Mostrando entradas con la etiqueta 2014.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2014.. Mostrar todas las entradas

26 de noviembre de 2014

El paseo de la no vergüenza

Ya tengo varias semanas a cuestas viviendo a la española y la idea de regresar me parece cada vez más absurda. Aún quedan muchas cosas por hacer y ciudades que visitar. Por eso es que estoy en el bus que me lleva de regreso a Madrid desde Segovia. Ha sido una visita corta de medio día. Es suficiente. Eso es lo bueno de España, pienso, todo está tan cerca que en un día puedes tachar una ciudad más del mapa. Y conocerla bien. Me queda una hora más de viaje hasta la estación. Quiero salir esta noche. Tengo que aprovechar las oportunidades. Vivo a media hora del centro de Madrid, en un pueblo que se llama Villaviciosa de Odón, donde nunca pasa nada, donde la emoción pasa por esperar el bus que me lleva hasta Príncipe Pío. Me lo merezco.

Esta noche hay que salir. No hay otra opción. Miro a mi alrededor: todos mis compañeros de viaje duermen. Mis amigos. La familia internacional que he hecho en este absurdo genial que viene siendo la experiencia en Europa. Supongo que nadie querrá salir hoy. A lo mejor proponen comer una pizza de 2 euros en Sol y eso es todo. No puedo permitirlo. Cierro los ojos porque el sol incandescente del atardecer me abruma. Ya los convenceré.

Llegamos a Madrid eso de las siete y media de la tarde. Salgamos, digo, vayamos de tapas, a bailar o a caminar borrachos por la Gran Vía. -¡Ya lo hemos hecho antes!-. Los convencí. Quedamos en encontrarnos en Sol, exactamente en el Oso y el Madroño, a las once de la noche. La amiga con quien el viaje se me hace más ligero me echa una mirada de esas que dicen ''vamonos'' sin hablar. Tenemos que tomar el metro y después el tren. Son casi 40 minutos hasta Vallecas. Pasan rápido cuando se conversa bien. El olor a hierbabuena me dice que ya llegamos. Este lugar tiene edificios y plantas, es tranquilo, familiar y podría jurar que hasta misterioso. 

Mi amiga y yo cenamos paella congelada, vemos televisión un rato, nos cambiamos y casi como llegamos, caminamos de nuevo a tomar el tren, que está lleno de chicas y chicos en busca de marcha, algunos tienen botellas de trago en la mano o dentro de una bolsa. Todos gritan, se ríen. Cuando llegamos a Atocha, salimos todos como una manada en busca de juerga. Ahora a tomar el metro. La misma escena. Voy a extrañar mucho esto cuando regrese a Lima, pienso.

A. y yo nos encontramos con dos amigos más. Entre esos dos está S., el chico chileno que me gustó desde que lo vi en el Retiro el día que nos presentamos junto a todos los del grupo. Yo ya le había lanzado una flecha imaginaria. Unos cuantos coqueteos en Toledo pero ningún otro progreso más. Por el momento no me importaba. Girls just want to have fun. 

Después de ir por algunos bares, decidimos entrar a una discoteca de música comercial, que es como le llaman a la música latina por aquí. El cuba libre que me sirven como cortesía termina de aniquilarme. Pero siempre he presumido de ser una borracha que recuerda más de lo que su casetera borra. Y esta vez no iba a ser la excepción. Bailamos cumbia, salsa, reggaeton, flamenco y todo cuanto nos pusieran. El chileno y yo nos apartamos del resto. Recuerdo una canción de Rafaella Carrá. ''Y si te deja no lo pienses más, búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar'' cantaba yo mientras atraía a S. hacía mi y él se reía. Era como si estuviéramos dentro de una licuadora llena de brillos y luces y besos. Qué frase tan precisa.

-------------------------

Y de repente todo para mi es oscuridad. Me siento adormecida. Abro de a poco los ojos como si esperara ver a un monstruo. Ni siquiera sé dónde estoy. Estoy echada con las dos manos bajo la cabeza y de costado. Algo me impide abrir los ojos por completo. Sí, es el sentimiento de incertidumbre y la idea fugaz de un posible secuestro. Veo una cortina gris. No entra luz. Levanto un poco la cabeza. Ok, estas paredes no las conozco... este cuarto, definitivamente no es el mío. Mi mente va entendiendo un poco a la vez que comienza a espantarse. Giro a la izquierda hasta quedarme boca arriba. Estoy tapada. Por favor, por favor no, pienso mientras levanto la frazada y miro por debajo. Estoy en pijama. Esto es extraño. Volteó más hacia mi izquierda y ahí está él. S. O por lo menos su espalda. Siento que voy a estallar por la confusión. Me froto los ojos mientras me incorporo. Me quedo sentada y observo: mi ropa de la noche anterior está a un lado. De mi teléfono no tengo la menor idea. Me vuelvo a echar y me tapo la cara con las dos manos. ¿Qué hago acá? Me siento sucia, absurda, adulta. Quiero estar en Lima, en mi casa, con mis papás, tranquilita como un bebé. Pero no. Estoy en un piso que no es el mio y veo como en una esquina se arrincona la misma ropa que usé el día anterior. 

No lo pienso más. Cojo toda mi vergüenza, me destapo y me paro. El piso de madera cruje con toda su fuerza. Lo odio. Miro a S. que sigue dormido. Por un momento pienso que esta imagen mía de pie y con mi pijama H&M es muy de película. La idea se me va cuando la pena regresa. Recojo mi ropa del suelo y salgo de la habitación. En el sofá de la sala está mi bolso. Me siento con las manos en las rodillas como si tratara de ordenar mi vida. Miro hacia la puerta del cuarto. S. no se va a despertar, pienso. Me quito el pijama en dos segundos y me pongo la ropa, sí, esa de la noche anterior y me quedo sentada un rato. Estoy como en shock cuando S. sale del cuarto. Tiene solo un pantalón de pijama puesto. Nos miramos un rato. Él sigue medio dormido.

-¿Qué haces aquí? -me pregunta

No le respondo. Solo encojo los hombros. Me tiende la mano como si me invitara a bailar. Y empiezo a recordar algunas cosas de la noche anterior como las risas y los bailes y la certeza de que a mi nadie me llevó ahí obligada. Me paro y voy con él. El se sienta en su cama y yo me quedo parada justo en frente. 

-Me tengo que ir. El metro ya debe estar abierto -le dije casi sin pensar.

Él volvió a tomarme del brazo y me jaló hasta él. Quede sentada a su lado y nos abrazamos durante varios segundos. Esto ya no se siente absurdo. Esto se siente divertido y, por más vergüenza y gracia que cause, yo me siento audaz. 

Me despido de él y salgo de su piso. En al ascensor intentó acomodarme el pelo y una vez que salgo del edificio me pongo el saco y mientras camino intento entrelazar mi bufanda en mi cuello. Manos a los bolsillos. Siento que todos me miran. El frío madrileño hace que trate de esconder la cara dentro de mi bufanda y guardar para mi la gran sonrisa que tengo. Pasan por mi cabeza todas esas escenas en que la chica sale con los tacos al hombro y arreglándose el vestido. Walk of shame. El paseo de la vergüenza. Esto no es para mí. Yo me siento bien. De repente siento la complicidad de la mirada de todos los que caminan a mi lado. Sigo caminando y el viento frío de Madrid me hace bien. No hay ningún arrepentimiento. Este es el paseo de la NO vergüenza. Vamos, chicas, ''la culpa es un invento muy poco generoso'' ¿y el tiempo? ''tremendo invento sabandija''. 





''Ella sólo quería tirarse de la cama 
subirse a un caballo y mandar todo al diablo 
soñar con alondras, bailar en una gran salón 
no siempre el viaje era hermoso 
a veces veía unos monstruos horribles. 
que hablaban idiomas extraños
y así despertaba en su habitación'' 






20 de noviembre de 2014

La libertad

Luis es español y vive en el Callao. Llegó al Perú hace tres años como turista y se quedó. A pesar de eso, lo que más quiere es volver cuanto antes a Huelva, su ciudad. El problema es que no puede. Sí, llegó al Perú voluntariamente y se quedó sin decidirlo. Hoy vive en un albergue para ex presos extranjeros donde no tiene mucho más que hacer que buscar algún trabajito y ver pasar las horas muertas. Luis no puede irse del Perú porque aunque ya salió de la cárcel, sigue pagando condena.

''Cuando me vaya, el Perú será como Atlántida: existe, pero nadie sabe ni cómo, ni dónde está'', dice Luis antes de soltar una sonora carcajada andaluza. Es lógico, tras pasar tres años en la cárcel, lo que más quiere este español es olvidar todo y cuanto le recuerde esta página tan turbia y absurda de su vida.

Porque Luis estuvo preso en Sarita Colonia pero no fue culpable sino víctima. Y durante tres años vivió el infierno de la cárcel en el Perú. Sus compañeros en el albergue lo confirman: presos que tienen las llaves de sus celdas, atracos, violaciones, asesinatos... una zona de alto riesgo donde los policías tienen palos y los reos granadas de guerra. Luis cuenta que en sus primeros días dentro del penal, no hablaba con nadie... no podía. ''Yo lloraba por todos los rincones y no me da vergüenza decirlo'', dice con una voz que tiembla igual que el brillo en sus ojos.


------------------------------------

Hace tres años, Luis, el marino mercante que ha recorrido el mundo cinco veces, desembarcó -si se permite la palabra- en el aeropuerto de Lima. A los pocos días de llegar conoció en la barra de un restaurante en Miraflores a un hombre y una mujer.  Eran pareja. Se frecuentaron durante algunas días y en el momento de la despedida, ella le contó a Luis que tenía una hija en Bilbao y que necesitaba enviarle ropa. ''Hombre, que si era ropa, yo tenía espacio de sobra'', cuenta Luis sentado en la biblioteca del albergue. La mujer le entregó un paquete y eso fue todo. 

Un paquete, ni más ni menos. A Luis lo detuvieron en el aeropuerto, lo llevaron a un cuarto, lo interrogaron y  un policía le demostró, antes de que se desmayara, que lo que tenía en ese paquete era ropa para niña, sí, pero rellena de coca.

Lo que vivió después este hombre pequeño, delgado y canoso fue una serie de humillaciones... lo desnudaron frente a su maleta, le quitaron todo el dinero que tenía y una cadenita de matrimonio de más de 3000 euros. Y nada de eso fue peor que lo siguió: no hubo juicio ni por casualidad... le dieron siete años y punto. Así sin más.

''A mi aquello se me vino encima'', dice Luis que no entendía de papeleo ni trámites. En el mar no existen ese tipo de transacciones. Y así cuesta creer que el hombre que hoy no puede dejar de gritar y gesticular su indignación, apenas hablaba durante sus primeros meses encerrado. Después de tres años en la cárcel consiguió la semi libertad, un término que se contradice solo. Uno es libre o no lo es... y Luis salió de la cárcel pero seguía encerrado.

La semi libertad es una especie de ''beneficio'' que reciben los presos por buena conducta o con sentencias menores. Esto quiere decir que pueden terminar de cumplir sus condenas fuera de la cárcel siempre y cuando firmen un registro mensual en el Poder Judicial. Esto no los exime de pagar la reparación civil que, en el caso de Luis, supera los 10 000 soles. Además de eso deben tener un contrato de trabajo. Una vez cumplido el tiempo y pagada la reparación, los presos extranjeros reciben una carta de expulsión del país, pero antes deben confirmar que alguien los espera en sus países y pagarse el pasaje, por supuesto.

----------------------------------

Luis no puede trabajar porque en España figura como jubilado. Intentó trabajar de albañil y de alguna manera lo supieron en su país -a través de los registros que lo señalan como preso en el Perú- y fue penalizado con 18 600 euros (más).

¿Cómo conseguirá el dinero? es una pregunta que no puede responder con precisión. Es que no hay nada que pensar. ''Yo aquí no aguanto cuatro años más, yo en cuanto pueda me voy por la frontera''. Solo le falta ajustar detalles porque está todo planeado.

La de Luis es una entre decenas y decenas de historias dentro de la Casa de la Esperanza Migrante, dirigida por la hermana Mercedes López o simplemente la hermana Merche, que llegó al Perú en 1981 sin imaginar que más de veinte años después, convertiría una casita sencilla del Jirón Cahuide en La Perla en el Callao, en un albergue para aquellos extranjeros que, en un país desconocido y por errores en los que a veces uno se ahoga, buscan esperanza y la manera de poder ser, por fin, libres.






''Quisiera tener alas para volar, 
cruzar por el espacio en libertad. 
En libertad, como los pajarillos 
que nadie me pregunte: ¿a dónde vas? 

Camino sin fronteras quisiera ser,
Quisiera ser, sin prisa ni motivo para volver'' 







30 de octubre de 2014

Lo efímero

Todavía no entiendo bien qué fue lo que sucedió. Ahora que lo veo en retrospectiva empiezo a preguntarme si pasó o no pasó. Pero supongo que este vacío extraño que siento en el estómago y mi mente que no deja de hilar y perseguirse y enredarse no hacen más que confirmarlo. Aún así, recordar lo surreal de la situación sigue hincándome dudas. 

--------------------------------------------------------------------

Lo conocí un viernes a la medianoche en un bar escondido de la calle Esperanza en Miraflores. Estuvimos ahí durante una, dos o tres horas seguidas, no recuerdo bien, lo que sí sé es que ninguno dejó de hablar. Salimos del bar y empezamos a caminar sin saber bien a dónde ir. Garuaba. Me dijo que le gustaba esa estúpida y mediocre forma de lluvia que tenemos aquí, pero que si odiaba algo era el hecho de que en Lima no había estrellas y nunca salía el sol. Jamás pensé que eso podía convertirse en un verdadero problema para un extranjero. Caminamos hasta el malecón. Me preguntó si yo había planeado llevarlo ahí... la verdad era que todo parecía muy perfecto: mar, madrugada, conversación... me ofendí. Lo peor fue que no me pidió disculpas. Y la verdad es que eso me dejó de importar cuando de la más absoluta nada me dio un beso mientras yo le explicaba las razones por las que su pregunta me había herido. Nos besamos una vez más. Después me di cuenta que eran las cuatro de la mañana y que tenía que volver. Nos despedimos y eso fue todo. Yo tenía clases a las siete. Dormí una hora.

El sábado en la mañana caminaba como un zombie por la universidad.  Hablamos todo el día por chat pero no nos vimos. El segundo encuentro pasó el domingo en la noche. Nos vimos en Miraflores. Tomamos dos pisco sours cada uno. Es poco pero yo ya me sentía mareada. Nos quedamos en el restaurante mirándonos sin darnos cuenta de nada más. Si había alguien más en ese sitio, no lo sé, no me fijé. Después fuimos a bailar. Fuimos a una discoteca. Nunca en mi vida había hecho algo así. Bailé todo lo que había por bailar y él también. Nos besamos varias veces y nos reímos muchas más. Nos botaron de la zona vip, me resbalé y me caí en plena pista de baile. Él me dijo que estaba borracha. Yo le respondí que no. La verdad era que me sentía medio tonta pero no era por el trago.



Salimos de la discoteca y nos sentamos en una banca del parque Kennedy. No había nadie, salvo por unos drogadictos que se sentaron justo frente a nosotros. Yo temblaba de frío. Él tomó mi saco y me tapó con eso... y a él también. Parecíamos dos mendigos. Conversamos de muchas cosas como si nos conociéramos de toda la vida y lo único cierto era que ambos nos enteramos de nuestras existencias apenas unas horas antes. Nos miramos todo el tiempo a los ojos. Me contó más del viaje que está haciendo por Sudamérica desde hace poco más de un mes. Me dijo que se moría por conocer Máncora. Y ahí fue cuando todo se detuvo. Nos conocimos dos días antes y ahí en el parque Kennedy, con un frío que parecía europeo, me pidió que me vaya a Máncora con él. Casi me enumeró las razones por las que debía dejar mi aburrida vida universitaria limeña, tirar todo a donde sea y viajar y solo viajar. Le respondí que lo pensaría y nos quedamos abrazados un rato más. 

El lunes en la mañana todavía seguía mareada. No podía con mi cuerpo. Mover una pierna era un castigo. Estaba muerta de cansancio. Y aun así nos vimos esa noche. Mientras caminaba a verlo pensaba: Este chico llegó de la nada y me desordenó todo lo que yo ya había organizado en mi cabeza. Revolucionó mis días y lo más curioso era que yo se lo había permitido. Los dos teníamos la culpa. Los dos teníamos algo.

Lo que hicimos ese lunes fue ir a otro bar medio escondido. Me preguntó si había pensado lo de Máncora. Le respondí que sí. Pero que no, que me era imposible dejar las cosas a medias en cuanto a mi familia y la universidad para irme de mochilera con un chico que apenas había conocido. Pero le dije algo más: si dependiera solo de mi, me iría contigo no mañana, sino ahora mismo. Lamentablemente no estábamos en la película de Almodóvar de la que tanto le hablé. Ya estaba dicho: yo no iba a ir con el a Máncora y si esa iba a ser la última noche que nos íbamos a ver, teníamos que hacer que sea épica -y no mencionar lo del viaje y la despedida al menos en las próximas horas-. Seguimos caminando y parábamos en cada farola, como en la canción de Sabina. Todo terminó en la madrugada, igual como empezó.

--------------------------------------------------------------------------------

No tengo idea de que dónde está en este momento. No sé si ya está en Máncora o si sigue en Lima. No nos alcanzaron las horas y menos las palabras al momento de la despedida. Me hubiese gustado decirle que soy de las que no podemos -aunque queremos- dejar todo. Me hubiese gustado agradecerle por animarme a tomar mis propias decisiones, a deshacerme del enfermizo apego que a veces tengo por mi familia, por querer ponerme de protagonista de la película que los dos nos estábamos haciendo. Me hubiese gustado decirle que sí. Me hubiese encantado poder decirle que tal vez alguna vez nos volvamos a encontrar. Aquí, en su país, en una frontera o en donde tenga que ser. 




''La noche debilita los corazones,
noches de funeral, de vino y rosas.
Brindemos por el amor y sus fracasos,
quizás podamos escoger nuestra derrota.

El sol limpia las calles, la memoria
feroces pasiones atenúa.
Invéntate el final de cada historia...''





2 de octubre de 2014

Decisiones en una pirámide invertida

Desgrabar una entrevista es terrible, conseguirla es incluso peor… conseguir un número en los registros públicos, llamar, explicar cómo has conseguido ese número, pedir una cita, al menos a mí, me hace sentir la persona más acosadora del planeta. Antes me daba vergüenza incluso llamar, ahora simplemente me da miedo que acepten y la cancelen el mismo día, tal vez 10 minutos antes. Pero eso no es excusa, si dices que no pudiste hacer una entrevista, tu profesor, editor, jefe, etc., te preguntará por tu carta bajo el brazo… siempre hay que tener un plan B y lo más probable es que ese segundo plan cambié todo el rumbo del reportaje, crónica o nota.

Tener todo el material posible, ordenarlo, pautearlo. Eso no garantiza nada. El bloqueo es, más que un evento extraordinario, lo más común. Puedes estar minutos viendo una hoja vacía sin presionar una sola tecla. Cuando por fin sale la primera línea, la borras una y otra vez. Porque, evidentemente, si el inicio no captura lo demás no sirve para nada.

Editar. No sé si habrá un martirio más doloroso que este. Para algunos periodistas, que prefieren una hoja llena de borrones junto a un lápiz y que tal vez no hayan comprendido por completo al Word, un programa de edición –para un reportaje, por ejemplo- es como un gran laberinto que se forma y crece frente a nosotros. Nada es más estresante que esperar a que suba un video, que un botón equivocado borre todo lo avanzado y si es que después de eso logramos terminar, exportar ese reportaje se vuelve una pesadilla.

En los años que llevo en la universidad y durante el tiempo que han durado todos estos procesos: reportajes, ediciones, textos y entrevistas, me ha preguntado muchas veces si en realidad soy buena para esto o si disfruto hacerlo. La verdad es que mientras todo esto sucede es tanta la adrenalina y el estrés que se siente que no queda mucho tiempo para responder a estas preguntas. Pero cuando ves el resultado después de tanto esfuerzo, que incluye desde sueño sacrificado hasta malabares periodísticos de todo tipo, es cuando uno mejor se siente. No hay nada… NADA… más reconfortante que poner el punto final o ver un reportaje terminado.

Aún no soy periodista y después de haber vivido un poco más de experiencias en este último año, empiezo a preguntarme cada vez más si estoy segura de que esto es a lo que quiero dedicarme en los próximos años. Todavía no lo sé, mucho menos lo decido. Lo que sí sé es que gracias a la carrera que elegí y que ahora estudio, he conocido gente increíble con historias increíbles; desde actores hasta personas no públicas pero extraordinarias, he estado en lugares que muy pocas veces o tal vez nunca me imaginé estar y eso es lo que más satisfacción me produce.

Por eso me parece raro que me saluden por el día del periodista, porque con muchíiiiiiiiiisima de la experiencia que yo tengo –si no es más- existen muchos periodistas que se arriesgan día a día por contar, descubrir y difundir historias importantes muchas veces con presiones políticas y empresariales. Son muchos los periodistas peruanos que se han arriesgado mucho, unos encontraron la muerte y otros pasaron muy cerca de ella. Por los periodistas de Uchurraccay, Gustavo Gorriti, Ángel Páez… por ellos, que hacen que la labor del periodismo sean tan honorable. Por ellos que decidieron y deciden más y mejor que los que todavía ni empezamos.





''Ya ha corrido mucha agua debajo de este puente 
Me ha sobrado y me ha faltado inspiración 
Puede ser que suene muy desafinado 
Es que me desafina el corazón 

Vamos hoy a levantar la copa del amigo 
Necesito estar lo mas cerca que pueda de ti 
Y fundirme con tu espíritu divino 
Y sentir que, si, se puede ser feliz'' 








15 de mayo de 2014

Introducing Gia Coppola

Estoy de redactora en un diario online que recién ha salido. Y escribo, por ahora, sobre lo que me gusta. Esto me gusta:




Es inevitable no detenerse en el apellido. Sí, Gia Coppola es la nieta de la leyenda del cine Francis Ford Coppola y como él, ha entrado fuerte a la industria. Con un estilo diferente, esta novel directora busca reconocimiento con su primer filme y no sólo por su apellido.

Palo Alto es el nombre de la película con la cual Gia Coppola (California, 1987) ha debutado como directora. Este filme es una adaptación del libro del mismo nombre del actor también estadounidense James Franco, que relata las experiencias de un grupo de adolescentes en California, casualmente, el mismo lugar de nacimiento de la directora.


Coppola estudió fotografía en el Bard College de Nueva York en donde después de varios años de tomar fotos para sus clases y estar cansada de ello, se interesó mucho más por la industria del cine y se inició dirigiendo cortos para sus amigos. Además,  ya había tenido experiencia en el cine acompañando a su tía, la también directora Sofia Coppola, en donde colaboró como asistente en el staff de vestuaristas y además, como consultante creativa en la película de terror Twixt, dirigida por su abuelo.

Gia Coppola ha dicho que decidió adaptar el libro del actor James Franco pues se sintió muy conectada con la historia la cual, en más detalles, cuenta los relatos de adolescentes y sus experiencias con el alcohol, el sexo, las drogas y la violencia. Actúan James Franco, Emma Roberts, Val Kilmer, Nat Wolff, entre otros.

‘’Nunca creí que llegaríamos tan lejos’’, dijo Coppola en la biblioteca del Hotel Greenwich de Manhattan, la mañana de la premier de Palo Alto en el Festival de Tribeca. ‘’Pensé que sólo la lanzaríamos en internet’’.  La directora termina describiendo el suceso de la película, también proyectada en el Festival de Venice, como algo completamente loco.

 Según la edición española de la revista Vogue, Palo Alto lleva a las pantallas la resurrección del cine adolescente desde la mirada y estilo de Gia Coppola que la da un toque más existencialista a cada uno de los personajes. Especialmente al de James Franco, que interpreta a un profesor de secundaria y a Emma Roberts, quien interpreta a la alumna que se enamora él. Palo Alto se estrenó el 9 de mayo Nueva York y Los Ángeles. 





''I love driving down an empty dark freeway, 
lit up intermittently by the lights 
at the side of the road, and when I see the lighst, 
I think of all the little world out there, 
all the little animals living in their habitats out there, a
nd how we could pull over and have and adventure 
at anyone of these forgotten pockets of the world''

Palo Alto Stories - James Franco





10 de abril de 2014

2x1

Llevo 4 años estudiando Periodismo y he aprendido muchas cosas. Entre ellas, a darme cuenta que los mensajes o notas que lanzan desde la televisión, en los periódicos o hasta en la radio, no son inmaculados y muchas veces distan de ser impecables y caen en el lugar común y en lo fácil. Espero que, junto a las personas con quien comparto mi vida universitaria (también estudiantes de Periodismo), podamos posicionarnos por encima de aquellos periodistas flojos que, por ejemplo, titulan o inventan términos que confunden al público o que simplemente, ni siquiera deberían existir. Para ser más clara y menos formal, no entiendo la razón (si es que hay alguna) por la que al presidente Ollanta Humala y a su esposa, se les presenta en la prensa como la PAREJA PRESIDENCIAL.


Perdón, pero aquellas elecciones en el 2011 no fueron en combo, oferta o 2x1. Nosotros votamos por una sola persona, no por dos, no hay dos personas presidenciales, no hay dos presidentes, hay uno: bueno, regular, mediocre, pero presidente al fin. Al principio parecía una cuestión de caracter, algo que no era para tomarse en serio, pero Nadine Heredia no hace más que perjudicar al gobierno de su esposo. Creo que es válido que la Primera Dama, así como cualquier ciudadano pueda expresar su opinión sin que se le censure o ataque. Pero cuando esta persona, en este caso Heredia, actúa como vocera de un gobierno en el cual ella NO fue elegida para deshechar, hacer o rehacer, poniendo en riesgo los planes del país, es bochornoso e inaceptable porque sólo trae inestabilidad. Lo del tema de la ''luz verde'', el gabinete ''Nadine'' y demás hechos, no hacen más que aumentar la sensación de que al Perú lo gobierna la Primera Dama. 

La PAREJA PRESIDENCIAL, cómo creo que erróneamente se les llama, NO EXISTE. Porque simplemente no se trata de una pareja de presidentes. Se trata de UN solo Jefe de Estado. Ahora, puede que esto no sea más que paranoia pero desde mi opinión (tan humilde como puedo intentar), no le encuentro el sentido a estas dos palabras juntas. Si estoy equivocada, puede ser, si es que se ha llamado así hace mucho tiempo, no lo sé. Nunca antes lo escuché. El Presidente es Ollanta Humala y su esposa es la Primera Dama Nadine Heredia. El Presidente Humala y la Primera Dama, El Presidente de la República, La Primera Dama Humala, El Presidente Nadine Heredia. No, no, no ¿cómo es?






''El mundo imaginario ya no se puede ir 
Juega con mi memoria al sol 
Las mini mariposas que por la noche vez 
Se salen de la rosa de Noy 
Pasa el día, pasa el viaje, 
Pasan nubes, pasa tiempo 
Pasa todo y nada pasa'' 

26 de marzo de 2014

La lista de Schindler

Corría el año 1492, ese mismo en el que Colón descubrió América sin saber exactamente dónde estaba parado, y en España iba desmoronándose el último reino musulmán-español. Una de las consecuencias de esta caída fue el decreto de los flamantes Reyes Católicos que ordenaba la expulsión inmediata del territorio de todo judío que no quisiera convertirse al cristianismo. Se les llamó judíos sefardíes pues Sefarad es como se llama ''España'' en hebreo. No existen registros exactos de cuántos de ellos salieron del país. Pero lo que sí se sabe es que la mayoría emigró hacia Brasil, especialmente hacia Sao Paulo y Río de Janeiro.

Exactamente 522 años después, en 2014 y en pleno auge de tecnología y comunicación 2.0,  este tema vuelve a salir a escena sin que muchos se den cuenta lo que en realidad ocurre. Hace unos días empezó a desfilar por las redes sociales, y hasta fue rebotada por varios medios de comunicación peruanos, (sin que hasta ahora haya sido desmentida) una lista falsa de apellidos que se presentaban como el pasaje directo hacia España, hacia Europa, y no se trataba de un concurso para ganar pasajes, significaba nada más y nada menos de una oportunidad fácil de obtener la nacionalidad de española si es que tu apellido, mi apellido o el de cualquiera, aparecía en esa mágica lista sefardí. 

Todos estábamos listos para imprimir, ir al consulado y exigir la nacionalidad inmediatamente. Parecía que nuestros apellidos y el de todos nuestros amigos aparecía. Seríamos los próximos telespañolitos. Pero,ALTO. No todo podía ser tan maravilloso. Afortunadamente, no sólo los peruanos caímos. En Brasil, por ejemplo, donde la comunidad de judíos bordea los 110,000 seguidores, el rumor corrió como polvo y viento. Como ya se mencionó, la mayoría de judíos sefardíes de España y también de Portugal emigraron hacía ese país y es bastante común la sensación y conocimiento entre la población de que hay muchos fieles que podrían y de hecho estarían presentes en aquella lista. En Sao Paulo, precisamente en la Sinagoga Ohel Yaacov, el rabino Samy Pinto dice haber recibido a unas 100 familias que buscan reunir la información y documentación que se necesite para poder comprobar su ascendencia sefardí. Pero lo que explica Pinto muy acertadamente es que un 25% de esas solicitudes y visitas no llegan motivadas por la nostalgia característica de un judío sefardí y sus orígenes sino la ambición de conseguir un documento europeo que les permita circular o trabajar por España, abiertamente en el continente europeo para, tal vez, cambiar de vida.

Pero no todo es TAN MALO. Si algún auténtico judío sefardí está leyendo este humilde artículo, sería bueno que se entere, así como todos los demás incautos, que esta propuesta de otorgar la nacionalidad española a quienes lo merezcan es REAL y ha estado sobre la mesa como un proyecto de ley desde hace varios años a pesar que aún le falta ajustar detalles y pruebas del parlamento y por supuesto, de ser aceptada por completo, las nacionalidades no se regalarán como cupones sino que, como es de esperarse, aquellos quienes puedan certificar limpiamente por medio de documentos irrefutables su condición de judío sefardita serán los beneficiados. Así se refirió el mismísimo Ministerio de Justicia de España. El Rey Juan Carlos ya se ha referido sobre este tema señalándolo como un compromiso personal y su hijo, el Príncipe Felipe, lo secundó argumentando que se está tratando de resarcir un error histórico. Nada menos que 500 años. 






''Hace rato en la radio, en la tele 
me pudrieron a son y a merengue 
No me hagan poner arisco 
y no quiero ir al show de Don Francisco 

Y piensan 
los yanquis y los europeos 
somos un país bananero 
con palmeritas y calor. 

No me jodan más, no somos latinos''







Fuente: Diario El País de España.

20 de marzo de 2014

Elsa & Edmundo

Era un sábado de Febrero de hace más de 50 años. En Arequipa, donde tuvo lugar esta historia, llovía con elegancia. Era una lluvia fuerte y decidida, no una mediocre garúa tintineante como la de Lima. Era una lluvia arequipeña. Elsa, pegada a su máquina de coser, trataba de terminar un trabajo que le habían encargado. Los minutos pasaban y no había más tiempo. Elsa se apresuró en guardar hilos, telas, y botones, se ciñó en el vestido verde estampado que se había hecho ella misma y junto a Nati, su hermana y Mercedes, su madre, se encaminó hacia la fiesta de inauguración de la casa de la tía Gabina.

Al llegar, sonaban valses, la fiesta estaba a punto. Nati, que era la madrina, tiró de la cinta, rompió la botella de champagne y la casa se dio por inaugurada. Mercedes iba por ahí observándolo todo. Elsa conversaba con su amiga y tocaya Elsa Chávez.

-¿Quiénes han venido? -preguntó Elsa, mientras tomaba de su copa de champagne.
-Están mis amigas del barrio, el director del colegio Winetka de Lima, que es el padrino y un profesor más -respondió su amiga.
-¿Cómo se llama? -volvió a preguntar Elsa.
-No sé su nombre. Es ese de ahí -dijo Elsa Chávez señalando hacia una esquina.

El profesor del que hablaba era un hombre de unos treinta años, serio, enternado y con mirada taciturna. Sostenía una copa de champagne con una mano y la otra la tenía guardada en el bolsillo de su pantalón. Miraba a Elsa fijamente desde que entró a la casa, pero no a Elsa Chavez, no, sino a la otra, a aquella mujer de pelo corto, negro profundo y el vestido verde hipnotizante.

El momento del saludo llegó. Elsa, junto a su madre y su hermana, se acercó donde su otra tía, Elvira, que estaba casualmente parada junto al profesor del que no podía desprender la mirada. Elsa lo saludó como a uno más. Bastaron algunas pestañeadas más para que aquel serio hombre la sacara a bailar. Elsa aceptó y caminaron hacia el centro de la sala mientras empezaba a sonar un pasodoble. Ella bailaba muy bien y se movía casi como un trompo. Él, por el contrario, selló aquella primera impresión con un pisotón que hizo reír a Elsa.

-¿Cómo te llamas? -preguntó el profesor sin dejar de mirarla.
-Elsa Aragón. ¿Y tú? -respondió la belleza del vestido verde ceñido.
-Reymer -alcanzó a decir el profesor escuetamente.
-¿Ese es tu nombre o tu apellido? -contestó Elsa 
-No, es mi apellido. Me llamo Edmundo... Edmundo Reymer Vásquez-respondió el profesor al dejar por completo su anonimato.

El baile terminó pero Edmundo no se apartó de Elsa y justo antes de despedirse, le preguntó si podía visitarla en su casa al día siguiente. Elsa asintió sorprendida. No hacía falta intercambiar direcciones. Edmundo sabía donde vivía. Él ya la conocía desde antes, sabía, por ejemplo que le gustaba ir al cine y que conversaba con frecuencia con un joven en la esquina de su casa. Un mollendino, al parecer. Edmundo ya la había visto y había quedado completamente prendido. El baile fue sólo el comienzo.

 Al otro día, Elsa les había contado a Yolanda y Sonia, sus amigas y vecinas, que un profesor que conoció en la fiesta la visitaría; y ahí estaban ellas prendidas de la ventana de la casa contigua a ver si era cierto, a ver qué tal era el profe. Y así fue, a las tres en punto de la tarde, Edmundo tocó la puerta de aquella casona de la Avenida Cuarto Centenario cerca a la Iglesia del Pilar. Protocolo y mucha mirada. Elsa parecía nerviosa y Edmundo más tenso de lo normal. Así que para calmar ánimos y romper barreras, Nati, la hermana mayor de Elsa sugirió un plan que no podía tener error: ir al cine. Así pues, se encaminaron hacia el viejo cine Ateneo a ver la película mexicana de moda. 

El efecto fue inmediato. Edmundo comenzó a visitar a Elsa cada vez más seguido. Ya no habían acompañantes. Pero las clases estaban por comenzar y el profesor debía volver a sus labores en el internado donde trabajaba. Le prometió a Elsa volver en Julio, para las vacaciones de medio año. Y así sucedió. 

Una semana antes de su regreso, Edmundo la llamó para avisarle que iría a verla. Pero esa cita jamás ocurrió. La mañana de aquel día, Yolanda, le pidió a Elsa que la acompañe a una fiesta patronal en el pueblo de Vito en Apurimac, debían ir por tierra y tomaría algunas horas. A pesar de ello,  Yolanda le prometió a Elsa llegar antes de las 5 de la tarde a Arequipa. Pero la fiesta estaba recién empezando a esa hora y no había como regresar. Edmundo llegó a la casona a ver a su chica pero ella no estaba. A esa hora, ella sólo podía lamentarse por haberlo plantado.

Pero al fin y al cabo, Elsa tuvo que regresar. Mercedes, su madre, le dijo que había llegado el profesor a verla el día anterior y que se fue sin pedir explicaciones. Tampoco las pidió al otro día, ni siquiera en los cuatro días siguientes pues no llamó ni volvió a buscarla. Elsa estaba contrariada. No pensaba que había sido para tanto pero al parecer, lo era. Con la certeza de que todo había terminado, salió a caminar hacia la Iglesia del Pilar y en el camino se cruzó con Gabina, la tía que había inaugurado recientemente su casa.

-Estoy preocupada, Elsa, los chicos están mal por algo que comieron en la fiesta. -confesó Gabina
-¿Los chicos? ¿Qué chicos? -preguntó Elsa confundida.
-Edmundo, el profesor y su primo Alfredo. ¿No sabías? -respondió Gabina.
-No, ¿qué les pasó? 
-Ayer los operaron del apéndice. ¡A los dos! -gritó Gabina
-¿En qué hospital están? -preguntó Elsa muy nerviosa
-En el Santa María -finalizó Gabina
-Gracias, tía, nos vemos -respondió Elsa mientras corría apresurada.

Elsa llegó al hospital y en la puerta recordó que no tenía idea de en qué cuarto estaba Edmundo o cómo podría ubicarlo. Pero nada  de eso importó. Elsa recorrió cuarto por cuarto hasta encontrarlo y cuando por fin dio con la habitación, entró sigilosa y llena de miedo y lo que encontró fue a Edmundo recostado con una bata blanca mirándola con rabia y a una mujer apoyada en la ventana que daba hacia la calle. Elsa miró a Edmundo y este volteó el rostro. Pasaron unos segundos. Edmundo giró y se dirigió a la mujer junto a la ventana:

-Ella es Elsa Aragón -dijo mientras trataba de incorporarse.
-Buenas tardes -dijo la mujer 
-Elsa, ella es Hortensia, mi madre. 

Él seguía fulminando a Elsa con gestos claros de molestia. Y ella acababa de conocer a la mamá del hombre al que había plantado. Todo eso era demasiado.

-Ojala te mejores. Yo ya me voy -dijo Elsa y salió presurosa de la habitación.



Tres días después, Edmundo llamó. 

-Nos vemos hoy a las cuatro en el parque Duhamel.

Elsa no tuvo tiempo ni de responder. Edmundo colgó y pasaron las horas. A las cuatro y diez, Elsa llegó y lo vio sentado con las piernas estiradas y mirando hacia los costados. Antes del saludo, Edmundo le reclamó y la culpó de su operación. Increíble. Según él, la cólera por el plantón había ocasionado el dolor en el apéndice. Elsa lo tomó con humor, tal vez sin darse cuenta lo hipocondríaco que podía resultar ser aquel profesor. Pero las cosas terminaron bien. Se amistaron ese mismo día y en ese mismo parque y con eso también llegó la despedida. Edmundo volvería a Lima con la promesa de regresar al siguiente año. Durante ese tiempo, ambos se llamaban y la distancia casi ni se sintió.

El procedimiento seguía siendo el mismo. Meses después volvieron a encontrarse en el parque Duhamel. Pero esa vez fue diferente. Edmundo estaba furioso pues estaba seguro que Elsa lo había engañado, que aquel hombre con el que la vio conversando el día anterior era su amante. En realidad se trataba de un tipo que llegó a su casa para dejar unos encargos para la tienda que Elsa manejaba junto a su madre. Los celos hace más de cincuenta años y ahora suelen ser los mismos. La discusión en aquel parque parecía no terminar. En total, estuvieron juntos desde las nueve de la mañana hasta la una de la tarde. Elsa no conseguía hacer entrar en razón a Edmundo, que en un momento de malestar, se levantó de la banca, tomó a Elsa de la mano y comenzó a caminar a toda prisa. Elsa lloraba desconcertada.  Llegaron a la casa de Edmundo en el barrio de Mariano Melgar. Entraron y sin perder un sólo instante, Edmundo la presentó con sus hermanas, que al igual que ella, no entendían nada. Cuando salieron, Elsa estaba furiosa.

-Se acabó todo, Edmundo. No te quiero volver a ver -gritó Elsa mientras se iba corriendo hasta su casa.

Cuando llegó, Mercedes no hacía más que disparar hacia su hija con preguntas y atiborrarla de abrazos. No había sabido de ella en muchas horas. Elsa sólo atinó a intentar distraerse en su máquina de coser. Pero el día no había terminado y a eso de las ocho de la noche, la puerta sonó. Era Edmundo. Mercedes, que no sabía nada, lo invitó a pasar y le pidió a Elsa que preparara café y galletas para ofrecer al invitado. Al cabo de unos minutos Elsa regresó a la sala; nerviosa, dejó las bandejas en la mesita de centro. Se sentó sin poder sostener todavía su asombro. Edmundo la miró por un segundo, regreso la vista hacia Mercedes y dijo:

-Señora, quiero casarme con Elsa.

La sorpresa invadió la sala. El rostro de Elsa era indescriptible. Estaba molesta pero quería, sabía que quería. Como su esposo había muerto años antes, Mercedes le dijo a Edmundo que debía hablar con Armando y Alfonso, los hermanos mayores de Elsa. Y así lo hizo. Al poco tiempo, sus cuñados lo comenzaron a tratar como a uno más y días después se oficializó la boda. 

Los directivos del internado donde trabajaba Edmundo, no permitían profesores casados. Pero eso no importó. Edmundo se escapó y cumplió su deseo, tanto como el de su novia, la chica del vestido verde que lo cautivó. Elsa y Edmundo se casaron en Lima hace 53 años y tanto en ese momento como hoy, 20 de marzo de 2014, discuten tanto o más que en el parque Duhamel pero con la certeza del amor inquebrantable, la familia y la más pura de las complicidades.





''Te dije muchas palabras de esas bonitas 
con que se arrullan los corazones 
pidiendo que me quisieras 
que convirtieras en realidades 
mis ilusiones. 
la luna que nos miraba 
ya hacía ratito 
se hizo un poquito desentendida 
y cuando la vi escondida 
me arrodille para besarte 
y así entregarte toda mi vida''




12 de marzo de 2014

Fantasmas que no han muerto

Hace poco leí el tweet de un amigo que decía esto:



''Que existan personas desaparecidas
es una de las cosas más tristes del mundo''


Me detuve en ese texto porque me recordó lo que me dijo otra persona con respecto a ese mismo tema. Esa persona me dijo que sea consciente de lo que significaba verdaderamente la palabra ''desaparecer'' y piense si en realidad ese término puede ser aplicado a una persona o varias sin que resulte absurdo y triste.

Desaparecer significa esfumarse, dejar de ser perceptible, extinguirse, dejar de existir, dejar de estar presente. ¿No suena acaso espeluznante? ¿Cómo diablos una persona, que sin ser declarada muerta, puede simplemente esfumarse? Serían ejemplos de preguntas que deberían responder desde las varias dictaduras latinoamericanas/europeas responsables de tanta ''desaparición'' intencionada hasta las personas que son capaces de sostener todo equilibrio y esperanza en un aviso en el diario describiendo ropas, enfermedades y demás detalles sobre alguien que también, repentinamente, desapareció. 
Es escalofriante sólo pensarlo.

Cuando leí el tweet de mi amigo y lo asocié al significado de la palabra desaparecer y desaparecidos, mi cabeza simplemente voló. Imaginé a todos esas madres argentinas en plena Plaza de Mayo, en los padres del Mayor Bazán, en quienes no vieron más al abuelo, a la abuela, a la tía, al hermano. Pensé en mí y me estremecí. Imaginé a los desaparecidos como estrellas vagabundas más terrestres que celestiales, sin saber qué hacer, esperando y muy a la deriva. ¿Cómo pudo volverse tan normal usar semejante término? 

Tratar de calcular cuánto tiempo dura la esperanza y distancia entre la posible muerte, la posible ''re-existencia'' de quien sea que haya dejado de existir en el lugar donde siempre estuvo es improbable. La paciencia de todos aquellos que esperan encontrar, quienes sean, es más real y admirable que la posibilidad de que un ser querido se haya simplemente esfumado. Aguanten ahí. Sostenganse fuerte.






''Yo llevo en el cuerpo un dolor
que no me deja respirar
llevo en el cuerpo una condena
que siempre me echa a caminar''