Pensé que me había curado, que el
hecho de haber pasado 4 meses lejos de mi casa y sus comodidades, había sido
suficiente para decidir establecerme –por el momento- en mi ciudad, mi país y
lo de siempre. Pero no, una vez que dejas el nido, volver a él se convierte en
una acción tan rara y desesperante que las alas comienzan a alborotarse de
nuevo. Hay que salir, conocer, ¡volar! ¿Qué puede volverse adictivo? Sí. ¿Qué
es una dulce condena? Absolutamente. Porque viajar es algo que recompensa mucho
más de lo que hace gastar. Viajar es… no sé…
Viajar es creer que lo tienes todo claro y que nada salga
como la planeaste
Viajar es tener incertidumbre, vivir emocionado
Viajar es despedirse pero también reencontrarse
Viajar es respirar nuevos aires
Viajar es hacer escalas de horas
Viajar es dormir en aeropuertos
Viajar es revisar plata y pasaporte cada 30 segundos
Viajar es descubrir el metro
Viajar es tal vez nunca usar taxis
Viajar es ir a la oficina de turismo más cercana
Viajar es pedir un mapa
Viajar es pedir la contraseña del wifi
Viajar es conocer gente
Viajar es… quizás… enamorarse*
Viajar es no pensarlo mucho
Viajar es ir de bares
Viajar es caminar borracho
Viajar es vuelta abierta
Viajar es calor
Viajar es frío
Viajar es un barco, un avión, una lancha
Viajar es la playa
Viajar es quedarse en hostels
Viajar es compartir el baño
Viajar dormir con 6, 10, 12 personas
Viajar es… amigos
Viajar es crecer
Viajar es una adicción
Totalmente
''Yo no se de dónde soy, mi casa está en la frontera y las fronteras de mueven, como las banderas. Mi patria es un rinconcito, el canto de una cigarra.''
Ya tengo varias semanas a cuestas viviendo a la española y la idea de regresar me parece cada vez más absurda. Aún quedan muchas cosas por hacer y ciudades que visitar. Por eso es que estoy en el bus que me lleva de regreso a Madrid desde Segovia. Ha sido una visita corta de medio día. Es suficiente. Eso es lo bueno de España, pienso, todo está tan cerca que en un día puedes tachar una ciudad más del mapa. Y conocerla bien. Me queda una hora más de viaje hasta la estación. Quiero salir esta noche. Tengo que aprovechar las oportunidades. Vivo a media hora del centro de Madrid, en un pueblo que se llama Villaviciosa de Odón, donde nunca pasa nada, donde la emoción pasa por esperar el bus que me lleva hasta Príncipe Pío. Me lo merezco.
Esta noche hay que salir. No hay otra opción. Miro a mi alrededor: todos mis compañeros de viaje duermen. Mis amigos. La familia internacional que he hecho en este absurdo genial que viene siendo la experiencia en Europa. Supongo que nadie querrá salir hoy. A lo mejor proponen comer una pizza de 2 euros en Sol y eso es todo. No puedo permitirlo. Cierro los ojos porque el sol incandescente del atardecer me abruma. Ya los convenceré.
Llegamos a Madrid eso de las siete y media de la tarde. Salgamos, digo, vayamos de tapas, a bailar o a caminar borrachos por la Gran Vía. -¡Ya lo hemos hecho antes!-. Los convencí. Quedamos en encontrarnos en Sol, exactamente en el Oso y el Madroño, a las once de la noche. La amiga con quien el viaje se me hace más ligero me echa una mirada de esas que dicen ''vamonos'' sin hablar. Tenemos que tomar el metro y después el tren. Son casi 40 minutos hasta Vallecas. Pasan rápido cuando se conversa bien. El olor a hierbabuena me dice que ya llegamos. Este lugar tiene edificios y plantas, es tranquilo, familiar y podría jurar que hasta misterioso.
Mi amiga y yo cenamos paella congelada, vemos televisión un rato, nos cambiamos y casi como llegamos, caminamos de nuevo a tomar el tren, que está lleno de chicas y chicos en busca de marcha, algunos tienen botellas de trago en la mano o dentro de una bolsa. Todos gritan, se ríen. Cuando llegamos a Atocha, salimos todos como una manada en busca de juerga. Ahora a tomar el metro. La misma escena. Voy a extrañar mucho esto cuando regrese a Lima, pienso.
A. y yo nos encontramos con dos amigos más. Entre esos dos está S., el chico chileno que me gustó desde que lo vi en el Retiro el día que nos presentamos junto a todos los del grupo. Yo ya le había lanzado una flecha imaginaria. Unos cuantos coqueteos en Toledo pero ningún otro progreso más. Por el momento no me importaba. Girls just want to have fun.
Después de ir por algunos bares, decidimos entrar a una discoteca de música comercial, que es como le llaman a la música latina por aquí. El cuba libre que me sirven como cortesía termina de aniquilarme. Pero siempre he presumido de ser una borracha que recuerda más de lo que su casetera borra. Y esta vez no iba a ser la excepción. Bailamos cumbia, salsa, reggaeton, flamenco y todo cuanto nos pusieran. El chileno y yo nos apartamos del resto. Recuerdo una canción de Rafaella Carrá. ''Y si te deja no lo pienses más, búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar'' cantaba yo mientras atraía a S. hacía mi y él se reía. Era como si estuviéramos dentro de una licuadora llena de brillos y luces y besos. Qué frase tan precisa. -------------------------
Y de repente todo para mi es oscuridad. Me siento adormecida. Abro de a poco los ojos como si esperara ver a un monstruo. Ni siquiera sé dónde estoy. Estoy echada con las dos manos bajo la cabeza y de costado. Algo me impide abrir los ojos por completo. Sí, es el sentimiento de incertidumbre y la idea fugaz de un posible secuestro. Veo una cortina gris. No entra luz. Levanto un poco la cabeza. Ok, estas paredes no las conozco... este cuarto, definitivamente no es el mío. Mi mente va entendiendo un poco a la vez que comienza a espantarse. Giro a la izquierda hasta quedarme boca arriba. Estoy tapada. Por favor, por favor no, pienso mientras levanto la frazada y miro por debajo. Estoy en pijama. Esto es extraño. Volteó más hacia mi izquierda y ahí está él. S. O por lo menos su espalda. Siento que voy a estallar por la confusión. Me froto los ojos mientras me incorporo. Me quedo sentada y observo: mi ropa de la noche anterior está a un lado. De mi teléfono no tengo la menor idea. Me vuelvo a echar y me tapo la cara con las dos manos. ¿Qué hago acá? Me siento sucia, absurda, adulta. Quiero estar en Lima, en mi casa, con mis papás, tranquilita como un bebé. Pero no. Estoy en un piso que no es el mio y veo como en una esquina se arrincona la misma ropa que usé el día anterior.
No lo pienso más. Cojo toda mi vergüenza, me destapo y me paro. El piso de madera cruje con toda su fuerza. Lo odio. Miro a S. que sigue dormido. Por un momento pienso que esta imagen mía de pie y con mi pijama H&M es muy de película. La idea se me va cuando la pena regresa. Recojo mi ropa del suelo y salgo de la habitación. En el sofá de la sala está mi bolso. Me siento con las manos en las rodillas como si tratara de ordenar mi vida. Miro hacia la puerta del cuarto. S. no se va a despertar, pienso. Me quito el pijama en dos segundos y me pongo la ropa, sí, esa de la noche anterior y me quedo sentada un rato. Estoy como en shock cuando S. sale del cuarto. Tiene solo un pantalón de pijama puesto. Nos miramos un rato. Él sigue medio dormido.
-¿Qué haces aquí? -me pregunta
No le respondo. Solo encojo los hombros. Me tiende la mano como si me invitara a bailar. Y empiezo a recordar algunas cosas de la noche anterior como las risas y los bailes y la certeza de que a mi nadie me llevó ahí obligada. Me paro y voy con él. El se sienta en su cama y yo me quedo parada justo en frente.
-Me tengo que ir. El metro ya debe estar abierto -le dije casi sin pensar.
Él volvió a tomarme del brazo y me jaló hasta él. Quede sentada a su lado y nos abrazamos durante varios segundos. Esto ya no se siente absurdo. Esto se siente divertido y, por más vergüenza y gracia que cause, yo me siento audaz.
Me despido de él y salgo de su piso. En al ascensor intentó acomodarme el pelo y una vez que salgo del edificio me pongo el saco y mientras camino intento entrelazar mi bufanda en mi cuello. Manos a los bolsillos. Siento que todos me miran. El frío madrileño hace que trate de esconder la cara dentro de mi bufanda y guardar para mi la gran sonrisa que tengo. Pasan por mi cabeza todas esas escenas en que la chica sale con los tacos al hombro y arreglándose el vestido. Walk of shame. El paseo de la vergüenza. Esto no es para mí. Yo me siento bien. De repente siento la complicidad de la mirada de todos los que caminan a mi lado. Sigo caminando y el viento frío de Madrid me hace bien. No hay ningún arrepentimiento. Este es el paseo de la NO vergüenza. Vamos, chicas, ''la culpa es un invento muy poco generoso'' ¿y el tiempo? ''tremendo invento sabandija''.
''Ella sólo quería tirarse de la cama subirse a un caballo y mandar todo al diablo soñar con alondras, bailar en una gran salón no siempre el viaje era hermoso a veces veía unos monstruos horribles. que hablaban idiomas extraños y así despertaba en su habitación''
Hasta hace unos minutos, sabía que vivo pendiente de todo. Observo a las personas, su manera de hablar, de caminar, de comportarse, de reírse, de responder y actuar ante ciertas situaciones... todo. Y hace unos minutos también que fui consciente de lo egoísta que es esto para mí, porque no solo me dejo de lado sino también a mis ganas de hacer lo que se me cante.
No quiero herir... y nadie debería hacer cosas a consta del sufrimiento de otras personas. Pero mientras no sea así creo que me he ganado el derecho de ser buena conmigo, hacerme caso y dejar que las otras personas piensen lo que quieran, que ese derecho también lo tenemos desde que nacemos.
Si lloro es porque soy una maldita sensible. Porque siempre lloro y siempre soy sensible. Si a veces respondo mal es porque probablemente tenga un problema de control de ira. En serio. Si digo lo que digo es porque creo en lo que digo. Y lo suelo decir siempre pendiente... -solía-. Y ahora me dará un poco igual pero me aseguraré de no ofender a nadie. Si hago cosas por impulso -como le pasa a todos- es porque quiero hacerlo. De eso no hay duda. La impulsividad solo te empuja a lo que quieres sin temor y con consecuencias por las que debemos hacernos cargo después. Si quiero viajar, voy a viajar. Si quiero estar sola, voy a estar sola. Y si me siento sola -pero de esa manera melancólica- es justo buscar un poco de lío. Si me quiero ir, me voy a ir.
Y eso que ahora que lo termino parece un texto de auto-ayuda, es lo que acabo de decidir.
''Soy atracción de pasajero Mañana me olvidaran Y la historia sigue... Dame un momento Dame un lugar Se que si me voy, me voy, no vuelvo más''
Siempre o casi siempre asocio cada cosa que pasa con mi vida y mi mente a una canción. Vienen, no tengo que llamarlas... primero llega el momento y luego la canción o al revés, pero siempre pasa y es genial porque me hace sentir la protagonista de una película... vale, a mis poquitos 21 años, me hace sentir la protagonista de mi propio cortometraje de serie b y de bajo presupuesto, pero soy la estrella y eso es lo importante. Como siempre he defendido la tolerancia y diversidad de lo géneros que a cada persona -y creo que nunca mejor dicho- se le cante escuchar, esta vez no es ni podría ser la excepción. Kevin Johansen dijo alguna vez que se consideraba un total ''desgenerado'' y ahí fue que encontré una adjetivo más para definirme. Totalmente. Y dice:
Los infieles / Aventura
¡Toma! directo, así, para que la crítica estalle. Pero esto tiene una anécdota linda. En este caso, la canción y el momento se presentaron iguales. Era mi ultimo fin de semana en Madrid después de 4 meses a-lu-ci-nan-tes y fui con mis amigos, qué amigos, mi ''familia madrileña'' :) a un bar de tapas... probablemente haya sido yo la única en reparar en que sonaba ESTA canción mientras yo intentaba terminar el segundo caipirinha y veía a mis amigos reír... sonreír :)
''Que nos perdone nuestro divino señor si cometemos un delito. Adán y Eva pecaron por tentación tu y yo no somos distintos''
*La parte menos sexual de toda la canción son esas dos líneas*
Quelqu'un m'a dit / Carla Bruni
Me demoré 5 minutos en escribir el título. Pero no importa si puedo recordar cada rincón de París que conocí escuchando esta canción cortita y hermosa. Debería estar prohibida tanta belleza en una ciudad.
''Me dicen que el destino se burla harto de nosotros que nos da nada y que nos promete todo Parece que la felicidad es al alcance, Entonces se tiende la mano y se vuelve loco''
Era tan guapa y tan niña / La canción de Cádiz
Recuerdo que en el piso debajo del mío, vivía una señor de más de 80 años que se llama Engracia, que me invitaba mantecados, me avisaba si se me caía ropa al patio de su casa, me prestaba ganchitos y lo mejor de todo, me pedía que la acompañe a ver la televisión... Una vez vimos la final del Concurso de Comparsas de Cádiz... esta fue la canción ganadora... no me la pude quitar de la cabeza hasta el día en que me fui... la tenía en mi mente con letra y música mientras estaba camino al aeropuerto y ahora cuando la escucho no solo me acuerdo de Engracia sino también del sol de Villaviciosa camino a la universidad, de las siestas, de la plaza, de todo...
''...y entendí que las musas no eran diosas divinas ni ninfas de cuento
que aquella noche tus celos me hicieron ver las musas eran de carne y de hueso''
Dame la razón / Marlango A quien corresponda y para interpretarla. Qué momentos esos los que se cree pasan desapercibidos y por el contrario terminan dejando una grande, feliz y extraña marca. Esta canción es para interpretar y el/los momentos, difíciles de explicar. Para muestra ni un botón ni nada... una canción que define TODO. ¿Alguien entendió?
''Dame puertas abiertas camas desechas, pasos perdidos, silencio en la piel''
Soy pecadora / Ana Prada
A pesar de que aún no termino de aceptarlas, se que tengo dos grandes partes: una que puede y quiere exponer luz y virtudes y otra que es oscuridad pero casi siempre es tonos grises. A veces me gusta creer que la malicia que tengo -como todos- es una característica que me hace interesante. Me gusta creerlo. Me envicia pensar que soy un alma a la que tienen y tengo que rescatar. Me di cuenta de esta canción en el momento preciso que me descubrí identificándome con partes de la letra. Si quiero ser precisa, me asocie a esta canción mientras caminaba para tomar el micro para ir a la universidad. En Lima, por supuesto.
''Soy pecadora... los santitos huyen de mi agenda Soy mala, madre de todos los pecados Las velas dudan si a mi altar echarle mano O con la excusa de un soplidito dejarme en la oscuridad''
No poder pasar ni un día sin pensar en Madrid es algo que
me persigue desde el momento que regresé. Todas las fotos, videos y recuerdos
me parecen de hace mucho tiempo, me cuesta estar segura de que todo lo vivido, lo viví precisamente yo y nadie más. ¿Cómo se puede tener la capacidad de ver,
hacer y sentir tantas cosas en tan poco tiempo? Todavía no me lo puedo
explicar. Los recuerdos, como diría Soledad, me parecen de otras vidas. No me
arrepiento de nada… tal vez solo de irme.
Y es raro, por ejemplo, no entrar en pijama a la universidad
después de haber pospuesto la alarma unas cuatro veces, tomar desayuno parada y
correr hacia al bus. También es raro no pensar durante las clases en quitar la
ropa del tendero porque en el diario han dicho que va a llover, no ir a hacer
la compra los lunes en la mañana, elegir qué prendas lavar y cuáles no, pensar
en el almuerzo, en pagar la luz y el agua. No sentir más la luz del sol estallándome en la cara en un asiento del bus 519 que atraviesa la Avenida Príncipe
de Asturias hasta la UEM escuchando un flamenco medio moderno que el conductor tararea de vez en cuando. Peor aún, no cerrarse bien el abrigo o acomodarse la bufanda y el pelo porque se
viene lo bueno: el 518. No quiero olvidarme de las
paradas para no despegarme totalmente de esa ruta feliz. Príncipe de Asturias,
Castillo de Villaviciosa, Campodón, Alcorcón, San Martín de Valdeiglesias,
Batán, Campamento, Paseo de Extremadura, Príncipe Pío, ramal hacia Opera…
caminar hasta Sol.
Es triste no estar con la que se volvió mi gente. Que no
haya más un viernes de encuentro en el oso de Sol, unos tragos en O'Connells y
después a lo que venga. Que no haya más un viaje de carretera. No estar en un
Starbucks planeando un itinerario parisino mientras las luces de la Plaza de
España se mezclan con las de Gran Vía. La brisa de los domingos en la mañana
antes de subir al metro. El tinto de verano, las tapas, los montaditos, las
señoritas de Montera, los locos de Plaza Mayor, los botes de Retiro, las
caminatas en Vallecas, la canción del Mercadona, el búho, los caballos de
Villaviciosa, los bostezos en la UEM, la puerta del hotel Carlos V, la puerta
del Petit Palace, las caminatas borrachas por Gran Vía, todas las risas y todos
los recuerdos. Todo lo cursi que es extrañar un lugar que, por más empalagoso
que suene, se metió en la piel.
Ahora no sé si podría
volver a Madrid… al menos no como turista. Es como una auto amenaza mental cada vez
que extraño esa ciudad: Si voy, no regreso. Tengo pocas cosas tan claras como
eso que acabo de decir. Simplemente lo sé y lo siento. Y aunque amo Lima por ser el
lugar donde nací, en ningún lugar he sentido la libertad interna y externa que en Madrid sentí
siempre. Hace un año que me fui. Y ahora siento que esos meses fueron algo así
como un cuento con acento español y manchado de tinto de verano. Pero eso, un
cuento. Hace un año que descubrí esa ciudad ''con su todo es ahora y su nada es
eterno''.
''... pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,
pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid,
pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid. Yo me bajo en Atocha''
En las películas de suspenso, de esas cuando hay un grupo sobreviviente, cuando hay alguna misión que seguir o simplemente cuando se está en una situación problemática, siempre hay alguien a quien el grupo reconoce como líder, a quien todos alzan la vista a ver cual es el siguiente movimiento, esa persona que no importa cómo siempre tiene la fuerza y la determinación para hacer que todo resulte y resulte bien... esa persona que siempre hará lo correcto, en quien confías tu vida. Para mí, esa persona eres tú... ese héroe eres tú, papá. Y no miento. Para mí, tú eres el líder de todas las escenas de la película que es mi vida.
No te rías, pero a veces fantaseo con un apocalipsis zombie que desate el infierno en la tierra. Siempre he creído que sería una de las primeras personas en morir, pero a la vez tengo esa sensación de que nada malo podrá pasarme mientras tenga tu mirada y tus palabras conmigo. Tú eres mi seguridad... en un apocalipsis zombie, si quieres, o en algo más cotidiano e importante como los momentos en que me veo frente a una dificultad.
Hace poco que comprendo cada vez más que por ti puedo hacer cualquier cosa, que ni siquiera yo misma había sido capaz de creer cuánto puedo llegar a amarte. Te admiro y quisiera ser como tú... ver el lado positivo de cualquier desafortunado evento que nos pueda pasar -tú sabes qué quiero decir- es una cualidad que muchos parecen tener pero que en ti es una de las virtudes más auténticas y maravillosas que he podido observar en los poquitos veintiún años que te conozco. Gracias por las bromas, por las sonrisas, por los chistes, por soportar mis cosas, por tu extrema paciencia, por querer que todo sea y se vea bonito, por soñar con una familia perfecta, por querer la perfección, porque las ojeras de lo poquito que duermes y lo mucho que trabajas voy a aprender a recompensarlas poco a poco y cada vez más. Te lo prometo.
Papá, eres el hombre de mi vida, el hombre que jamás me hará daño y me querrá con lo bueno y lo malo fuera y dentro de mí. Gracias por todo lo que eres, tú mismo te has construido y no hay nada de lo que me pueda sentir más orgullosa. Te respeto todos los días y te amo siempre.
''Vos me haces feliz Sabes amar y jugar Vos me haces reír Me haces sentir fugaz Yo me quiero ir a la luna con vos.
Hay que subirse a un caballo con alas Y creer fuerte con el corazón...''
La cosa era así: estaba lenta, sin ser la misma de antes, pesada, aturdida, un desastre. Estoy hablando de mi computadora: mi HP de poco más de un año de vida. De la más absoluta nada, empezó a fallar y no podía hacer nada con ella. Nunca he sido buena con la tecnología y no intenté nada para arreglarla porque tenía miedo de desgraciarla más. Mi única solución posible era llevarla donde una persona capacitada. Paseando por la vereda frente a mi universidad, encontré un cartel que decía: Servicio Técnico. Bingo. Dos palabras
grandiosas. No quise buscar más. Así encontré a José, un señor canoso muy amable y gracioso que me atendió como si fuese su hija y de inmediato me dio una solución Me dijo que regrese al otro día. Tuve que dejar a mi computadora. Fue duro. Uno se adapta tanto a una cosa que sin ella se vuelve difícil vivir normalmente. Lo sé, parece loco y pensar que se trata de sólo un objeto es preocupante. Pero había que arreglarla.
Regresé al otro día y José me miró con preocupación. Le dije que venía a llevarme mi compu sana. Me dijo que era imposible porque no había podido repararla, las cosas estaba peor de lo que él pensaba. Me explicó una serie de asuntos técnicos que no entendí y finalmente, me dijo:
La única solución es formatear todo pero ya no podrías recuperar nada.
Catástrofe. No sé por qué pero catástrofe. La verdad que en ese momento quería tanto que se recuperara que no pensé en qué perdería PARA SIEMPRE. Le dije que lo haga, que no había ningún problema. Me miró con asombro y me preguntó si estaba segura. Sí, ¿qué se hace?, le dije. Tengo que regresar mañana con ella.
Me fui rara porque al salir del lugar se me vinieron a la mente las cosas que perdería: fotos, canciones, videos, textos. Cosas que ya no regresarán. Es gracioso porque a veces hay que deshacernos de cosas que parecen importantes para nosotros para hacerle espacio a otras que vendrán. Formatear nuestra vida, a veces porque queremos, otras porque no. Pero sí que es necesario, por ahí nos damos cuenta que eso que creíamos determinantes y cruciales, no lo eran tanto. Vendrá algo diferente y hasta mejor. Reflexiones que llegan porque mi computadora se malogró. Parece mentira.
''Si el mundo va a girar igual sin preguntar a prepararse que hoy llegó el momento''
La
luz que entra por la ventana casi la ciega y mientras intenta cubrirse los ojos
con su mano derecha, reconoce lo tétrico de ese lugar: el polvo, el olor, la
vista, los colores de la habitación. No
hay flores a su costado, tampoco un teléfono, sólo una absurda división entre
ella y alguien igual o peor.
Habiendo
logrado distraer al sol y a la empeñosa luz que la torturaba, comienza a
preocuparse por esas 4 personas que la esperan. Pero no piensa en ella, jamás
ha pensado en ella.
Entonces,
como es su método, canaliza todas sus preocupaciones y las tiende en un punto
fijo a donde ella se dirige con sus ojos y el cuerpo en horizontal, frunce el ceño
y le brotan gestos de dolor en todo el rostro. Pero no llora.
Sus
párpados son las persianas que la ventana del costado no tiene. Y van cayendo,
entrando en ese curioso trance en que nos introducimos todos cuando estamos
entre dormidos y despiertos. Estando profundamente dormidos pero a la
expectativa de abrir los ojos al menor sonido o movimiento de una pelusa. Su cabeza está inclinada sobre la almohada y
ella al borde, como siempre. Decide dejarse ir y empezar a dormir.
Pero
dos personas con batas percudidas se acercan. Edna abre un poco los ojos hasta
que puede ver a dos borrosos hombres con esas mismas batas percudidas que la
miran con resignación, como un perro al borde del sacrificio, como cualquier
cosa, como un descartable inminente.
No
había mucho por hacer y así, con el desprecio que caracteriza a lo público en
este país, ambos señores mandaron a Edna a su casa. Una patraña disfrazada. Que
muera en su casa, que en esas cuatro paredes las oportunidades se anulan, que
una vida no vale un esfuerzo.
Así,
Edna regresó a su casa al lado de sus hijos, su esposo y su hermana, aquellos
que tal vez si creían en posibilidades. Dos hijos adolescentes, un esposo casi
ausente, una hermana enferma. Su vida, sus ganas. No quería regresar a aquel
cubo de hielo que había prometido ser su salvación, de ese lugar se salía,
irónicamente, si querías vivir.
Edna
no quiso volver y cumplió. De ella jamás nadie se ocupó demasiado y si se iba
envenenando más o no, aquello terminaría siendo una pena más de esas que tanto
guarda. Nunca supo más. Pero semanas después, ya no de día sino de noche,
estando Edna acostada, vislumbró una figura inmaculada, intocable, divina: una
virgen. Su nombre: Fátima. Una mujer de piel fosforescente que se lanzó sobre
ella atosigándola de tranquilidad y alivio. Edna gritó con lágrimas en
los ojos. ¡Jassiel! ¡Jassiel! Le gritaba a su hijo, que corriendo
llegó hasta su madre y la vio acostada, al borde como siempre, siempre al borde
con los abrazos abiertos y con apariencia de haber recibido un gran peso sobre ella.
Un
milagro, coacción de la mente, un sueño, destino o azar. Edna no regresó más a ese
tétrico lugar, a ese in-hospital y aquel cáncer salió de su cuerpo por ese
momento y para siempre.
Lo
que sea que haya pasado, pasó.
"Si en el firmamento poder yo tuviera, esta noche negra lo mismo que un pozo, con un cuchillito de luna lunera, cortaría los hierros de tu calabozo. Si yo fuera reina de la luz del día, del viento y del mar, cordeles de esclava yo me ceñiría por tu libertad"