recordar para siempre la primera vez que me sentí independiente, que fui adulta y que tomé una de las primeras decisiones importantes de mi existencia, tener algo para siempre y lo mejor, no era un dibujito sin importancia sino una palabra que abarca cosas que sé me servirán para toda la vida.
Me marqué el último domingo 1ro de Diciembre en una tienda de la calle Montera en el centro-centro de Madrid. No estaba nerviosa porque estaba segura pero sentía miedo por el potencial dolor que iba a sentir, yo que tengo menos resistencia que un bebé recién nacido. Estaba un poco asustada, sí.
Me tatuó Alex, un hombre calvo, musculoso, blanco y no-español por el acento. Me dijo que me echara y que no me iba a doler nada. No le creí, pero ya estaba ahí. Me calcó la palabra y a los dos segundos empezó el tssss de la pistolita, se me encogió el un poco el corazón y sentí la aguja en mi piel. Me dolió un poco, sobre todo cuando se quedaba en un solo lugar repasando la forma. Pero no fue, definitivamente, el dolor indescriptible que yo esperaba.
15 minutos después de haber estado echada, ya tenía el tatuaje que había soñado. Yo temía verlo y que no me guste pero felizmente no fue así. Es más, mis dos primeras palabras fueron: me encanta. ''Tiempo'' fue lo que elegí. Porque es lo que me ha ayudado a estar tranquila, a estar mejor. ''Temps'' porque significa lo mismo en catalán, lengua en España que ha sido mi casa estos cuatro meses y en francés, porque la única vez que fui a París, confirmé que es la ciudad más hermosa del mundo y un sueño hecho realidad.
Si lo seguía pensando, no lo iba a hacer nunca. Pasa con el tatuaje, pasa con todo No me arrepiento y sé que cada vez que que lo vea, en alguna situación triste o difícil, recordaré que eso, el ''tiempo'' es lo que nos curará a todos, que todo pasa, que el tiempo es lo mejor que tenemos.
''Camino por Madrid en tu compañía, Mi mano en tu cintura, Copiando a tu mano en la cintura mía. A paso lento, como bostezando, Como quién besa el barrio al irlo pisando, Como quién sabe que cuenta con la tarde entera, Sin nada más que hacer que acariciar aceras. Y sin planearlo tú acaso, Como quién sin quererlo va y lo hace, Te vi cambiar tu paso, Hasta ponerlo en fase, En la misma fase que mi propio paso''
Hoy mi blog cumple 100 entradas publicadas y mañana la autora del mismo cumple 21 años. Dejaré de hablar de mí en tercera persona porque me pone nerviosa. Con respecto a las entradas diré que me viene gustando mucho escribir sobre lo que me apetezca en este espacio y sobre todo, mantener una constancia que nunca había tenido con nada. Desde que lo creé, jamás quise que este blog se convierta en una revelación, proclamarme la nueva ''soltera codiciada'' a convertirlo en fuente insaciable de periodismo. Yo quería contar cosas y hacer identificar, de ser posible, a las personas que me leyeran, conmigo, con lo que me pasaba y lo que pasaba en general. Aún me cuesta creer siquiera que una sola persona me lee. Intenté empezar con noticias, qué se yo, sucesos mundiales y por razones inevitables, terminé escribiendo sobre temas muy personales. Casualmente esos posts fueron los que más vistas tenían. Buitres :)
En cuanto a mis 21 años, decir que cumplo a muchísimos kilómetros de mi casa, lejos de mi familia y sin mucha expectativa al respecto. No sé si será un día feliz o triste, lo cual ya es algo raro porque siento que será un día más y en Lima, mi cumpleaños siempre ha sido grande, un día igual de raro pero lindo. Veintiún años. Legalmente legal en todo el mundo. ¿Qué se supone que debería hacer? ¿empezar a preocuparme porque no tengo un trabajo? ¿atormentarme porque sigo (y pienso seguir) viviendo con mis padres? no sé. Por ahora, en horario español, acabo de cumplir 21 años y estoy en una de las ciudades más hermosas del mundo. No quisiera saber más. Ni siquiera sé qué es lo que pasará en lo que queda del día. Estoy viviendo un sueño. Mi regalo de cumpleaños empezó hace tres meses. Paciencia. Tiempo. Fortaleza: todo lo que tengo con tan poquitos años lo agradezco y para descubrir lo que falta, seguramente quedará 100 posts más.
''...y en esas noches de luna
donde los recuerdos son puñal
me abrazo a mi guitarra
y canto fuerte mis plegarias
y algo pasa, pero ya nada me hace llorar''
El Metro de Madrid cuenta con 238 estaciones, de las cuales 200 son sencillas, en 27 trasbordan dos líneas y 10 tienen parada tres líneas. Si se tienen en cuenta las líneas que pasan por cada estación la cifra
de estaciones en total asciende a 300 estaciones en línea. La red la componen 12 líneas convencionales con 238 estaciones, el ramal que une Ópera y Príncipe Pío y las tres líneas existentes metro ligero que suman un total de 27,78 km y cuentan con 38 estaciones, de las que Metro de Madrid opera las 9 paradas de la línea ML1 de 5,4 km; la longitud total de la red es de 293 kilómetros.
Es la segunda red de metro de la Unión Europea por kilómetros (sin contar el Metro Ligero) y la sexta del mundo después de Shanghái, Londres, Nueva York, Tokio, París y Moscú.
Fue además una de las que más rápidamente se expandió entre 1995 y
2007. Durante 2011 se contabilizaron 634,5 millones de desplazamientos.
Sería una casualidad o tal vez una alineación repentina de planetas que Laura y ese músico inoportuno se cruzasen. Entonces sucede así:
Es un jueves cobarde más. Son casi las nueve de la noche y Laura se arrastra desde la universidad hasta el metro de Gran Vía para llegar, unos treinta minutos después (si todo sale bien) hasta su piso en las afueras de Madrid. Antes de adentrarse en la boca calurosa del subterráneo, se detiene en seco, gira la cabeza y piensa: Tirso de Molina, Sol... ¿me queda tiempo para comprar esa frazada? No, El Corte Inglés está cerrado.
Otra noche de frío más. La calefacción o no funciona o es demasiada tecnología para la inexperiencia limeña de Laura en esos aparatos. Resignación. Entra al tren, se acomoda la bufanda, busca en sus bolsillos la tarjeta y quedan dos trasbordos más por hacer. El viaje cada vez se hace más y más rutinario. El grupo de amigas que, como ella, regresa de la universidad. Deben vivir en La Moraleja, piensa Laura, por los bolsos Channel, la mujer con un bebé en brazos y el coche aparcado frente a ella donde fácilmente podrían entrar tres personas más, las mujeres con burka de rostro triste y desolado pero con bolsas de Prada, Carolina Herrera y Louis Vuitton, la pareja que no puede dejar de tocarse al lado de unos incómodos pero adorables viejecitos, el hombre en traje que regresa a casa con el semblante cansado, turistas con mapas y mochilas enormes, no turistas sino más bien inmigrantes y un peruano. Laura lo reconoce. Es fácil reconocerlos. Estando fuera uno va descubriendo cómo es.
La voz que indica la llegada a la nueva parada interrumpe la reflexión. Las puertas del tren se abren, sale y entra gente. Laura da un bostezo largo y tras ello, cruza miradas con un joven con guitarra que se dispone a cantar y, si la gente no es tan indiferente, recoger unos eurillos. Algunas personas lo miran, otras siguen en ellas mismas. Presentación respectiva. Cómo en Lima, piensa Laura, sólo que con un acento que más que acento es aZento y empieza. No. Directo al recuerdo, a esa parte que quería alejar. La canción esa es dolorosamente conocida. Es más, Laura, la ha escuchado por primera vez en cuatro años y un remolino de palabras, miradas, excusas y razones llegan y disparan en su cabeza. De pronto el espacio se hace más pequeño, de pronto hace más calor. Todo se vuelve insoportable, insostenible ya. Laura mira hacia todos lados. ¿Cuánto falta para llegar? ''... que tengo miedo y no tengo donde ir''.
Los espacios instrumentales son los más jodidos. Laura siente cómo sus ojos se contraen. ¿O eran lágrimas? No importa. Qué perra la casualidad. Un segundo más y ella no tomaba ese tren. Una ruta más, un paso menos, dos movimientos diferentes y ese músico estaría en un tren con destino al barrio de Chueca, no asfixiando a Laura que no puede dejar de mirar fijamente al jóven. Ya. Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, ¡Tribunal!. El músico pide dinero mientras ella lo esquiva para poder escapar del metro. Deshaciendose de la bufanda, se anima a si misma frotándose los ojos. Queda un trasbordo y a las afueras, donde deberían quedarse todos los recuerdos hasta que ya no duelan más.
''Mañana cuando despiertes
estaré lejos sin ti
No creo que pase nada
de otras peores salí
Si acaso no vuelvo a verte
olvida que te hice sufrir
No quiero si desaparezco
q
ue nadie recuerde quien fui
Agárrate fuerte a mí, María
Agárrate fuerte a mí
que esta noche es la más fría
y no consigo dormi''
Cómo podemos querer estar de una manera todo el tiempo. O mejor, cómo es que queremos quedarnos así para siempre. ¿Así? así como cuando te diviertes, cuando tienes a alguien a tu lado abrazándote, cuando sientes que eres la única persona en todo el mundo, cuando no tienes que darle explicaciones a nadie, cuando todo empieza de nuevo, cuando no hay que hacer promesas (aunque por un lado quieres que las haya) cuando todo vuelve a ser desconocido, cuando respiramos sintiendo otro respiro.
Son momentos. Porque un estado tan bonito no sé si de felicidad o hasta casi levitación no es algo constante. Eso sería surreal. Eso sería no vivir realmente, sería flotar y nunca pisar tierra. Y como estemos, donde estemos, con quien estemos, es que queremos en verdad flotar, no vivir con todo lo dificil que significa hacerlo. No quisiera ser demasiado directa. No quisiera simplemente decirlo. Espero que se entienda lo que quiero decir y si no, es porque soy demasiado mala escribiendo o demasiado ''máscara'' como para revelar lo que en verdad quiero gritar.
Es eso, pues, cuando estar ''así'', lo que sea que signifique ''así'', cómo usted quiera quedarse y con quien quiera sin ninguna intención de cambiar ni de despertarse ni de levantarse ni de moverse ni de ver luz ni de entender ni de nada. Sólo ''así'' horas, horas, horas, ''colgados como dos computadoras''
''... el verano acabó el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno, y a tu pueblo el azar otra vez el verano siguiente me llevó, y al final del concierto me puse a buscar tu cara entre la gente...''
No tengo mucho que escribir hoy. La verdad, aquí en España tengo más que vivir. Algún otro día, en algun otro mes o en otro año, seguramente, volveré a ecribir lo que me pase, por ahora sigo procesándolo. No diré que ha sido fácil, de hecho cuando venía para Madrid en el avión desde Lima, lloré aproximadamente 7 horas de las 12 de vuelo. Nunca me había sentido tan desorientada en toda mi vida apenas pisé el Aeropuerto de Barajas. Como vengo diciendo, siento que estoy en otro planeta. Haciendo cosas que jamás imaginé que haría ni podría. Es genial, no mentiré.
Puedo decir, pudiendo ser totalmente malinterpretada, que estudiar aquí tal vez no sea la razón principal por la que vine aquí sino para aprender a ser yo y a vivir como si siguiera siendo la misma Lucia que se quedó en Lima. Confieso que no creo que seamos las mismas. Esa niña que apenas sabía como lavar un plato se quedó allá. Acá he aprendido desde cosas domésticas hasta cosas sobre mí. Y solo tengo tres semanas acá. Llegué queriendo regresar y estoy como para no volver. Disculpando lo ''arjónica'' que puede haber sonado esa frase.
Como toda adulta, he empezado a tramitar servicios y demás. Por lo tanto, no tengo internet hasta el lunes. Eso era básicamente lo que queria decir. Tengo que acordarme de todos y cada uno de los días en que tengo que pagar mi abono de transporte, el celular, la luz, el agua, el internet y tantas cosas que en Lima para mi pasaban levitando, sin sentirlas.
No sé quién soy completamente en esta hermosa, bellisima y extraña ciudad, pero sé lo que no soy. No más la llorona ni indecisa. Ahora cada vez que siento que estoy siendo ''llorona'' me río un segundo después. La verdad, me río y sonrío cada vez que miro a mi al rededor. I'm living in MADRID!
''Qué más quisiera que pasar la vida entera como estudiante el día de la primavera''
La nueva canción de Katy Perry es WOW. (Si no escucha Katy Perry porque le parece ''comercial'' y sus gustos están ''más allá''; digamos, en música que nadie más que usted conoce y no puede siquiera abrir un poco la mente a cosas nuevas, entonces su vida es aburrida. En realidad, sólo le pido una oportunidad, dele un chancecito a Katy). Estaba un poco reacia a su nuevo disco porque vi las primeras fotos y no me parecio la Katy Perry de siempre. O sea, ¿dónde está el brillo, los cupcakes, lo vintage, el pelo azul, morado, celeste, las california girls? La verdad, estaba ella más natural y luego entendí que a veces, no sé, imagino, los cantantes o performers llegan al tope de ellos mismos o de lo que nos enseñan y necesitan producir material mucho más personal. Creo que PRISM, el nuevo disco de Katy Perry es algo así. Como el ADONDE VAYAS de Soledad Pastorutti, espero estarme dejando entender. La música, creo, se trata de eso: una mezcla de todos los gustos, los más incoherentes. ¿Buena música y mala música? ¿Según quién? Por favor.
Por eso es que no sólo hay Sabina, no sólo hay Serrat y tantos otros. Hace algunas semanas decidí a empezar a escuchar a Chris Brown, Kanye West, Frank Ocean, The Saturdays y Alma Bella, sí, son geniales las chicas, la cumbia peruana ee parece muy bonita. No me arrepiento de ninguno de los que acabo de nombrar. Son muy buenos. Pero antes no lo creía, descartaba cualquier cosa que se relacione con raperos estadounidenses, sus cadenas de oro, sus videos y canciones que me parecían las mismas. No es tan así y fue por aquella rendija que se abrio un poco en mi cabeza para invitarlos a pasar.
Me salí un poco del tema. La protagonista era Katy Perry y ROAR, el single que promociona su nuevo disco. Como decía, ROAR es WOW. Tiene una melodía que levanta al muerto más muerto y la letra es un inyecte de energía girl power tal vez que sólo recuerdo haber escuchado en las Spice Girls:
I used to bite my tongue and hold my breath
Scared to rock the boat and make a mess
So I sat quietly, agreed politely
I guess that I forgot I had a choice
I let you push me past the breaking point
I stood for nothing, so I fell for everything
Y se pone mejor. ¡Hay que escuchar! y si no es Katy Perry, tal vez alguno al que no se haya atrevido a oir por tantas razones que sólo usted sabe. Y recuerden, una humilde opinión, la buena música debe ser la que produzca y hasta eleve sensaciones, recuerdos, risas, las que sea, la buena música no es la que lo hace alardear y creerse superior.
I got the eye of the tiger, the fire
Dancing through the fire
‘Cause I am a champion
And you’re gonna hear me roar
Louder, louder than a lion
Hace un tiempo lloraba por los
rincones, no comía, no dormía, me cuestionaba todo, alimentaba rencores, me
olvidé de mí, me lamentaba y arrepentía. Incluso, algunas veces, ni siquiera
sabía hacia dónde ir. Podía estar parada y despierta sin tener real consciencia
de lo que pasaba a mi alrededor. Podrá parecer gracioso o preocupante. La cosa
es que fue real. La recuperación post-ruptura no es fácil. Menos si ya de por
sí, es usted un pequeño monstruo llorón e inestable, como yo.
Pero cuando pasa el tiempo, ese
invento tan divino y fortalecedor que sólo sabe enmendar y fortalecer, uno va
adaptándose a la idea. No importa qué tan triste o deprimido se pueda estar,
cuando nos hallamos en lo más hondo, sólo queda subir. No hay otra opción. El
tiempo es como viento, es aire que va haciéndose más refrescante conforme pasan
las horas, los días. Casi sin percibirlo, nuestras sensaciones, pensamientos y
sentimientos, comienzan a curarse y a crecer de nuevo, casi como los huesos,
porque se hacen más fuertes. Nos cambian.
Es en ese momento que nos damos
cuenta que aquel suceso tan destructivo, en realidad nos ayudó de diferentes
maneras. Siempre dependiendo de cómo llevamos el proceso. El mío fue más o
menos así: depresión severa-depresión-tristeza-melancolía-extrañeza-altos y
bajos-tranquilidad. Un poco de brillo solar después de una garúa abundante y
molesta. Todo esto, que para mí fue algo muy duro, me ayudó increíblemente. Me
permitió muchas cosas y me cambió en tantas otras que ahora agradezco. Como un
inventario, como para darme una auto-felicitación porque gracias al tiempo y a
aprender de los malos tiempos…
No me preocupo por todo. No soy insegura ni celosa. Me siento bien Paso más tiempo con mi familia y descubro que ese es mi verdadero y mejor lugar Conocí a un hombre, a un amigo, a un cómplice Me siento adulta Me siento fuerte Encuentro y confirmo lo que quiero Pruebo nuevas cosas Baje kilos por la depresión y ahora hago pilates todos los días, no tomo y 0 grasas. Me volví positivamente vanidosa No tengo miedo No soy aprehensiva Me he vuelto repentinamente más ubicada y puedo caminar sola, ir donde quiero No me persigo
Y tantas otras cosas más que me
gustaría pero no deberían seguir y estar en tremendo alarde. Es fascinante.
Trató de imaginare a la "yo" de hace un año y siento que es otra
persona pero definitivamente no es la Lucia de hoy, 27 de junio de 2013, ni de
ayer ni de hace algunos meses ya. A veces digo que esa era una niña y me avergüenzo
hasta de recordar mis actitudes anteriores. Si lo que me pasó hizo que esa niña
engreída, insegura, posesiva e inestable se debilite hasta casi desaparecer,
entonces sé que no todo estuvo mal. Pero hay algo que también supe y no
mencioné porque tal vez es el eje de todo eso que nombré. La lección más
importante. Descubrí que soy valiosa, que no soy una mala persona y que me
esperan cosas mejores. "Dio no te da más de lo que puedes soportar",
me decía mi mamá. Es verdad y encima de todo, puede ayudarte a ser cada vez la
mejor versión de ti que quieras ser. El remedio: el tiempo. El método: se va descubriendo.
"You have to do everything you can, you have to
work your hardest and if you stay positive, you have a shot at a silver lining"
Silver Linings Playbook (2012)
''Cuando la impotencia
no te deja respirar
o
cuando el río se seca cuando
entierras a alguien y sabes que nunca más cuando
al fin la casa se hace vieja
Pero
hay algo hermoso en tus ojos y en luchar y en
sentirse bien sí se gana, tu ilusión es todo lo que tienes amor tu
ilusión y estas cinco palabras Yo sé
que te aliviará
Y si no podés y
necesitás y si
hay que correr un riesgo que te haga daño fly
away, fly away hasta que vuelvan las luces''