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6 de noviembre de 2014

50 veces Serrat

Junto a su inseparable taburete, Serrat empezó a conquistar al público, primero en catalán y después en español. Fue en febrero de 1965 cuando jovencísimo y pelucón, tuvo su primera aparición frente a una audiencia en el estudio Toreski de Radio Barcelona durante el programa Matinal Radioscope -ahora que lo pienso, me cuesta perdonarme el haber estado en España y no haber visitado Barcelona. Hubiese sido bastante peculiar ver a una peruana atrincherándose en cada lugar significativo en la vida no solo artística de Serrat como si fuesen santuarios- Y el próximo año se conmemoran 50 años desde la presentación en el estudio Toreski. Es decir, desde que el Nano pisó un escenario y lo hizo suyo para siempre. Es probable que muchos veinteañeros no tengan idea de quién es este artista catalán pero para reconocerlo más fácil y puntualmente habría primero que decir que es y será uno de los mayores referentes de la trova y la música en general y que además ha significado una fuente de inspiración para cantautores cuyos nombres probablemente les suenen más como Joaquín Sabina, Pedro Guerra, Jorge Drexler, Ismael Serrano, entre otros. Así que si corean Princesa porque es la única canción que se saben de Sabina o Todo se transforma, dando el mismo ejemplo con Drexler, recuerden siempre, pero siempre, que quien sembró semillas en todos esos grandes cantautores fue Serrat. Me disculpo por la agresiva que puede sonar esta afirmación pero en cuanto a pasiones se trata no me parece que alguien deba ser enteramente racional. 

Y más allá de sentimientos, puedo decir que a lo largo de su vida Serrat ha demostrado que hablar de él no solo es hablar de poesía y música sino también de política, derechos humanos y sobre todo, de coherencia. Desde que allá por 1968 Serrat se negara a actuar en el Festival de Eurovisión –donde fue elegido para representar a España- si es que no se le permitía cantar en catalán –su lengua materna- hasta su exilio en México en 1975 tras ser abordado en pleno aeropuerto por los periodistas. En aquella  valiente ocasión, el Nano  se declaró públicamente en contra de la dictadura franquista y sus medidas represivas. Después de eso no solo se vetó su música sino que se ordenó su búsqueda y captura. Joan Manuel Serrat ha demostrado su entereza como un hombre de pensamiento y acciones constantes, aplaudiendo cuando ha tenido que aplaudir y condenando cuando lo ha creído necesario, con una postura frente al postureo -no sé si existe pero me encanta esa palabra- y a la ''aristocracia del barrio'' Precisamente de estos años nacen sus canciones más combativas comparables tal vez a las de Violeta Parra, una maestra de la sencillez y la profundidad con lo folclórico a la vena en cada una de sus composiciones, que así cala más. En fin, ya pasado el exilio y después de la tormenta dictatorial que atestaba algunos países de Latinoamérica, el catalán pudo volver a girar. Lástima que no tanto Perú, este país sediento de trova -¿o solo soy yo?- en el otro lado del charco. 

Serrat y el Perú
Una visita que pasó casi desapercibida y que, sin embargo, supuso una de las mejores presentaciones de Serrat en la televisión debido a la selección de temas y duración –pues se trató de un mini recital de 40 minutos- fue una que realizó en nuestro país hace más de cuarenta años, exactamente en 1972 -si no hubiesen faltado tantos años para que yo naciera, ya podrían haberme visto ahí, como una directioner persiguiéndolo por todo sitio-. Esta presentación para canal 4 –en blanco y negro, por supuesto- comenzó con una pequeña entrevista  a Serrat realizada por una jovencísima Sonia Oquendo. El cantautor español toreaba y esquivaba preguntas superficiales como: ‘’ ¿tienes algún tipo ideal de mujer’’ o ¿cómo te ves de aquí a diez años?’’ con elegancia, sarcasmo y una mirada, que expresaba inteligencia -suena raro, pero es verdad, ahí está el vídeo en Youtube-. Serrat interpretó en aquella presentación, canciones que el día de hoy se han convertido en clásicos de la música en español como ‘’Vagabundear’’, ‘’De cartón piedra’’ y ‘’Aquellas pequeñas cosas’’, canciones de esas que ya no se hacen, que ya no se usan, que son poesía y perfección pura. Serrat tuvo muchas Monalisas hechas canción.



Serrat en Canal 4.

L
En febrero de 2015, se cumplen 50 años desde que este cantautor ‘’hizo camino al andar’’ por los escenarios de España y Latinoamérica y lo celebrará por todo lo alto y con calidad: con una gira y disco nuevos. ‘’Antología desordenada’’ es el nombre de su nuevo material, en donde 31 artistas de diversos géneros como Joaquín Sabina, Calle 13, Alejandro Sanz, Lolita Flores y Rubén Blades, ¡Les Luthiers!, entre otros, se han dado el lujazo de hacer dúo con el maestro de los maestros de los maestros de la trova. Por lo pronto, las entradas para sus conciertos en Chile y Argentina el próximo año ya están a la venta y el Perú sigue a la espera. Medio siglo de carrera artística constante y exitosa no lo celebran todos los días cantantes de medio tiempo y que muchas veces están de paso, lo celebran íconos de la música como Serrat, que tiene con toda Latinoamérica ‘’algo personal’’.

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Y ahora heme aquí, escribiendo esto mientras veo cómo se agotan las entradas para los conciertos de Serrat en Argentina y Chile. Solo en esos dos países me parece que hasta tiene más de diez fechas. Estoy aquí sentada sin ninguna señal de que mi Nano vendrá a Lima y de conseguir ''Antología...'' ni hablemos. Tengo dos sentimientos y ambos muy opuestos: en primer lugar, la felicidad de saber que Serrat, de retiro no quiere saber nada y la tristeza de que es muy probable que no lo vea en concierto ni consiga el nuevo disco -en físico, claro-. A menos que no me importe nada... a menos que viaje... a menos que al final, todo esto de la pasión y admiración que siento por él no se haya hecho para nada más que ''para la libertad''. 





''Por la mañana rocío,
al mediodía calor,
por la tarde los mosquitos:
no quiero ser labrador''.

A llorar.



2 de octubre de 2014

Decisiones en una pirámide invertida

Desgrabar una entrevista es terrible, conseguirla es incluso peor… conseguir un número en los registros públicos, llamar, explicar cómo has conseguido ese número, pedir una cita, al menos a mí, me hace sentir la persona más acosadora del planeta. Antes me daba vergüenza incluso llamar, ahora simplemente me da miedo que acepten y la cancelen el mismo día, tal vez 10 minutos antes. Pero eso no es excusa, si dices que no pudiste hacer una entrevista, tu profesor, editor, jefe, etc., te preguntará por tu carta bajo el brazo… siempre hay que tener un plan B y lo más probable es que ese segundo plan cambié todo el rumbo del reportaje, crónica o nota.

Tener todo el material posible, ordenarlo, pautearlo. Eso no garantiza nada. El bloqueo es, más que un evento extraordinario, lo más común. Puedes estar minutos viendo una hoja vacía sin presionar una sola tecla. Cuando por fin sale la primera línea, la borras una y otra vez. Porque, evidentemente, si el inicio no captura lo demás no sirve para nada.

Editar. No sé si habrá un martirio más doloroso que este. Para algunos periodistas, que prefieren una hoja llena de borrones junto a un lápiz y que tal vez no hayan comprendido por completo al Word, un programa de edición –para un reportaje, por ejemplo- es como un gran laberinto que se forma y crece frente a nosotros. Nada es más estresante que esperar a que suba un video, que un botón equivocado borre todo lo avanzado y si es que después de eso logramos terminar, exportar ese reportaje se vuelve una pesadilla.

En los años que llevo en la universidad y durante el tiempo que han durado todos estos procesos: reportajes, ediciones, textos y entrevistas, me ha preguntado muchas veces si en realidad soy buena para esto o si disfruto hacerlo. La verdad es que mientras todo esto sucede es tanta la adrenalina y el estrés que se siente que no queda mucho tiempo para responder a estas preguntas. Pero cuando ves el resultado después de tanto esfuerzo, que incluye desde sueño sacrificado hasta malabares periodísticos de todo tipo, es cuando uno mejor se siente. No hay nada… NADA… más reconfortante que poner el punto final o ver un reportaje terminado.

Aún no soy periodista y después de haber vivido un poco más de experiencias en este último año, empiezo a preguntarme cada vez más si estoy segura de que esto es a lo que quiero dedicarme en los próximos años. Todavía no lo sé, mucho menos lo decido. Lo que sí sé es que gracias a la carrera que elegí y que ahora estudio, he conocido gente increíble con historias increíbles; desde actores hasta personas no públicas pero extraordinarias, he estado en lugares que muy pocas veces o tal vez nunca me imaginé estar y eso es lo que más satisfacción me produce.

Por eso me parece raro que me saluden por el día del periodista, porque con muchíiiiiiiiiisima de la experiencia que yo tengo –si no es más- existen muchos periodistas que se arriesgan día a día por contar, descubrir y difundir historias importantes muchas veces con presiones políticas y empresariales. Son muchos los periodistas peruanos que se han arriesgado mucho, unos encontraron la muerte y otros pasaron muy cerca de ella. Por los periodistas de Uchurraccay, Gustavo Gorriti, Ángel Páez… por ellos, que hacen que la labor del periodismo sean tan honorable. Por ellos que decidieron y deciden más y mejor que los que todavía ni empezamos.





''Ya ha corrido mucha agua debajo de este puente 
Me ha sobrado y me ha faltado inspiración 
Puede ser que suene muy desafinado 
Es que me desafina el corazón 

Vamos hoy a levantar la copa del amigo 
Necesito estar lo mas cerca que pueda de ti 
Y fundirme con tu espíritu divino 
Y sentir que, si, se puede ser feliz'' 








6 de marzo de 2014

Yo quiero ser una chica Almodóvar

La primera vez que estuve en un taller de teatro fue cuando tenia 11 años. Estaba en el colegio y me inscribí en ese taller porque el atletismo no era lo mío. Ni lo es. Definitivamente. Así que puse mi firmita inocente de niña en un papel y tenía que presentarme en el auditorio del colegio el siguiente lunes a las 4 de la tarde. Cuando llegó ese día, estaba muy nerviosa porque ya todos se conocían, el taller había empezado cuatro meses antes y yo me convertí en ''la nueva''. 

No eramos muchos, sólo siete personas: cuatro niñas y tres niños. Hacíamos ejercicios de improvisación que fueron los que más me gustaron. Intentábamos cambiar nuestras voces, mirarnos fijo entre nosotros sin reírnos, hacer monólogos y mientras todo eso pasaba, en la ultima media hora de cada clase, ensayábamos para presentar una obra de Navidad para la clausura del año escolar. Me sorprendí cuando mi profesor me dio el papel que más diálogo tenía junto al del protagonista. No me pareció justo porque de todos, yo era la que menos tiempo tenía haciendo el taller pero alimentó mi ego infantil increíblemente. No lo voy a negar.

Entonces un 20 de diciembre, estaba yo leyendo mi texto frente al espejo del baño del colegio mientras mis amigas y compañeras de salón se arreglaban para presentar un baile. Me sentí un poco diferente a ellas, a pesar que a mi también me gustaba bailar. Pero me emocionaba mucho más salir a actuar por primera vez. 

Cuando ya faltaba poco para empezar, fuimos caminando con todos los chicos del taller por detrás del escenario hasta llegar a un lugar en que no nos veía nadie. El profesor nos dijo que teníamos que estar tranquilos, que nos estábamos divirtiendo y casi sin darme cuenta, grité: ¡MIERDA! junto a todos y me sonroje un poco. ¡Tenía 11 años!

La segunda vez que estuve en un taller de teatro fue cuando tenía 12 años. Fue en el Museo de la Nación durante las vacaciones de verano antes de empezar la secundaria. La mayoría de los alumnos eran menores que yo pero aún así lo disfruté. Hicimos ejercicios diferentes. Usábamos mas el cuerpo y tratábamos de conectarlo directamente con la voz. Aprendí muchísimo.

Luego lo dejé por completo. Alguna vez, cuando tenía 16 años, pensé en estudiar teatro como carrera pero me desanimé por miedo. No me pareció un respaldo importante. Todavía estoy tratando de decidir si eso fue un error o no porque finalmente decidí estudiar periodismo y no me arrepiento. Aunque el teatro siempre fue una asignatura pendiente. 

El año pasado, estando en Madrid, decidí que cuando regresara a Lima empezaría proyectos propios, haría cosas que dejé de hacer. En resumen, me liberaría un poco más de lo que ya estaba. Entonces pasó. Unas semanas después de regresar, vi que en marzo empezaba un taller de teatro con Paul Vega en el Instituto Italiano de Cultura coordinado por La Plaza. Pensé en la universidad, en los horarios y todo eso. Pero terminé diciéndome que esta era la oportunidad, que si no lo hacía ahora no lo haría nunca. Y me inscribí.

Ya tuve dos clases y estoy estudiando un texto para la tercera clase. Haré mi primera escena y me intriga y emociona al mismo tiempo. No sé si quiera llegar a ser una actriz conocida o algo así. Lo único que sé es que, como dijo una mujer madre de familia de cuarenta años en este mismo taller, NUNCA ES TARDE PARA EMPEZAR A HACER LO QUE TE GUSTA. Aún si sólo tengo 21 años y lo aplacé por un buen tiempo. Ya era hora.




''Yo quiero ser una chica Almodóvar (...)
y no parar de viajar del invierno al verano,
de madrid a new york, del abrazo al olvido,
dejarte entre tinieblas escuchando un ruido
de tacones lejanos''


7 de febrero de 2013

Vocaciones simultáneas


¿En serio es posible que la carrera que estudiamos en la universidad sea nuestra verdadera y real vocación? O sea, ¿tendrá esa especialidad el monopolio absoluto de nuestros deseos?  Tal vez lo que disfrutamos hacer sin casi reparar en ello, es nuestra vocación alternativa. Sólo que ni siquiera podemos convencernos de expandir esa otra pasión con el afán de, en un futuro, sostenernos de eso. Por eso estudiamos lo que estudiamos. En caso que exista la posibilidad de que la persona que está leyendo esto estudia en la universidad, en un instituto o en donde sea, una carrera que odia  por darle gusto a alguien (cualquier alguien) o por la absurda idea de la soñada rentabilidad de una especialidad, decirles que no soy ninguna transgresora si advierto que podrían estar malogrando su vida. Mi mamá siempre me dice que no importa qué hagas, si te gusta, te irá bien.

Sin acercarnos demasiado a los extremos, me parece que todos hemos soñado alguna vez con ser algo que en realidad sabíamos que no íbamos a ser nunca. Tal vez es demasiado pesimista de mi parte, tal vez hubo quienes lograron ser astronautas, profesores de sonrisa eterna, veterinarios sin residuos de suciedad, físicos cuánticos, etc. Pero es probable que a los que fuimos menos constantes y en el camino encontramos aspiraciones menos impresionantes pero apasionantes a nuestra vista y cerebro, nos haya quedado un mini-bicho-espina-cosquilla de hacer lo que alguna vez, de repente con 5 o 6 años, quisimos ser.

Yo decidí que quería estudiar algo relacionado con los medios, la prensa, la televisión, los diarios, etc., cuando tenía 9 años o un poco menos. Periodismo, así con todas las letras, a eso de los 12 años. Lo que me pasó fue algo extraño porque en simultáneo a mi decisión por el Periodismo, estaba mi intención en el show business. Sí, suena raro.

Antes de decidirme a estudiar Periodismo e incluso una vez elegida mi carrera, seguía con esa inquietud interior de ser cantante o actriz. Cualquiera. No me importaba cuál de los dos, yo quería algo relacionado a ese tipo de arte, quería ser una especie de "performer". Estuve en clases de teatro, actuación, clown, etc. Pero nunca lo vi como algo a tomar en serio, nunca fui constante con esos intentos. Tal vez porque no confiaba en mí y no está mal decirlo. Me veía chata, sin mucha gracia y definitivamente no rubia. Esos años inmaduros, cuando pensaba que había que ser perfecta para intentar algo artístico. En realidad, tal vez sigue siendo así.

Hasta que nunca más practiqué nada relacionado al canto o a la actuación. Es decir, nada académico. A veces canto cuando estoy sola porque me relaja y, bueno, actúo siempre que puedo en la vida real. Lo que intento decir es que de repente no está mal ansiar otras cosas o tal vez deslumbrarse cuando se es testigo de algo que una vez soñamos. Aquí está mi ejemplo:

Me he vuelto, repentinamente, una adicta a las alfombras rojas, Fashion Police, buscar entrevistas a actores y actrices en YouTube y en ver películas recientes para después googlear a los protagonistas para saber de sus vidas. Me pasa lo mismo cuando escucho canciones nuevas de CUALQUIER género y lo que hago es algo un poco patético: anotar el nombre de las canciones que me gustan y debatir conmigo mismo a ver si puedo intentar cantarlas. Recientemente descubrí a Roció Dúrcal y a Pasión Vega.

Desde que empecé a ponerme así (no se me ocurre otra forma de introducir) alucino cuando veo a Kate Winslet, Helen Hunt, Emily Blunt, Jennifer Garner, Claire Daines, Mila Kunis, Sofia Vergara, Jessica Chastain y mis dos últimas obsesiones: Jennifer Lawrence y Bradley Cooper (este último es adonis y desplazó a Chayanne en mi top 1 de Hombres Perfectos) Porque a veces es divertido imaginarnos a todas estas personas con vidas perfectas, porque verlas usar vestidos carísimos y ser nominadas a un Golden Globe, a los SAG Awards o a los Oscar es algo que solo puede entenderse diciendo WOW. Tienen una vida fabulosa, seguramente. Pero siguen siendo personas. Lo interesante de todo es que por unas horas y en una pantalla, se convierten en criaturas perfectas, sonrientes, impecables y son la parte ilusa de toda vida, que después y a pesar de todo, entretiene y hace soñar.

Kate Winslet

Jennifer Garner

Helen Hunt

Emily Blunt

Jessica Chastain

Jennifer Lawrence

Yo sueño con ser nominada a "mejor actriz de reparto" (no "mejor actriz" porque la aburrida de Anne Hathaway o Meryl Streep me ganarían en una) casarme con Bradley Cooper para posar juntos en la alfombra roja y decir: I'm wearing Carolina Herrera.


Bradley ''mi vida'' Cooper


Mi realidad, sin embargo, es más emocionante: ser periodista. 


"Come on babe
why don't we paint the town?
and all that jazz.
I'm gonna rouge my knees
and roll my stockings down
and all that jazz"