Cuando uno está fuera de su país, está mucho más propicia a que le agarre un ataque extremo de nacionalismo y orgullo pesado. Eso me paso a mí. No sé por qué pero estando lejos me siento mucho más feliz de ser peruana y me encanta hablar de mi país a la gente que no lo conoce. Lima, Machu Picchu, el pisco, el ceviche, la música, Gian Marco. Es genial ser peruana. Repito, me gusta sentirme peruana.
Hasta que veo las noticias.
Hubo un incendio en La Victoria, uno muy grande. El humo puede verse desde muchos puntos de la ciudad. Sólo se habla de eso. Incluso para mí, que estoy en España, la cosa se ve realmente preocupante y junto a mis compañeras de piso, no podemos dejar de hablar de eso. Ojala se resuelva pronto, ojala nadie termine herido. Reviso otra vez las noticias y ahora veo fotos impactantes, increíbles... indignantes. Veo camiones de bomberos destartalados, mangueras rotas, chorros de agua insignificantes, rostros desanimados, uniformes remendados, la certeza de que no sólo será difícil apagar el fuego sino que es más humillante lo que hay que hacer para lograrlo.
Al otro día veo que han despedido de sus trabajos a los bomberos que salieron de ellos para realizar esa labor tan noble. Me pregunto qué esperamos o dónde estamos como país. Ser bombero es tener nobleza, ser bondadoso, ayudar a las personas sin esperar nada y arriesgando muchísimo. Lo mínimo que podemos hacer es brindarles facilidades, todo lo que necesitan. Agradecimiento más que caridad. Ser bombero es es ser un héroe, ser bombero EN EL PERÚ es ser un loco, un superviviente.
Pueden haber muchos responsables pero más que ellos, hay personas; como las que enviaron comida a los bomberos para que puedan sonreír un poco después de horas y horas de lucha. Hagamos algo. En este momento me siento un poco mal de simplemente escribir sobre esto en lugar de hacer ALGO, lo que sea por ayudar.
¿Qué tal si empezamos sintiéndonos orgullosos de los bomberos voluntarios peruanos? ¿Qué tal si les facilitamos las cosas dejándolos, por ejemplo, pasar con ligereza por las pistas? Sentirnos orgullosos de ellos con la frente en el alto pero la cabeza bien en su lugar, siendo conscientes de lo precaria de su situación pero estando seguros de la inmensidad de su bondad y heroísmo.
''... por un sueño postergado nos cansamos de luchar demasiada camiseta y cada vez menos gambeta la sonrisa cuesta más de que país estoy hablando las neuronas van marchando''
Siempre
pensé que el festival de Viña del Mar resumía perfectamente lo que eran los
chilenos: atorrantes, mala gente, alucinados y con un acento muy peculiar y contagiaste.
Mi lado "opinólogo" falló, como suele pasar, y una vez salí del Aeropuerto SCL de Santiago me
di cuenta que todo, salvo lo último (aquel tema del acento), era mentira. Al
menos a mi percepción. Como siempre, todo es debatible.
Lo
primero que noté al salir del Aeropuerto fue la gran cantidad de árboles y
campos verdes a su alrededor, cosas que son bonitas de ver en el camino al
centro de la ciudad. Todo ello, a diferencia del Aeropuerto de Lima, en donde a
solo unos pasos del verdadero suelo peruano vemos ya el concreto, el caos de la
urbe y no pienso que esté mal porque creo que eso es lo que nos define como
ciudad: el necesitar todo rápido. ¿Por qué buscaríamos campos y viñas si la
celeridad es lo que los limeños queremos? Primera gran diferencia.
Mientras
escribo estoy voy dándome cuenta que este texto es una potencial comparación
inevitable entre ambas ciudades: Lima y Santiago. Creo que ya hay demasiada
polémica sobre este tema para que yo, desde este humildísimo espacio,
contribuya más a ello. Mi experiencia fue en Chile. Y si empiezan las
comparaciones sin siquiera ser nombradas, es tal vez porque ellos andan
haciendo bien algo que nosotros no o viceversa.
Cuando
estaba en la camioneta camino a mi hotel empecé a ver las calles de Santiago.
Era viernes pero parecía domingo. O sea, ese día tenía aspecto de domingo,
ustedes saben a qué me refiero. Había sol pero no se sentía calor y la gente estaba
muy abrigada. Aquí habría que hacer una aclaración o más bien un contraste,
había pocas personas caminando y muchas en bicicleta. A cualquier lugar donde
volteaba había una ciclo vía con mínimo 5 personas en bicicleta. Fue una linda
postal teniendo en cuenta lo desoladas que lucían las pistas pues según
Rodrigo, el guía, unos 500 000 vehículos habían buscado verano, playa y arena en
Viña del Mar por la Semana Santa.
Era
de noche y el destino fijo a visitar se vaya donde se vaya, es la Plaza de Armas.
Yo imaginé algo mejor. Pero la plaza de Santiago es bastante simple, es chica y
no hay mucha gente. Pero la Catedral, ubicada ahí mismo, es otra cosa. Es más,
la agregaré a la lista de "sitios donde probablemente me casaré".
Volviendo a pisar o leer realidad, puedo hablar sobre la cantidad de peruanos
sentados al lado de la iglesia en una especie de relieve sobre la pared. Ahí,
exactamente al frente de casas de cambio de dinero, estaban mis compatriotas.
Creo que es fácil reconocer alguien que es como tú. Creo que es, incluso más
fácil reconocerlo en otro lugar. Podía
voltear y ver mi país. Como Dios, estamos en todos lados y con una de las
mejores cosas que tenemos: la comida. Así como en el Jirón de la Unión hay que
levantar un poco la cabeza para encontrar un sex shop en el segundo piso de las
galerías, en Santiago había que alzar un poco la mirada para ver un letrero que
llama diciendo "Auténtica comida peruana". En vista de la casi
inexistente venta de comida típica chilena en Semana Santa en pleno Santiago,
entré a "Ají Seco", un exitoso restaurante de comida peruana. El
resultado: un vuelo de regreso rápido, directo y sin escalas de tan solo 3
segundos a Lima. O sea, lo que me tomo atravesar la puerta.
El
sábado en la mañana empezó con el cambio de guardia en el Palacio de la Moneda.
Confieso que fue de lo que más me gustó. Ese espectáculo se prepara desde
cuadras antes de la casa de gobierno con la llegada de una banda completa,
caballos y muchos carabineros. Ahí me di cuenta que los chilenos tienen cara de
chilenos, uno lo nota. ¿Se me entiende? La siguiente parada fue el cerro Santa
Lucía, el último lugar donde los indios mapuches se atrincheraron en contra de
los españoles, un mirador en el que puedes tener Santiago a tus pies. Magistral.
Eso
fue lo interesante del tour. Lo espectacular lo descubrí sin necesidad de un
guía y todo gracias a la búsqueda incesante de un adaptador de corriente.
Caminar por Santiago es lindo, las personas son amables y jamás te miran mal.
Ese día era sábado y había una marcha por el respeto a la comunidad gay en el
Parque Forestal frente al Mercado Central (tal como imaginan el de Lima). Debo
decir que jamás encontré el adaptador pero sí hallé otras nuevas cosas:
librerías-café y bebés, muchos bebés. Creo que hay una epidemia.
Entonces
llegó la noche. Por fin. Después de comer en el mall Parque Arauco (donde
Gastón Acurio tiene 2 restaurantes totalmente llenos, yo digo: Gastó está loco)
no podía dejar de mover los pies aceleradamente porque quería conocer qué de
bueno traía la movida nocturna en ese país casi enemigo. Bellavista fue la
parada que la mesera peruana del restaurante donde estaba me recomendó. Y así
fue y fui. Bellavista es una calle de dos sentidos atestada de pubs, discotecas
y bares donde puedes bailar reggaetón, escuchar una banda de rock en vivo o
simplemente sentarte a esperar al indicado, creo. Yo sólo me detuve en dos
lugares: un pub con concierto y una reggae-discoteca. En el primero tomé pisco
sour chileno y escuché canciones de rock chileno, muy turístico. En el segundo
lugar bailé reggae, un jamaiquino me sacó a bailar, lo rechacé y salí bajo la
atenta mirada del vigilante que me había detenido unos 5 minutos mientras yo le
explicaba que era mayor, que era extranjera y que podía enseñarle mi DNI
peruano en ese preciso momento.
Así
fueron terminando mis días en Santiago. Los disfruté. Es una ciudad que me
gustó desde que pisé fuera del aeropuerto y que recomiendo al cien por cien.
Todos los prejuicios que tenía sobre los chilenos, al menos con esta
experiencia y bajo mi propia vista, desaparecieron. ¡Gracias, Viña!
Como
disculpas a mi ignorancia con respecto a este país, estas son las formas en que
me calló la boca.
1. La
amabilidad de la gente de Santiago me impresionó. No había una sola persona a
la que le preguntará algo, lo que sea, cualquier cosa, y me respondiera mal.
Todos parecían dispuestos a ayudar.
2. Absoluto
respeto por los peruanos que los respetan. Cada persona a la que decía ser
peruana, respondía preguntando sobre el país y diciendo lo lindo que era.
Claro, si un chileno viene a Lima y hace desastres todos lo crucificamos.
Imaginen al revés. El respeto es un boomerang eterno.
3. Las
chilenas me parecieron chicas muy lindas físicamente, igual que los chicos.
4. Contar
dinero chileno fue una de las cosas más difíciles. Sólo diciendo que con 1000
pesos no se hace nada, espero que me entiendan.
5. Las
tapas rojas de las botellas de agua quieren decir SIN GAS; las azules, CON GAS.
6. El
pisco sour chileno me gustó a pesar que su más importante componente es 100%
peruano. Lo hacen a su estilo. ¿Es lo que acabo de comentar considerado
traición a la patria?
7. Y
diciendo algo un poco más importante, Chile por completo debe ser un país
hermoso, seguramente. Pero Santiago es bellísimo.
"¡Qué
vivan los estudiantes, jardín de nuestra alegría
Son aves que no se asustan de animal ni policía
Y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría
Caramba y zamba la cosa, qué viva la astronomía!"
"Antes que yo me
vaya desvaneciendo te iré diciendo cómo es el mundo que se ha creado por remolinos enamorados"
Me gusta que todos hablen
del fin del mundo. Tal vez porque mientras más bromas se hacen al respecto,
menos conscientes somos de lo que significaría un escenario en las magnitudes
que se especulan. Cuánta desgracia, desolación, desesperación y sobre todo, el
aferrarse. Pero tal vez sea así nomas, como una disolución automática, un
apagado de luces directo y sin dolor. Yo, la verdad, lo preferiría así. Para
que al menos cuando todo haya acabado, no existan más desigualdades porque
todos, absolutamente todos, habremos terminado.
Pero, ¿cómo podemos
atrevernos a hablar de algo semejante y con tan poca precisión? o es que, en
verdad, lo que queremos es que se acaben las cuatro paredes en que vivimos,
algunos con más otros con menos pero que, después de todo, nos toca compartir.
Este mundo. Me parece que lo que cada uno quiere, quizás, es que se acabe
cierta parte de lo que se da por conocido, dejar muy atrás, en la absoluta
destrucción, lo que vemos, somos y tenemos todos los días.
Qué intrépido. A mí, por
ejemplo, me entran ganas de que de repente, todo desaparezca: todo lo que
conozco, lo que me hizo mal, lo que me hizo bien, mi cuerpo, su cuerpo, las
historias y mi cerebro, porque así será más fácil todo, al menos en el segundo
en que todo se esfume, después nadie sabe lo que habrá, lo que no habrá.
Es desplazar una etapa y
mudarse a otra, descartar una forma y tomar alternativas. Es lo que acaba y lo
que viene después, ¿acaso no entienden? todos hemos tenido un fin del mundo, fin
del tuyo, fin del mío. Y tal vez la incertidumbre de lo que es desconocido es
lo que nos lleva a desearlo.
Yo no deseé mi fin del
mundo. Pero algo me decía que se aceraba. Mi fin del mundo sí fue este año y
sin embargo, aquí sigo. Mi mundo de antes ya no.
Antiguamente, en mi otra
era, tenía a alguien y hoy ya no lo tengo. En la otra vida, hacia cosas que
ahora ya no hago, creía cosas que gracias al derrumbe ya no creo. Ahora supongo
otras. Pero es difícil levantarse después de la colisión. Es muy difícil. Por
eso dije que prefiero un apagón general.
Todos hemos tenido un fin
del mundo, ¿sino de que aprendemos? ¿Todo sigue siendo igual para todos? el mío
fue este año y no me gustó. Más que nada por el hecho de empezar desde los
escombros. Siempre que cambie nuestra modo de caminar, de vivir, de pensar y de
tener, nuestro mundo, tal vez uno más pequeño, ha cambiado. No sé. Me parece.
''Es que nadie nace sabiendo que morir también es ley de vida''
El año pasado cancelaron el concierto que iba dar Joan Manuel Serrat en
Lima. Yo tenia la primera fila y cuando me enteré, comencé a llorar
desconsolada porque pensé que tal vez era imposible que regrese después del
desplante que la hicieron horas después que Susana Villarán lo había condecorado en la Municipalidad. Yo quería verlo.
Pero las cosas jamas son como uno piensa y eso es en serio: este año,
anunciaron que venia Serrat a dar un concierto pero con Joaquín Sabina. Yo, de
verdad, hubiese preferido que venga solo pero de todas maneras tenia la
oportunidad de verlo.
El día que iban a salir las entradas a la venta, a mi me tocaba hacer
una entrevista en el estudio de la universidad. Por eso ni bien terminé, llamé
a Teleticket a preguntar si, efectivamente, las entradas ya se estaban
vendiendo. Me dijeron que sí, que empezaron a venderlas 1 hora antes. Corrí
empujé a las personas, tomé un carro y fui al Wong de Chacarilla.
Pero cuando llegué al stand de Teleticket, me di cuenta que me faltaban
20 soles del total que costaba la entrada. Me quería morir porque la primera
fila en la zona central aún estaba vacía Llamé a mi mamá y después de putearme aceptó ir a Wong a darme lo que me faltaba porque yo no tenía más. En todo el
tiempo que mi mamá demoró en llegar, toda la zona central de la primera fila ya
se había acabado. Pero la zona lateral estaba libre y aunque no era lo que quería, me pareció bien. De todas maneras estaría cerca. Después de ese día
guarde mi entrada y no pensé en el concierto hasta la misma semana en que pasaría porque no podía creerlo.
El dia que fue el 5 de diciembre, esta en el video que está más abajo y
que invito a que vean. No se trata de una canción filmada en el concierto nada
más, es una recopilación desde que empezó ese día que para mi fue uno de los
más raros de mi vida. Pero cumplí un sueño: ver a Serrat. Por lo menos a unos
10 metros o un poquito más. Ah, algo que no se ve en el video es el beso que
Serrat me mandó desde el escenario cuando vio mi polo (decía: Serrat, eres único y lo hizo después que Sabina me viera primero, me reclamara desde el
escenario por qué no tenía nada para él y el mismo llamó al Nano para que me
viera.
Mención a parte: El día después del concierto de Serrat fue el concierto
de Pimpinela, al que también fui solo que esta vez en la quinta fila (mi lema:
a un concierto hay que ir cerca, sino no se disfruta) ahora: ¿Qué es Pimpinela?
Para aquellos que no saben, los ilustro. ¿Alguna vez escucharon una canción que
en cierta parte decía: olvídate todo tu para eso tienes experiencia? Bueno, no
es tan cómico Es una canción hecha por dos hermanos argentinos llamados Lucía
y Joaquín Galán. Para todos, un consejo: no se queden con lo único que se les
muestra. Así como Calle 13 no es sólo Atrévete Pimpinela no sólo es esa
canción, tiene muy buenas y de verdad, confieso que la energía en ese concierto
fue mucho mejor a la del concierto de Serrat y Sabina, la gente estaba loca,
todos cantaban las canciones, buena onda, todas las edades, etc. Fue un
concierto muy bueno. Y, como empezaré a hacer costumbre (espero) también fui
con un polo que pongo aquí al lado y como estaba cerca, Lucía Galán lo vio y me
mandó otro beso. Fui feliz.
Solo fue una mención. Me gustaría que vean el video del 5 de Diciembre
de 2012, el día en un sueño se cumplió, porque los milagros o al menos los
empresarios que trajeron a Serrat, existen.
Una hurra por el Nano y otra por los geniales Pimpinela.