No he tenido tiempo para escribir sobre ALGO. Pero si quisiera contar, en fotos, lo que fue un pedazo microscópico de lo que fue Santiago de Chile en el último viaje que hice por Semana Santa.
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Damasco=Durazno. Ni siquiera puedo empezar a decir lo rico que es.
La Catedral de Santiago. Como dije, lo agregaré a la lista: lugares donde probablemente me casaré.
Monumento a Prat con carta de Miguel Grau para la señora de Prat en el Parque Forestal de Santiago. Hagamos como di las pintas no estuvieran.
Antes y después del almuerzo en mi último día en Santiago con mi familia. Sí, lo que ven ¡es chifa! Una delicia en Madame Tusan de Gastón en Chile. Lleno total. Gastón está loco.
Imágenes del museo de Lollapalooza en el Costanera Center de Santiago (el shopping más alto de Latinoamérica) 1: entrada. 2: algunas de las presentaciones (escuchen a Camila Moreno) 3: Legítimo reclamo: ¡Los Jaivas!
Una última foto para la controversia y posteridad. Este es un restaurante ubicado en la zona que divide a los pasajeros de la manga directa al avión.
Hay una Feria del Libro en la
universidad. Laura la ve ni bien llega el lunes bien temprano. Se acerca, pero no demasiado como para tentarse.
Le parece, digamos, cinismo, tener tanto que leer para todos sus cursos y
atreverse a comprar un nuevo libro que tendrá que esperar a que ella tenga
aunque sea unos minutos libres. Se promete a sí misma no volver a aproximarse a
ese espacio de lujuria literaria.
Su primera clase es en inglés.
Pero a las 9 de la mañana sólo piensa en español porque sigue medio dormida.
Cuatro horas de clase debería estar penado por la ley, se dice. Pero después de
muchos temas coyunturales, la clase se termina (como todo). Laura llama a
Brianna una, dos, tres veces; al cuarto intento le responde la llamada
diciéndole que no van a poder almorzar juntas porque está en plena entrevista.
Laura reniega pero lo entiende. Resignada a almorzar sólo con una de sus
chicas, mensajea a Tania para juntarse. No puede, se sintió mal y se fue a su
casa.
Laura está sola e indefensa en
medio de su universidad porque no le gusta estar rodeada de mucha gente y sus
mejores amigas siempre serán su gran multitud y confianza. Teniendo en cuenta
que había salido algo temprano, le quedaban casi 3 horas libres hasta su
próxima clase. Elige comer algo primero y, dadas las circunstancias, asomarse
un poco a ver cómo iba y qué había en la Feria del Libro. Rompió su promesa.
Termina de comer unas poco
sustanciosas galletas integrales y se dirige con el sol dándole en la frente,
hacia el jardín artificial invadido por libros. Empieza a recorrer los stands.
En el primero ve a Coelho y pasa a la velocidad de la luz, en el segundo ve libros
educativos, bosteza y continúa. Se queda en el tercero porque vio
"Austen" en una esquina. Como además de ese hay otros libros buenos,
se queda unos minutos ojeando títulos. De pronto baja la mirada y ve un zapato.
Sabía de quién era. Cumpliendo con las condiciones pre-establecidas y a pesar
de saber con certeza quién era la persona que se había puesto impetuosamente
atrás de ella, empieza a caminar hacia el costado. Pero él la sigue. Laura lo
ve, le sonríe y mueve la cabeza como diciendo "¡Te pasas!". Él
también sonríe y mientras se acomoda el pelo hacia un lado (como siempre) se
vuelve a poner tras de ella y le dice:
-Ese no es muy bueno
-Entonces elige tú- le responde Laura
Él avanza hasta el fondo del
stand y empieza a ojear libros de poesía y cuentos. Laura lo mira desde atrás
mientras piensa que jamás había conocido a alguien que tuviera semejante
paciencia para todo y tal amabilidad. Él nunca camina rápido, jamás se apura
pero siempre está a tiempo, se ríe con todos los dientes y levantando la
cabeza, es amable con todo el mundo y hasta le da palmaditas en la espalda al
hombre que lo ayuda a encontrar libros. De pronto Laura se encuentra
sonriéndole a su espalda, a su camisa azul. Él voltea y le enseña un libro; con
la mirada le pregunta si ese le parece bien. Laura asiente y continúa revisando
los stands. No pueden estar a menos de dos metros por mucho tiempo. Así son las
cosas.Cuando llega al último stand, él
se acerca, le dice algo al oído y se va. Otra vez la desafía, una vez más no
sabe si habla en serio o en broma, otra vez propone, otra vez esa sonrisa con
el sol que también ilumina su pelo castaño.
A Laura todavía le queda una clase
más. Pero esas dos horas pasan muy rápido y mientras se está yendo, recibe un
mail enviado en ese preciso instante:
Vemos qué hacemos. Que sea lejos.
Claro que lejos, piensa Laura, no
hay muchas más opciones. Ya sabe que es en ese distrito con puente y suspiros,
ya sabe que será en su balcón. Sólo queda saber si maneja él o ella. Maneja él
y mientras tanto, Laura busca emisoras. ¿Cuál será buena para él?, piensa. Pero
deja todo cuando escucha el inicio de una canción que le gusta y se prepara
para el reproche.
-Esa canción demuestra que nada
bueno puede salir de copiar a Luis Miguel.
La canción es Azul de Cristian
Castro. A Laura no le importa que él se ría de ella y la empieza a cantar. Él
saca una mano del volante para taparle la boca mientras Laura lo esquiva y
sigue gritando cantando. Se ríen y cuando empieza el coro es una locura.
Él canta la segunda parte porque la sabe y Laura sabía que él sabía. Para todo eso hay que estar algo
locos. Hay que salir por la puerta falsa y con cautela, mientras se revisan
coordinadas, sonreír por el atrevimiento.
''And so today, my world smiles, Your hand in mine, we walk the miles, Thanks to you it will be done''
Siempre
pensé que el festival de Viña del Mar resumía perfectamente lo que eran los
chilenos: atorrantes, mala gente, alucinados y con un acento muy peculiar y contagiaste.
Mi lado "opinólogo" falló, como suele pasar, y una vez salí del Aeropuerto SCL de Santiago me
di cuenta que todo, salvo lo último (aquel tema del acento), era mentira. Al
menos a mi percepción. Como siempre, todo es debatible.
Lo
primero que noté al salir del Aeropuerto fue la gran cantidad de árboles y
campos verdes a su alrededor, cosas que son bonitas de ver en el camino al
centro de la ciudad. Todo ello, a diferencia del Aeropuerto de Lima, en donde a
solo unos pasos del verdadero suelo peruano vemos ya el concreto, el caos de la
urbe y no pienso que esté mal porque creo que eso es lo que nos define como
ciudad: el necesitar todo rápido. ¿Por qué buscaríamos campos y viñas si la
celeridad es lo que los limeños queremos? Primera gran diferencia.
Mientras
escribo estoy voy dándome cuenta que este texto es una potencial comparación
inevitable entre ambas ciudades: Lima y Santiago. Creo que ya hay demasiada
polémica sobre este tema para que yo, desde este humildísimo espacio,
contribuya más a ello. Mi experiencia fue en Chile. Y si empiezan las
comparaciones sin siquiera ser nombradas, es tal vez porque ellos andan
haciendo bien algo que nosotros no o viceversa.
Cuando
estaba en la camioneta camino a mi hotel empecé a ver las calles de Santiago.
Era viernes pero parecía domingo. O sea, ese día tenía aspecto de domingo,
ustedes saben a qué me refiero. Había sol pero no se sentía calor y la gente estaba
muy abrigada. Aquí habría que hacer una aclaración o más bien un contraste,
había pocas personas caminando y muchas en bicicleta. A cualquier lugar donde
volteaba había una ciclo vía con mínimo 5 personas en bicicleta. Fue una linda
postal teniendo en cuenta lo desoladas que lucían las pistas pues según
Rodrigo, el guía, unos 500 000 vehículos habían buscado verano, playa y arena en
Viña del Mar por la Semana Santa.
Era
de noche y el destino fijo a visitar se vaya donde se vaya, es la Plaza de Armas.
Yo imaginé algo mejor. Pero la plaza de Santiago es bastante simple, es chica y
no hay mucha gente. Pero la Catedral, ubicada ahí mismo, es otra cosa. Es más,
la agregaré a la lista de "sitios donde probablemente me casaré".
Volviendo a pisar o leer realidad, puedo hablar sobre la cantidad de peruanos
sentados al lado de la iglesia en una especie de relieve sobre la pared. Ahí,
exactamente al frente de casas de cambio de dinero, estaban mis compatriotas.
Creo que es fácil reconocer alguien que es como tú. Creo que es, incluso más
fácil reconocerlo en otro lugar. Podía
voltear y ver mi país. Como Dios, estamos en todos lados y con una de las
mejores cosas que tenemos: la comida. Así como en el Jirón de la Unión hay que
levantar un poco la cabeza para encontrar un sex shop en el segundo piso de las
galerías, en Santiago había que alzar un poco la mirada para ver un letrero que
llama diciendo "Auténtica comida peruana". En vista de la casi
inexistente venta de comida típica chilena en Semana Santa en pleno Santiago,
entré a "Ají Seco", un exitoso restaurante de comida peruana. El
resultado: un vuelo de regreso rápido, directo y sin escalas de tan solo 3
segundos a Lima. O sea, lo que me tomo atravesar la puerta.
El
sábado en la mañana empezó con el cambio de guardia en el Palacio de la Moneda.
Confieso que fue de lo que más me gustó. Ese espectáculo se prepara desde
cuadras antes de la casa de gobierno con la llegada de una banda completa,
caballos y muchos carabineros. Ahí me di cuenta que los chilenos tienen cara de
chilenos, uno lo nota. ¿Se me entiende? La siguiente parada fue el cerro Santa
Lucía, el último lugar donde los indios mapuches se atrincheraron en contra de
los españoles, un mirador en el que puedes tener Santiago a tus pies. Magistral.
Eso
fue lo interesante del tour. Lo espectacular lo descubrí sin necesidad de un
guía y todo gracias a la búsqueda incesante de un adaptador de corriente.
Caminar por Santiago es lindo, las personas son amables y jamás te miran mal.
Ese día era sábado y había una marcha por el respeto a la comunidad gay en el
Parque Forestal frente al Mercado Central (tal como imaginan el de Lima). Debo
decir que jamás encontré el adaptador pero sí hallé otras nuevas cosas:
librerías-café y bebés, muchos bebés. Creo que hay una epidemia.
Entonces
llegó la noche. Por fin. Después de comer en el mall Parque Arauco (donde
Gastón Acurio tiene 2 restaurantes totalmente llenos, yo digo: Gastó está loco)
no podía dejar de mover los pies aceleradamente porque quería conocer qué de
bueno traía la movida nocturna en ese país casi enemigo. Bellavista fue la
parada que la mesera peruana del restaurante donde estaba me recomendó. Y así
fue y fui. Bellavista es una calle de dos sentidos atestada de pubs, discotecas
y bares donde puedes bailar reggaetón, escuchar una banda de rock en vivo o
simplemente sentarte a esperar al indicado, creo. Yo sólo me detuve en dos
lugares: un pub con concierto y una reggae-discoteca. En el primero tomé pisco
sour chileno y escuché canciones de rock chileno, muy turístico. En el segundo
lugar bailé reggae, un jamaiquino me sacó a bailar, lo rechacé y salí bajo la
atenta mirada del vigilante que me había detenido unos 5 minutos mientras yo le
explicaba que era mayor, que era extranjera y que podía enseñarle mi DNI
peruano en ese preciso momento.
Así
fueron terminando mis días en Santiago. Los disfruté. Es una ciudad que me
gustó desde que pisé fuera del aeropuerto y que recomiendo al cien por cien.
Todos los prejuicios que tenía sobre los chilenos, al menos con esta
experiencia y bajo mi propia vista, desaparecieron. ¡Gracias, Viña!
Como
disculpas a mi ignorancia con respecto a este país, estas son las formas en que
me calló la boca.
1. La
amabilidad de la gente de Santiago me impresionó. No había una sola persona a
la que le preguntará algo, lo que sea, cualquier cosa, y me respondiera mal.
Todos parecían dispuestos a ayudar.
2. Absoluto
respeto por los peruanos que los respetan. Cada persona a la que decía ser
peruana, respondía preguntando sobre el país y diciendo lo lindo que era.
Claro, si un chileno viene a Lima y hace desastres todos lo crucificamos.
Imaginen al revés. El respeto es un boomerang eterno.
3. Las
chilenas me parecieron chicas muy lindas físicamente, igual que los chicos.
4. Contar
dinero chileno fue una de las cosas más difíciles. Sólo diciendo que con 1000
pesos no se hace nada, espero que me entiendan.
5. Las
tapas rojas de las botellas de agua quieren decir SIN GAS; las azules, CON GAS.
6. El
pisco sour chileno me gustó a pesar que su más importante componente es 100%
peruano. Lo hacen a su estilo. ¿Es lo que acabo de comentar considerado
traición a la patria?
7. Y
diciendo algo un poco más importante, Chile por completo debe ser un país
hermoso, seguramente. Pero Santiago es bellísimo.
"¡Qué
vivan los estudiantes, jardín de nuestra alegría
Son aves que no se asustan de animal ni policía
Y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría
Caramba y zamba la cosa, qué viva la astronomía!"
"Antes que yo me
vaya desvaneciendo te iré diciendo cómo es el mundo que se ha creado por remolinos enamorados"
Santificar las fiestas: La
universidad ya empezó. Pero nos queda un último respiro, un recurso para no
tomarse muy en serio los primeros días de clases: los feriados por semana
santa. Sí, porque hasta los que no creyentes pueden descansar. Las opciones
simplemente saltan: campamentos pegajosos con altas probabilidades de coma etílico,
viaje al interior del país con la familia, viaje al exterior del país con quien
sea pero que divierta, recorrer de manera inevitable las 7 iglesias o quedarse
en la ciudad para disfrutarla cuando está medio vacía.
Tengo sed hambre:
Carnívoros, temed. Te arrojarán miradas acusatorias y fulminantes si intentas
pedir carne en alguna tienda. Es así, no lo he inventado yo. ¿Qué pasa? ¿Aún no
sale la clásica nota en televisión sobre el aumento del precio del pescado?
Pero como dice El Chompiras, tómalo por el lado amable y dirige a tu cuerpo y
su pureza a la cevicheria más cercana. No se come carne en Semana Santa porque
simula ser el cuerpo de Dios. Es preciso el pescado porque a veces, solo a
veces, camina sobre el agua.
Benditos hábitos: Cada semana santa,
en la puerta principal de mi casa cuelga un ramo de esos que dan en las
iglesias por estas fechas. Cada año es uno diferente. Cada año se ve más
horrible. No sé cómo decirle a mi mamá (tal vez se esté enterando por aquí) que
ese ramito colgado del adorno de la puerta me pone nerviosa. Ahora, poniéndome en el otro lado de la
situación, me doy cuenta que ninguna Semana Santa sería igual sin esa anti
estética costumbre de mi familia. La relación amor-odio con las tradiciones son
las que forman recuerdos. Desde ver películas todo el día o no poder reírse ni
hablar alto. Sin ellas, nada sería lo mismo
Funciones: Ben Hur, El manto
sagrado, La Pasión, Cleopatra, Moisés y (colocar su favorita) son clásicos de
los clásicos en Semana Santa. En la tarde, cuando las branquias están a punto
de salir después de tanto pescado, es inevitable encontrarse con algunas de
estas películas en señal abierta. Ya para los más "pro", están
History y demás canales con la vida de María Magdalena, evangelios prohibidos,
etc. Pero nada comparable a ver a Ben Hur y Messala sacándose los ojos. Creo
que renovar la fe a partir de la pantalla no es lo que atrae de esta
programación; sino tal vez los diálogos, el vestuario, los gestos y el tétrico
doblaje al español. Quiero decir, cualquier indicio que te haga volver a estas
películas cada año y con recuerdos a la espalda.
Semana Santa es lo que nosotros,
los que seamos, queremos que sea. Nada puede estar mal si no se hace daño. Si
oyes el sermón, ya estás haciendo algo. Si miras películas, ya estás haciendo
algo. Si las misas aburren y prefieres la playa, ya estás haciendo algo. Si
ríes en un campamento, ya estás haciendo algo. Si viajas afuera o adentro, ya
estás haciendo algo. Divertirte, respirar un poco más juntito a tu familia, hacer
las tonterías de siempre con tus amigos, rezar, etc. Sólo hay que recordar que
todo ello se hace por una razón que está desde cualquier parte, no sólo en el
cielo, mirándote y esperando que lo recuerdes para creer más, creer menos o por
lo que sea que Él sea la causa.
¿Quién me
presta una escalera para subir al madero para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?
¡Oh, no eres
tú mi cantar no puedo cantar, ni quiero a este Jesús del madero sino al que anduvo en la mar!
No sé por qué me emocionan tanto
estas festividades europeas o casi 100% europeas. Pongo como ejemplo las bodas
reales y el reciente nombramiento del nuevo Papa. Llámenme alienada, si quieren. Yo prefiero, si no fuera mucha molestia, "loca fanática de
acontecimientos mundiales" Porque, guste o no, estas actividades que
tienen lugar por mayoría en Europa, terminan convirtiéndose en un
acontecimiento mundial, en un monstruo come galletas y come noticias del tercer
mundo.
Nunca me considere muy creyente y
soy una entre muchas personas que se señalan como católicas pero que
difícilmente pisan una iglesia y que tiene tremendas ganas de cuestionar a todo
ser religioso (entiéndase fanático) que se mueva. Tampoco rezo desde que me di
cuenta que todo lo que pedía y que creía merecer, jamás se cumplía. Sin
embargo, todas las noches sin excepción y antes de dormir, me persigno. Al
principio no tenía muy claro por qué lo hacía. Después supe que lo vengo
haciendo hasta hoy porque encomendarme a Dios me hace sentir, aunque sea
mentalmente, más segura. Y eso es debatible, por supuesto. De seguro hay
quienes están leyendo esto y pueden pensar: bah, todo eso es una gran mentira. Y esas
mismas personas son las que se creen, como les digo yo: "la onda".
No hay que juzgar como inferiores
o superiores a quienes no conciben el mundo igual que tú. Por eso es que tal vez un suceso como la
elección del nuevo Papa se envuelve en absoluta importancia. Somos, quizás,
demasiados los que creemos en algo que otro grupo no, somos quienes esperamos
algo más allá de la muerte. Pero así, con todo ello, no somos ni remotamente
iguales: algo que jamás entenderé es la fe, yo no tengo fe, no tengo nada en
absoluto. Pero creo en Dios a pesar de ello. Mi relación con Él es muy
personal. Por eso odio las misas. Porque yo lo quiero sólo conmigo, por eso
también me persigno sola y con las luces apagadas. Necesito sentirme con él y a
pesar que no lo entiendo por completo, siempre me gustaría su bendición tal
vez en una iglesia cuando me case con la persona que ame. Porque sí creo en el
matrimonio y en una bendición, como dije, de alguien tan puro como él pero
inevitablemente terrenal como un sacerdote, por eso creo en la supremacía
religiosa del Papa Francisco.
Como era de esperarse, se han
dicho muchas cosas sobre el Papa. Que si la dictadura, que si la homofobia, que si
lo político, que lo argentino que es. La verdad, que no sé si es apañar o ser
indolente en cuanto a lo que se le acusa, pero yo imagino que la contemplación
de Jesús fue como es aquella tierna mirada de Francisco. Por lo tanto me
exasperan todas esas acusaciones mala leche que se le hacen. Perdón, pero a
menos que haya pateado o insultado directamente a una persona gay por ser gay, no puede considerárselo homofóbico
por ceñirse a la propia ideología de la Iglesia a la que representa. Duela a
quien le duela, las ideologías deben respetarse y debatirse entre sí para un
beneficio mutuo. En cuanto a acompañar la dictadura de Videla y si hubiese sido
así, que se le juzgue cuando haya suficientes pruebas. Que se le
juzgue, como juzgamos a Jesús en los diarios cuestionamientos a su obra, a su
existencia. Porque al final lo hacemos todos y así va cerrándose el círculo.
Que la sencillez, ternura y
diferencia que va marcando Francisco sirva como cable a tierra de la Iglesia y
las millones de almas que creen en su ambigüedad divina y terrenal como fuente
propia de alimentación para sus corazones y mentes. Que recuperemos la fe mediante su mirada y
obra, que escuche y se deje escuchar.
''¿Cómo se ejerce la custodia de la Iglesia? Con discreción, con humildad, en silencio,
pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no se comprende.
Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la
vida. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de
los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu
Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Recen por mí.''