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13 de febrero de 2014

123 días

Durante los cuatro meses que vivió en Madrid, Laura y él sólo intercambiaron seis mails. Fue como un ping-pong. Él empezó y ella respondió. Una cifra despreciable e insólita para Laura que imagino que, estando lejos, el alivio que sería no tener que esconderse se viese desencadenado en pura cursilería y verborragia vía correo electrónico. Nada de eso pasó. Mientras ella veía esperanzada en su celular que había recibido un mail de él (seguramente escrito después de alguna clase) imaginaba un ''te extraño'' tal vez un ''cuando regreses deberíamos...''. Tampoco pasó.

Cuando Laura llegó a Lima, estaba segura que no lo vería durante los primeros días. Imagino que se reencontrarían al menos después de Navidad y Año Nuevo. Pasado el trajín de las fiestas lo más probable era que se vean. Perdón. Pasado el trajín de fiestas más una semana y dos días era probable que se encuentren. Y así fue. Acostumbrada a su natural frialdad, Laura tomó su: ''Veámonos. A las 8 en Che Santiago. No te me hagas la española'' como una invitación fresca y romántica, tal vez. 

Che Santiago es un restaurante pequeño y discreto en Miraflores. Pocas mesas y pocos chismosos. Eso es lo emocionante de salir con él: Laura se siente famosa. Esconderse, taparse y disimular a veces puede ser interesante. Sobre todo cuando van a verse después de cuatro meses y las miradas escrutadoras se extrañan. Eso fue lo que pensó Laura mientras entraba al restaurante... ''hace meses que no me siento tan observada y... culpable''.

Ella llegó primero. A veces es estrategia y otras veces, como esta, es casualidad. Laura se sentó en una mesa cerca al bar y pidió una copa de vino rosado. Laura se sentía elegante. Laura se sentía... emocionada... y más aún cuando lo vio entrar. Oh, la camisa celeste. Tan suya. Él sonreía mientras se acercaba. Laura se paró inmediatamente, se acercó y lo abrazó. Él respondió al abrazó con más fuerza, separándola un poco y dándole un beso en la frente. 

-Estás más flaca -dijo él 
-Ya quisiera... 
-No, en serio, ¿mucha paella?
-Eso es lo menos apropiado que puedes decir
-Estar acá es lo menos apropiado.

Es casi imposible que Laura pueda ganar una conversación porque con él cada palabra es un dardo. Pero a las batallas las alivia su sonrisa. Imposible resistirse cuando sonríe de lado. Él la invitó a sentarse. Pidió más vino y una parrilla para dos. Laura le contó de la universidad, de Madrid, de sus noches, sus días, lo increíble que fue París y lo mucho que planea viajar. Él sólo la miraba hablar; riéndose de vez en cuando mientras intentaba cortar la carne. Cuando ella terminó de hablar, él le contó sobre sus clases y su trabajo. Tres copas de vino después, Laura cayó en cuenta de que no faltaba mucho para despedirse. Él pidió la cuenta y se paró mientras Laura terminaba su copa. Él volvió a sentarse y miró el reloj.

-¡Ya! no puedo tomar tan rápido -le reclamó Laura
-¿Vamos al departamento?
-Vale -respondió Laura totalmente inconsciente.
-¿Vale? No te puedo creer. 
-Perdón.. es desesperante pero es lo que más rápido se pega.
-No te disculpes. Trataré de no burlarme... tanto.

Cuando entraron en su carro, Laura, desde el asiento de copiloto, se dio cuenta de las razones por las que había extrañado Lima. Las luces de noche, el olor a mar y tantas otras cosas inexplicables pero presentes y perceptibles. Barranco es aún más lindo. Por la calle donde él vive casi nunca hay nadie. Después de los chistes en el estacionamiento del edificio y alguno que otro bostezo en el ascensor, la puerta se abre directamente en su piso, a la sala. Nada ha cambiado, por supuesto. Él se adelanta hasta donde está el equipo de música y todo, de repente, es como una película. Saca un cd de un cajón y tapa la portada con una mano.

-¿Quién es? ¿Qué te pasa? -se ríe Laura
-Yo te dije que no podía caer tan bajo pero el inicio de una canción es impresionante -se excusa él.
-¡¿Quién es?!

Él saca el disco de la caja y lo pone en el equipo. Pasa canciones hasta llegar a una a la que pausa inmediatamente. 

-Por favor, no pienses en la letra. Porque no es verdad y ya me conoces -dice él
-Ya...
-Baile conmigo, madrileña.

Reanuda la canción y Laura capta el mensaje. ''Y sólo se me ocurre amarte'' de Alejandro Sanz. Una parte de ella se ríe porque es verdad, lo conoce y entiende por qué le dijo que no piense en la letra. Eso de no hacerse dramas demás parece irle funcionando bien porque ni bien empieza la música lo olvida. Laura le da la mano y la pone en su hombro. Los primeros segundos son gloriosos, para bailar y para detener un momento. Empiezan a bailar y cuando él le da una vuelta y la jala contra su camisa celeste, Laura lo sabe: esto no es romántico y ni siquiera sabe si quiere que lo sea... esto es ser feliz por un momento. Él sube el volumen considerablemente (por usar una palabra elegante) Empiezan a cantar, empiezan a gritar. La letra no importa, no significa nada para ellos... las risas sí








''No existe un corazón que lo resista 
Porque si lloras quiero que mis ojos 
sigan cada lagrima tuya
y hasta que la pierda de vista''







19 de diciembre de 2013

Cosas que pasan

Estoy a tres días de tomar un avión de regreso a Lima y tengo demasiadas sensaciones que me cuestan mucho explicar. No quiero irme de Madrid. Pero quiero regresar a Lima. Es raro, es casi una frase de Arjona. Pero es la verdad. Siento que me va a costar muchísimo volver a adecuarme al ritmo de vida que tenía en Lima. Europa es otro mundo, yo misma me convertí en otro mundo (más bien en otra) cuando llegué y me encanta. He cumplido 21 años acá y la chica engreída que no sabía hacer nada se quedó en el Jorge Chávez, ahí debe seguir medio destruida. Cuatro meses no es mucho tiempo, pero si los vives intensamente como yo los viví se convierten en los mejores.

Nada de esto me habría pasado si no fuese por mi prima Jessica que ha sido mi incondicional en esta aventura que ni en sueños me imaginé atravesar. Jamás pensé que llegaría tan lejos en un avión y un día cualquiera estaba tomando una limonada con mi prima en Gran Vía. Gracias a ella conocí todo lo que conozco ahora y a las personas increíbles que creo que conozco y espero seguir conociendo y así ''arjónicamente''

Madrid se ha convertido en mi segunda casa, mejor dicho en mi segundo depa. Me aseguraré de nunca olvidar todo lo que pasé aquí y aunque muero de pena por regresar, me emociona saber que la chica que llegará a Lima es otra por completo. Voy a volver, ciudad.

Probablemente y si me asalta, Laura cuente con más detalles las historias que pasaron. A veces parece que mediante ella puedo explicarme mejor. Pero dejando de lado supuestos y promesas, quiero decir que han sido los mejores cuatro meses de mi vida y que ''Madrid, Madrid, Madrid, desde este momento, se piensa mucho en ti''





''Nace una estrella nueva en Atocha''


30 de mayo de 2013

Laura: el primero y la primera

Los sucesos contados a continuación tuvieron lugar hace ya algunos meses.  Así que para quienes se asusten o preocupen por la inestabilidad emocional de Laura, decirles: Tranquilos, ella está bien ahora. Pero alguna vez estuvo así, en desequilibrio, y pasó esto:

No en el primer local sino en el segundo: La Posada del Ángel de Pedro de Osma. Ese lugar era como un escondite para ellos. Y su conversación necesitaba un refugio y dos copas de vino. No llegaron juntos por prevención casi anti sísmica. Qué exagerado. Pero iban a encontrarse en un lugar público. Qué ironía. Ella llegó primero. Se sentó en uno de esos sofás para dos con una mesita en frente. «Si me va a gritar como la última vez mejor que sea cerca» pensó Laura. Además, claro, quería analizar mejor sus ojos claros. Un chico se acercó a tomarle la orden pero ella dijo que estaba esperando a alguien. Fue casi cinematográfico, sólo faltaba el cigarro. Pero Laura no fuma, jamás lo ha hecho.

Él llegó y la vio sentada. Se sonrieron. Él se acercó y puso su saco a un costado. Se sentó junto a ella, se acomodó el pelo, dio un suspiro y le preguntó:

-¿Has pedido algo?
-Nada –respondió Laura negando con la cabeza.

Seguro como siempre, volteó para llamar al chico y le pidió un vino argentino. Vino. Esta vez tomaron desde la primera palabra, por eso la conversación aflojó más. Se trataba más o menos de una actualización de respuestas a los cada vez más clásicos: ¿Cómo sigues?, ¿Te has puesto mal últimamente?, ¿Qué es lo que piensas en estos días? Ella respondió la verdad. Es imposible mentirle a esa mirada tan inquisidora. Vino. Respuesta. Pregunta. Vino. Respuesta. Vino. Vino. Pregunta. Respuesta. Vino. Laura ya estaba cansada de hablar del mismo tema. No sabía si lo había superado pero estaba segura que para esa noche, era suficiente. Él hablaba. Ella miraba su pelo que brillaba con la lámpara y los vitrales que tenía al lado. Laura no lo escuchaba pero miraba sus cejas, su nariz, sus mejillas, su mentón, el saco del costado, sus brazos, su camisa y las manos con que se acomoda las mangas.  «La mente… no sabes lo poderosa que es» decía. Laura mira sus ojos otra vez:

-¿Me besas?
-Sí, claro –respondió él.

Y ya. Al instante, tomaron más vino sin dejar de mirarse. Tras ese sorbo, a Laura la empezó a atormentar un absurdo sentimiento de culpa por lo que había pasado. Se sintió desleal. Pero le había gustado y como él siempre le recomendaba, trató de despejarse pensar en eso que acababa de pasar. Se distrajo mirando a otra pareja que también los observaba. «A la horca por incestuosos», creyó Laura que esa pareja estaría pensando y rio sola. Él tomó un poco más de vino…

-Tengo que estar un poco loco para hacer esto –dijo sonriendo.

« ¡¿QUÉ?! » pensó Laura mientras cambiaba su sonrisa por una boca cerrada de rabia. Lo odió. Ella había tardado en darse cuenta que cuando estaban juntos, eran tan iguales como cualquiera. Pero finalmente, lo había comprendido. Y con esa frase, Laura sintió que él se burlaba. Se paró casi por inercia y en cámara lenta. Estaba como mareada (y no por el vino). Cogió su bolso, lo miró con furia y decepción mientras empezaba a llorar y se fue. Así sin más. Caminó por varios minutos secándose las lágrimas cada dos segundos. Ya se había acostumbrado más a o menos a eso. Cuando se dio cuenta que estaba por llegar el otro local de La Posada del Ángel a donde no debía llegar, maldijo su suerte. Intentó tomar un taxi pero lo vio manejando muy rápido y haciéndole con la mano el gesto ese de "pare". Laura se quedó quieta esperándolo. Adentro del local empezó a sonar una canción de Calamaro demoledora para Laura. Se apoyó contra para la pared y continuó su llanto pero con más fuerza. Cuando él llegó a su costado y se dio cuenta de la canción, la tomó del brazo por debajo del codo y a jaló hasta adentro de su auto. Laura se tapó el rostro y siguió llorando. Él le quitó las manos y le cogió el pelo:

-Hey, ¡ya! ¿Por qué tanto drama? Sólo es una canción y tú eres una impulsiva que no me deja terminar las cosas.

Laura lo miro con lo que parecía un puchero sin intención. Él le sonrió y le dio un beso.

-Cálmate –le pidió.

Y empezó a manejar. A cinco minutos de ahí estaba su casa así que ese fue el destino.

-Conozco un vino mejor –le dijo a Laura antes de llegar a su departamento.


Ella sonrió. Otra vez, nada, NADA, era demasiado importante cuando se está con él. Las cosas pasan tan ligeras que acarician. Había habido un beso (dos) y una pelea. Pero la conversación puertas adentro fue, de lejos, lo mejor. 




''Soy ese beso que se da
sin que se pueda comentar.


Soy ese nombre que jamás
fuera de aquí pronunciarás.


Soy lo prohibido''



Y... no es broma cuando Laura se identifica con esta película:


23 de mayo de 2013

El bloqueo


Para escribir un post semanal en este blog, pienso primero en un tema central. No sé si lo han podido hallar fácilmente pero están. Hay que decir que este blog fue ideado y creado con fines académicos y si notan las primeras entradas, así fue. Las circunstancias personales o acaso la vanidad hicieron que me tropiece dentro de mi auto-impuesta "línea editorial". Todo se mezcló. No estoy segura si para bien o para mal. El eje central de este post es que el bloqueo de ideas no distingue temas. De verdad. Algunas veces me salvé a suerte súbita. Cuando de pronto, en medio de mi crisis existencial por no saber sobre qué escribir, aparecía una idea de la más completa nada. Yo creía que eso de «dejar que todo fluya y esperar que la inspiración llegue» era cosa de seudo escritores o blogueros con serios afanes de figuración. O sea, puro poserismo. Pero comprobé que no. (A menos que yo también sea una bloguera afanosa)

La inspiración me ha llegado casi al límite muchas, muchísimas veces y sobre eso he podido escribir. Pero ahora me llegó que no me lleguen las ideas que deberían llegarme. Ni siquiera Laura, la chica que a veces se filtra para hacerse de un post, ha llegado a asaltarme (tal vez sea porque anda tranquilita y feliz). Nada de la coyuntura nacional o internacional me llama lo suficiente como para querer pensar en ello por más de cinco segundos.

Mi bloqueo llegó a su máxima humillación cuando consideré como último recurso, subir algunos videos míos cantando, bailando y haciendo karaoke en mi computadora. De hecho, lo haré eventualmente porque ahora que lo pienso son graciosos y mi "chistosidad" merece ser de dominio público. Claro que sí. Pero el asunto no era ese. El asunto era que no sabía sobre qué escribir, no sabía qué había que podía ser interesante.

El bloqueo es un mal que acecha sin provocarlo. Es un mal malo. No sólo para un blog, sino también  para un texto universitario, un informe, lo que sea. Se nos antepone un Everest por escalar y hacemos cualquier tontería que esté al alcance (o no tanto) para atrasarlo. Procastinar, que le dicen, dejar todo para el último minuto. «Uy, me acordé que tengo que ordenar AHORA la ropa que no ordené EN TRES MESES». Por favor.

Los ascensores son raros. Las dos chicas a mi costado duermen. Pucha, que somos chatos los peruanos. Hace muchos años que no como algodón de azúcar. Debería aprovisionarme de dulce ahora por mi probable futura diabetes (gracias, papá). Siempre que se pone el saco azul, me gusta verlo más. Qué sueño. Hoy me acuesto a las 11.

Ahora, por ejemplo, acabo de tener un bloqueo en el párrafo anterior. No sabía qué más escribir a las 11:34 de la mañana del miércoles 22 de mayo que es hoy, que es cuando estoy escribiendo esto.

Hay que verle el lado bueno a las cosas, como Bradley Cooper. Todo lo que creemos perdido, no lo está.  Y si al parecer no tiene solución es porque nos espera algo mejor. Todo pasa cuando y porque debe pasar. Y Dios (o en lo que creas) mueve las fichas con precisión de reloj. Estar sin saber qué escribir. Estar bloqueada y escribir sobre el bloqueo fue algo que se me ocurrió de pronto. Ese es el tema central, no me estoy traicionando y creo que sirve. A borrones y correcciones se aprende y se mejora. Blocked. 




"Y yo me muero de…
ganas de decirte
que me muero de…
ganas de decirte
que me muero de…"




11 de abril de 2013

Laura entre testigos


Hay una Feria del Libro en la universidad. Laura la ve ni bien llega el lunes bien temprano.  Se acerca, pero no demasiado como para tentarse. Le parece, digamos, cinismo, tener tanto que leer para todos sus cursos y atreverse a comprar un nuevo libro que tendrá que esperar a que ella tenga aunque sea unos minutos libres. Se promete a sí misma no volver a aproximarse a ese espacio de lujuria literaria.

Su primera clase es en inglés. Pero a las 9 de la mañana sólo piensa en español porque sigue medio dormida. Cuatro horas de clase debería estar penado por la ley, se dice. Pero después de muchos temas coyunturales, la clase se termina (como todo). Laura llama a Brianna una, dos, tres veces; al cuarto intento le responde la llamada diciéndole que no van a poder almorzar juntas porque está en plena entrevista. Laura reniega pero lo entiende. Resignada a almorzar sólo con una de sus chicas, mensajea a Tania para juntarse. No puede, se sintió mal y se fue a su casa.

Laura está sola e indefensa en medio de su universidad porque no le gusta estar rodeada de mucha gente y sus mejores amigas siempre serán su gran multitud y confianza. Teniendo en cuenta que había salido algo temprano, le quedaban casi 3 horas libres hasta su próxima clase. Elige comer algo primero y, dadas las circunstancias, asomarse un poco a ver cómo iba y qué había en la Feria del Libro. Rompió su promesa.

Termina de comer unas poco sustanciosas galletas integrales y se dirige con el sol dándole en la frente, hacia el jardín artificial invadido por libros. Empieza a recorrer los stands. En el primero ve a Coelho y pasa a la velocidad de la luz, en el segundo ve libros educativos, bosteza y continúa. Se queda en el tercero porque vio "Austen" en una esquina. Como además de ese hay otros libros buenos, se queda unos minutos ojeando títulos. De pronto baja la mirada y ve un zapato. Sabía de quién era. Cumpliendo con las condiciones pre-establecidas y a pesar de saber con certeza quién era la persona que se había puesto impetuosamente atrás de ella, empieza a caminar hacia el costado. Pero él la sigue. Laura lo ve, le sonríe y mueve la cabeza como diciendo "¡Te pasas!". Él también sonríe y mientras se acomoda el pelo hacia un lado (como siempre) se vuelve a poner tras de ella y le dice:

-Ese no es muy bueno

-Entonces elige tú- le responde Laura


Él avanza hasta el fondo del stand y empieza a ojear libros de poesía y cuentos. Laura lo mira desde atrás mientras piensa que jamás había conocido a alguien que tuviera semejante paciencia para todo y tal amabilidad. Él nunca camina rápido, jamás se apura pero siempre está a tiempo, se ríe con todos los dientes y levantando la cabeza, es amable con todo el mundo y hasta le da palmaditas en la espalda al hombre que lo ayuda a encontrar libros. De pronto Laura se encuentra sonriéndole a su espalda, a su camisa azul. Él voltea y le enseña un libro; con la mirada le pregunta si ese le parece bien. Laura asiente y continúa revisando los stands. No pueden estar a menos de dos metros por mucho tiempo. Así son las cosas.Cuando llega al último stand, él se acerca, le dice algo al oído y se va. Otra vez la desafía, una vez más no sabe si habla en serio o en broma, otra vez propone, otra vez esa sonrisa con el sol  que también ilumina su pelo castaño.

A Laura todavía le queda una clase más. Pero esas dos horas pasan muy rápido y mientras se está yendo, recibe un mail enviado en ese preciso instante:

Vemos qué hacemos. Que sea lejos.

Claro que lejos, piensa Laura, no hay muchas más opciones. Ya sabe que es en ese distrito con puente y suspiros, ya sabe que será en su balcón. Sólo queda saber si maneja él o ella. Maneja él y mientras tanto, Laura busca emisoras. ¿Cuál será buena para él?, piensa. Pero deja todo cuando escucha el inicio de una canción que le gusta y se prepara para el reproche.

-Esa canción demuestra que nada bueno puede salir de copiar a Luis Miguel.

La canción es Azul de Cristian Castro. A Laura no le importa que él se ría de ella y la empieza a cantar. Él saca una mano del volante para taparle la boca mientras Laura lo esquiva y sigue gritando cantando. Se ríen y cuando empieza el coro es una locura. Él canta la segunda parte porque la sabe y Laura sabía que él sabía. Para todo eso hay que estar algo locos. Hay que salir por la puerta falsa y con cautela, mientras se revisan coordinadas, sonreír por el atrevimiento.  



''And so today, my world smiles, 
Your hand in mine, we walk the miles, 
Thanks to you it will be done''



15 de noviembre de 2012

Un plan


Laura reniega porque a mitad de su camino hacia la universidad, se nubla totalmente y la ropa que había elegido para ese día, de pronto ya no es la más adecuada. Eso es lo que sucede cuando se vive en una ciudad como Lima, en donde en un solo día (tal vez en una sola hora) se pueden experimentar todas las estaciones del año. Pero ya no había vuelta atrás, no podía regresar a su casa y solamente quedaba soportar el gris del cielo y lo frío del viento con una blusa hippie blanca y un jean wash-algo (eso quiere decir que es un jean claro, lavado exageradamente) como único escudo protector.

Entonces llega a la universidad, espera 11 segundos para cruzar la pista y camina. Entonces le molesta tener que buscar un carné para poder entrar. Entonces encuentra su carné, se lo enseña al vigilante y puede ingresar. Entonces camina. Entonces sigue caminando para ir a la biblioteca. Entonces lo ve entrando. Entonces está segura que es él porque sólo él camina tan despacio, tan "como si no le importara el mundo, tan de costado, tan con la frente en alto pero mirando hacia abajo.

Ella levanta la mano en señal de saludo y él se acerca. Que él tiene una clase en 5 minutos, que ella tiene que hacer un trabajo. Que él iba a terminar antes de las 12 y que había cancelado todo para después, que ella podía esperarlo y después seguir la conversación. Que él le sugiere que lo vaya a buscar a un lugar donde ella tiene prohibido estar, que ella…

-¡¿Qué?! No, no, no, ¿cómo voy a ir ahí? – protesta Laura por ser, de verdad, una idea completamente exorbitante.
-Pero vas a saber lo que es adrenalina. Bah, vamos a saber.
-Pero yo no puedo. O sea, así quiera, no puedo.
-Para todo hay maneras. Yo te digo qué hacer. Y si algo sale mal será por tu falta de precisión en los planes.

Y Laura lo mira mientras sonríe, achina y mueve los ojos. Y él le dice qué hacer. Por supuesto, eso no garantiza que todo salga bien. Por el momento, Laura debía hacer un trabajo y él irse a una clase así que se despidieron y cada uno por su lado. Pasó el verano, el invierno, el otoño, la primavera y llegó el verano otra vez. O sea, pasaron unas horas y ya debía ir al "lugar".

El "lugar" es un espacio dentro de la universidad al que no cualquiera entra. Es decir, no cualquiera entra a todos los pequeños lugares dentro de ese sitio. A menos que tengas un carné diferente. Pero ella iba a entrar y lo iba a ver. Casi robóticamente se acercó al lugar y empezó a llegarle a la cabeza la voz de él dándole instrucciones.

Entra, mira la placa gigante que está a un costado y di que quieres ir a la oficina de lo que sea que esté al final de la placa porque quieres hacer una consulta.

-Hola, quiero hacer una consulta en la oficina de… Humanidades.
-Su nombre, alumna.

No des tu verdadero nombre

-Sandra Fernández
-La Srta. Sandra Fernández se dirige al 5to piso – anuncia la secretaria a un micrófono
.

Sube las escaleras, no el ascensor, pero no vayas hasta el último piso, quédate antes…

Después de pasar la seguridad aeroportuaria del "lugar", Laura subió las escaleras corriendo pero se detuvo en el tercer piso.

Y bajas de nuevo, pero al sótano. Laura, no dejes que te vean.

¿Cómo diablos iba a bajar hasta el sótano y pasar inevitablemente por el primer piso sin que nadie la note? No importa, pensó Laura. Hay que arriesgarse. Y así comenzó a bajar las escaleras con cuidado y antes de llegar al primer piso, empezó a ir más rápido. Cuando logró aterrizar, aprovecho la distracción de la secretaria y corrió hasta el sótano. No había nadie pero ella sentía que cualquier persona podía bajar y verla en cualquier momento. Miraba alrededor como esperando un ataque zombi y él salió detrás de una puerta que Laura no había notado. Sale con sus cosas en las manos. Pero escuchan el sonido de un walkie-talkie (?) y Laura de pronto le quiere pegar. No hay tiempo. Él abre una puerta que parece de caja fuerte y la hace entrar. Es un espacio más o menos grande. Una vez adentro empiezan a reírse como locos. Se ponen cada uno a un lado de la pared frente a frente. Siguen riéndose. Él le señala con el dedo que se calle, que no haga ruido. Pero él esta sonriendo y ella se contagia, se tapa la boca pero sonríe.

-Vas a salir como si nada, si pones la cara de siempre, ya sabes…
-Sí, ya sé, permiso

Después de haberse reído tanto, a Laura le daba un poco igual lo que pase, algo que no es común en ella que siempre es minuciosa y perseguida por todo. Abrió la puerta y el salió atrás de ella, vieron la puerta transparente que da a la cafetería y salieron como cualquier persona e, incluso en el grado máximo de cinismo, compraron dos galletas y dos botellas de agua.

 Y caminaron por la universidad como él dijo: "como si nada" hasta llegar al estacionamiento.

-¿Sabes manejar? –pregunta
-Si, creo. Pero no tengo licencia – responde Laura con cara de pánico.
-Entonces sí sabes manejar.

Y la mira con esa mirada cómplice que ella ya conocía, la misma que le dio unos meses antes, cuando quería que deje de tener ese semblante fantasmal.

-No, no puedo hacer eso, por favor –implora Laura con total raciocinio
-Pero vas a estar conmigo
-¿Y si choco tu carro?
-Tiene airbag.

Laura estaba decidida a seguir negándose hasta que volvió a verlo sonreír y recordó que unos minutos antes nada más, había estado en un lugar en el que no debía, que se había reído con alguien con quien tal vez no debía haberlo hecho tanto y que compró galletas y agua.

-Ya, voy a manejar. Pero con una condición.
-A ver –le respondió él con mirada desafiante y con los ojos más dorados que nunca por el sol.
-Vamos a escuchar  la música que yo quiera.
-Está bien

Entonces le alcanzó las llaves a Laura y ella, aunque con dudas, se sentó en el asiento del conductor. Sacó su mp4  y un cable. Lo conecto al equipo del carro y empezó a elegir canciones. No iba a ser divertido si, de pronto, ponía The Smiths (ya los habían escuchado mucho) así que eligió una canción un poco más sorpresiva…


Y Laura empezó a manejar sin dejar que él le diera algún consejo, salvo este (por estrictos motivos de seguridad)

-Ponte los lentes de sol para salir.

Se los puso y siguió manejando.

-Yo te dirijo, tú sigue.

De pronto la voz de Katy se hace más fuerte, él se ríe y ella lo mira reírse. Sabe que esa canción le debe parecer una cosa horrible y sin embargo, él empieza a mover la cabeza y trata de imitar la voz de la cantante. Laura no lo puede creer.

El sol se hacía más intenso y Laura decide amarrarse el pelo. Se siente un poco más adulta. Él la mira e intenta tomarle una foto con el celular. Ella lo tapa, no lo deja. Y vuelven a reírse.

-¿Te gusta Pimpinela? –Se arriesga Laura
-(Se ríe) Y me sé todas las canciones
-¿En serio? No te creo.
-Yo voy a poner una y vamos a cantar.

Y se fueron cantando, sin darse cuenta de muchas cosas hasta que Laura vio el mar de lejos. Había manejado sin demasiada presión y con tranquilidad, lo había visto elegir una canción y ponerse a cantar sin importarle nada. La brisa, sus lentes, el sol en la cara y en los brazos, su pelo tan castaño, su camisa inquieta por el viento.
















La canción.

''Ay, señorita, yo no soy Varishnicow
pero baile esta canción
y deme su compañía.

Ay, caballero, yo no se qué quiere usted
pero debe comprender
que soy chica de familia''


1 de noviembre de 2012

El primer primero


Entonces, como no había escapatoria, Laura tuvo que ir a la misa que iba haber en su colegio por la fiesta patronal de su salón (larga historia: en su colegio cada salón tenía un santo o santa el cual en alguna fecha determinada, celebraba su fiesta patronal; se hacía una misa y una reunión para festejar). Curiosamente y tal vez, sarcásticamente, la celebración de la "Virgen del Pilar" se celebraría el 31 de Octubre y Laura tenía que estar ahí, no había otra opción.

Ese día, también, Laura iba a encontrarse con Oscar, el chico con el que menos de una semana atrás cuando Calamaro cantaba "Te quiero igual" se había dado el beso más lindo que ella hubiese podido imaginar.

Pero ni siquiera pararse en medio de su salón a decirle a un profesor que no podía asistir a la misa porque tenía un compromiso sirvió para escaparse. Por lo tanto, llamó a su mejor amigo Fabricio para que la recogiera en su casa, fueran volando al colegio y con las mismas, regresar e ir al Jockey, el lugar donde había pactado verse con Oscar (como siempre)

Cuando llegó al colegio, estaba oscuro y sólo había velas. Cada salmo, cada parada, cada sentada, cada ofrenda, cada evangelio le parecía una eternidad a Laura y cuando al fin el calvario terminó, miró a July y a Isabel, sus mejores amigas, se despidió de ella y ambas le desearon suerte. Sabían que Laura esperaba algo, quería algo, todo se definía esa noche.

Así, Laura salió cual pulga del colegio y corrió, literalmente, hasta su casa. Cuando llegó, entró a su cuarto se cambió el uniforme y empezó a mirarse en el espejo. Vio una crema que hacía mucho tiempo no usaba y se la puso en el pelo. Hasta ahora esa crema dura, hasta ahora cuando Laura se la pone recuerda ese día.

Se iban a encontrar en el Jockey y su mamá le pidió llevarla. Laura aceptó. Habían quedado en verse a las 8 pm. Entonces, ella y su mamá salieron de su casa hacia la esquina de la calle para tomar un taxi. El ambiente es ese que todos sienten alguna vez: es una noche donde a pesar de no haber demasiado alboroto, sabes que algo pasa, es Halloween.

Mientras esperan el taxi, un mensaje llega al celular de Laura: Oscar le estaba diciendo que se iba a demorar en llegar al menos una hora. Catástrofe. Si ella le decía a Marina, su mamá, que Oscar se iba a demorar, no la iba a dejar ir. Resignada, se subió al taxi y se preparó para esperar en medio de la zona de los cines, el lugar del encuentro.

Llega al Jockey, se despide de su mamá sin siquiera pactar una hora de regreso y empieza a caminar hacia los cines. Desde el Ace Home Center (que ya no existe) vio a muchos niños disfrazados y sintió sus nervios, sin disfraz alguno. Se sentó en una de las bancas y empezó a escuchar música. Al rato fue al baño a arreglarse. Salió, volvió a sentarse y lo vio llegar.

Oscar y Laura empezaron a hablar de una manera incomoda, sabían que el domingo se habían besado y sin embargo ninguno parecía querer empezar; eso, para Laura, era demasiado. Teniendo en cuenta que en toda la semana el beso no había sido siquiera mencionado.

Entonces hablaron, hablaron, hablaron y hablaron. Pero el Jockey cierra temprano y no parecía haber pasado demasiado tiempo, al menos Laura sentía que faltaba más.

-¿Quieres ir a mi casa? –pregunta ella

Y Oscar aceptó. La mamá de Laura los recogió y en el taxi Laura empezó a sentirse nerviosa.

Llegaron. Entraron a la sala, se sentaron. Hablaron un poco más de cualquier cosa. Laura quería que hablaran de ese beso. Pero Oscar parecía no estar enterado. Cuando se quedaron en silencio, a ella se le ocurrió una idea rápida para cortar la tensión:

-¿Pelea de almohadas? –sugiere

Y empezó a disparar almohadas sin que Oscar haya siquiera contestado.

Así empezaron a jugar. Cuando se detuvieron ocurrió otro silencio. Pero este se corto casi de inmediato. No hubo una transición dramática para empezar a hablar del tema, simplemente empezó.

-¿Crees que debemos hablar de algo, no? –Pregunta Oscar (por fin)

-Sí…
-Mira, yo no quiero que pienses que…


Ya está. Laura se imagino en microsegundos lo que vendría: Laura, yo no quiero que pienses que el beso fue en serio. O sea, fue cosa del momento, nada más. Pero no fue así y Laura se iluminó.

-No quiero que pienses que fue solo cosa del momento, yo de verdad quería hacerlo. –terminó Oscar.

-Qué bueno, yo tampoco quería que pienses que yo hago esto con cualquier chico y menos cuando… no… estoy…. con él.


Y no dijeron más por unos segundos. Después de eso, Oscar le dio, casi de inmediato, la mejor invitación con la voz más tierna: ven, le dijo. Ella se acercó y el la abrazó como protegiéndola, se volvieron a besar. Pero Laura ya había dado un paso. Era obvia la indirecta. Laura quería ser enamorada de Oscar y trató de deslizar esa intención. Evidentemente, Oscar se dio cuenta y empezó a analizar situaciones y probables daños colaterales importantes:

-Nosotros vivimos lejos y sería difícil, nos veríamos muy poco.

-Si cada vez que nos vemos va a ser así de lindo, entonces no importa –le respondió Laura.
-¿Quieres estar conmigo?
-¿En serio me dices?
-Sí
-Sí

Era ya 1ro de Noviembre y volvieron a besarse, esta vez, como enamorados. Laura estaba extasiada, plena. Lo miraba y era feliz. Oscar empieza a hablar y sugiere poner una canción entre todas las que estaban en su mp3 ya conectado al equipo de música de la sala, una canción que Laura nunca en su vida había escuchado y que en el momento en que empezó a sonar, sabía que era ese momento, esas letras y esa música, lo que quería que quedara en su memoria por mucho, muchísimo tiempo más. Sobre todo porque Oscar alteró la letra para ella.

Después de ese 1ro vinieron 3 más: uno, en el 2009 celebrando el primer año transcurrido desde ese día, donde Laura terminó borracha y feliz luego de haber bailado "Twist and shout" mirando a los ojos a Oscar y sabiendo que no podría estar más enamorada.

Otro más en el 2010 que empezó con una pelea por MSN (ay, las cosas de Laura, porque seguramente fue su culpa) pero que terminó con un regalo hermoso: una grabación de Oscar hablándole en forma de carta, con palabras hermosísimas.

Y uno último, en 2011, celebrado en un bar alucinante del centro de Lima, junto a los mejores amigos de Oscar. Ese fue lindo, fue perfecto. 3 años más viejos y más enamorados, ¿no? Celebraron tomando una cerveza en el piso de la pista de baile porque no había sitio.

Hoy, 1ro, sólo hay letras. Es de madrugada y Laura sólo quiere dormir. Oscar, en otro lado, seguramente. Los últimos 1ros fueron hermosos y especiales. Esos ya no están. Ni siquiera Laura y Oscar son los mismos.

El primer primero de Laura es hoy. No el más perfecto pero sí el más difícil. Los que vengan, tal vez serán menos duros, serán una sonrisa y no tantas lágrimas. O al revés. Días nuevos, los de antes ya no andan, ya no van, ya no están. Laura se siente frágil cuando piensa en Oscar y él, no se sabe, Laura no sabe lo que él siente.

Laura sabe que Oscar sabe quién es. Y ella, ella es ella. Sabe que está metida en un lío y que por ahora no sabe cómo salir. No hay peores experiencias de las cuales haya salido. Esta es la suya. Esta es la que tiene. Es primero y Laura quiere igual.





''Agárrate fuerte a mí, ... 
Agárrate fuerte a mí 
que tengo miedo 
y no tengo donde ir''