15 de mayo de 2014

Introducing Gia Coppola

Estoy de redactora en un diario online que recién ha salido. Y escribo, por ahora, sobre lo que me gusta. Esto me gusta:




Es inevitable no detenerse en el apellido. Sí, Gia Coppola es la nieta de la leyenda del cine Francis Ford Coppola y como él, ha entrado fuerte a la industria. Con un estilo diferente, esta novel directora busca reconocimiento con su primer filme y no sólo por su apellido.

Palo Alto es el nombre de la película con la cual Gia Coppola (California, 1987) ha debutado como directora. Este filme es una adaptación del libro del mismo nombre del actor también estadounidense James Franco, que relata las experiencias de un grupo de adolescentes en California, casualmente, el mismo lugar de nacimiento de la directora.


Coppola estudió fotografía en el Bard College de Nueva York en donde después de varios años de tomar fotos para sus clases y estar cansada de ello, se interesó mucho más por la industria del cine y se inició dirigiendo cortos para sus amigos. Además,  ya había tenido experiencia en el cine acompañando a su tía, la también directora Sofia Coppola, en donde colaboró como asistente en el staff de vestuaristas y además, como consultante creativa en la película de terror Twixt, dirigida por su abuelo.

Gia Coppola ha dicho que decidió adaptar el libro del actor James Franco pues se sintió muy conectada con la historia la cual, en más detalles, cuenta los relatos de adolescentes y sus experiencias con el alcohol, el sexo, las drogas y la violencia. Actúan James Franco, Emma Roberts, Val Kilmer, Nat Wolff, entre otros.

‘’Nunca creí que llegaríamos tan lejos’’, dijo Coppola en la biblioteca del Hotel Greenwich de Manhattan, la mañana de la premier de Palo Alto en el Festival de Tribeca. ‘’Pensé que sólo la lanzaríamos en internet’’.  La directora termina describiendo el suceso de la película, también proyectada en el Festival de Venice, como algo completamente loco.

 Según la edición española de la revista Vogue, Palo Alto lleva a las pantallas la resurrección del cine adolescente desde la mirada y estilo de Gia Coppola que la da un toque más existencialista a cada uno de los personajes. Especialmente al de James Franco, que interpreta a un profesor de secundaria y a Emma Roberts, quien interpreta a la alumna que se enamora él. Palo Alto se estrenó el 9 de mayo Nueva York y Los Ángeles. 





''I love driving down an empty dark freeway, 
lit up intermittently by the lights 
at the side of the road, and when I see the lighst, 
I think of all the little world out there, 
all the little animals living in their habitats out there, a
nd how we could pull over and have and adventure 
at anyone of these forgotten pockets of the world''

Palo Alto Stories - James Franco





8 de mayo de 2014

Toque de diana y Fitzgerald de verdad

«El psicoanalista le dijo a Miles que él tenía un complejo de madre. En su primer matrimonio transfirió ese complejo a su esposa, verás –y después su sexo se volvió hacia mí– Pero cuando nosotros nos casamos la cosa se repitió por si misma –el transfirió su complejo de madre hacia mí y toda su libido se tornó hacia otra mujer–» Sábado loco, cuento corto que forma parte de Toque de diana, libro de relatos cortos del escritor estadounidense.

James West, un profesor norteamericano, es el responsable de que los textos alguna vez censurados del escritor estadounidense F. Scott Fitzgerald ven la luz después de más de 70 años en la publicación titulada The Cambridge Edition or the Work of F. Scott Fitzgerald  bajo la representación de la editorial Cambridge University Press. Toque de diana, es el título del recopilatorio de pequeñas historias que escribió Fiztgerald en 1935 y que ha sido como la publicación de arranque de una renovada edición del escritor donde se incluirán escritos tal y como los pensó y plasmó Fitzgerald antes de ser editados por sus jefes de  Saturday Evening Post, revista en la que publicaba el escritor y que era su mayor fuente de ingreso económico.

Es sabido que los textos de Fitzgerald eran recortados y cambiados por sus editores quienes no creían convenientes que los contenidos originales de los escritos aparecieran en su revista pues según ellos, la sociedad conservadora de la época no lo aprobaría y perderían ingresos bajando sus ventas. Frases antisemitas, fuerte contenido sexual así como escenas de alcohol y violencia, son algunas de las características de los textos del escritor que sus editores censuraron durante años y que el mismo Fitzgerald aprobó debido a que trabajar en el Saturday Evening Post era el mayor sustento de su familia.

West afirma que estas frases y escenas no correspondían a la ideología ni modus vivendi del escritor sino que planteaba y presentaba a la sociedad y contexto de la época en la que fueron escritas. Los editores de la revista llenaban de borrones los textos y los blanqueaban para que el público no se sorprenda. Como prevención se suprimían todas las referencias a sexo, alcohol, drogas y antisemitismo. Fitzgerald acataba.

El profesor West ha investigados durante los últimos veinte años a recuperar todos los textos originales y sin censuras, material que ha estado depositado en la biblioteca de la Universidad de Princeton. Según West, estas publicaciones cuyas versiones originales jamás vieron la luz, están al mismo nivel del mítico ‘’El Gran Gatsby’’ de Fitzgerald y es por ello que la edición que se relanzará se proyecta como un evento trascendental. Algunos expertos en el tema señalan que esta publicación cambiará la percepción que se tenía de Fitzgerald como autor de ficción corta cuyo tono sentimental podía superar al realismo sabiendo ahora que el escritor no tenía elección en las versiones finales de sus textos, los cuales ahora podrán apreciarse sin tapujos ni borrones.




“The loneliest moment in someone’s life
is when they are watching their whole world fall apart,
and all they can do is stare blankly.” 

 F. Scott Fitzgerald, The Great Gatsby




1 de mayo de 2014

El factor Nadine

Era octubre y era de noche. Faltaban, no sé, tal vez 30 minutos para que comience el concierto de Soledad Pastorutti en Lima, exactamente en el Círculo Militar de Jesús María. Me acomodé en la primera fila -que conseguí gracias al empeño de ir a las nueve de la mañana a comprar mi entrada- y noté que esta fila estaba separada como por unos 30 centímetros de la segunda. Me pareció raro. Pensé que tal vez era un reconocimiento a los fanáticos de La Sole. Pero no era así. La primera fila de la sección de la derecha -yo estaba en la izquierda- no estaba adelantada como la mía. Me pareció aún más raro. 

Empezó el concierto con el genial William Luna. Su recital duró unos 45 minutos. Después seguía Lucho Quequezana -el otro telonero-. En el intercambio de instrumentos y descanso para que comience el segundo show, noté un poco de movimiento en la entrada a la zona en la que yo estaba sentada. De pronto había dos hombres enormes vestidos de negro y con una especia de walkie talkies en los bolsillos a mi costado. Cogieron la silla vacía que estaba a mi lado y la limpiaron y acomodaron perfectamente. Era un asiento que estaba justo en la esquina de donde terminaba la primera fila de la sección izquierda y empezaba un pequeño espacio hasta la primera fila de la sección derecha. 

No entendía nada. Los dos hombres se fueron pero sólo uno  regresó a los cinco minutos. Estaba vez se me acercó directamente. Ehh, señorita, si nos hiciera el favor de sentarse en la segunda fila, hay un asiento para usted. ¿QUÉ? Esos dos monstruos de dos metros de alto me pidieron que renuncie a mi primera fila y me siente en la segunda. No tenía sentido. ¿POR QUÉ DIABLOS ME MOVERÍA DE ASIENTO SI ESTOY EN LA PRIMERA FILA? Ehh, sí, señorita, lo que pasa es que en esta fila se va a sentar la Primera Dama, la señora Nadine Heredia. Me sorprendí, no diré que no. Volteé hacía atrás a ver en donde exactamente quería que me moviera el tipo enorme. No era lejos, pero era injusto. Algunas personas que habían escuchado lo que me había dicho aquel señor -me acuerdo especialmente de una amable pareja argentina- me gritaban cosas como: ¡no te muevas!, ¡qué tal raza!, ¡quédate ahí! y varías cosas más. En efecto, no quería moverme. Era la primera vez que vería a Soledad Pastorutti en concierto y no pensaba moverme de la primera fila. Disculpe, señor, pero así como la Primera Dama, yo también he comprado la primera fila y no voy a moverme. Lo siento. No creo que la primera dama haya comprado la primera fila pero verdad fue que pocas veces he dicho algo tan firme en mi vida. Pero era injusto lo querían que haga. No importa si eran sólo unos pocos centímetros de diferencia, se trataba de un concierto, un evento público de entretenimiento donde no deben hacer distintos tratos.

Dos minutos antes que comience el show de Lucho Quequezana, entró la Primera Dama al recinto con una sonrisa gigante y saludando a la gente. Se sentó a mi lado y me sonrió. Seguramente los tipos enormes le habían contado que me negué a que se apropie de toda la primera fila. Y se sentó. Cada veinte segundos recibía una llamada en su celular y cada 45 segundos recibía una llamada en su otro celular. En total eran tres. El ultimo nunca sonó. La Primera Dama habló con una mujer al teléfono, de esto estoy segura, pero no recuerdo el nombre. Ella le preguntaba a la mujer a qué hora comenzaría el concierto de Soledad, que ya se quería o tenía que irse. Terminó el show de Quequezana y con las mismas galas en que se sentó, se fue. Estuvo mas o menos unos 30 minutos, si no fue menos. 

Después que me desprimeradamanicé, no sabía exactamente que había pasado. Estaba confundida. No sabía si había sido el mismo Presidente el que se había sentado a mi lado, la reencarnada Princesa Carolina de Mónaco o la Reina de Inglaterra. Todo fue confuso pero el poder que emanaba esa mujer de no más de 1.55 de estatura y flaquita como un palillo me aclaró. Qué loco, pensé y pienso ahora. Eso fue hace tres años, en 2011.... a cuatro meses de haber asumido la presidencia su esposo. Hoy, la idea de que la Primera Dama hace y deshace y nos gobierna, se acerca más a la certeza. Está más cerca a la verdad que lo que estuvo la segunda de la primera fila de ese concierto. 





''Eras igual a la Bardot en el Paris Theolonius Monk 
más imposible que la Cantilo y la Kate Moss'' 


24 de abril de 2014

La hija de la pata

Son de esas cosas que el periodismo te da. Precisamente cuando hace unos días supe qué era lo que quería hacer. Al menos con respecto a mi carrera. No quiero ver muertos, mucho menos hacer más miserables sus desgracias escribiendo notas sensacionalistas. Quiero contar otro tipo de historias. Y la que he vivido hoy se va a quedar para siempre.

Toqué el timbre una vez. Dos veces. Tres. Pensé en llamar una vez más y un claxon me sorprendió. Teresa Fuller, la hija de Chabuca Granda, me sonreía desde el asiento de copiloto de una camioneta gris que manejaba su sobrina. Ella también me sonrió.

Va a escribir un libro sobre la pata, le dijo Teresa a su sobrina.

Yo sonreí. Me invitó a pasar y justo antes de seguirla hacia adentro, la otra mujer me tomo del brazo.

No, no, no, Lucia, tú me vas a ayudar a cargar estas bolsas.

Tomé los dos bultos de plaza vea en donde Teresa había hecho unas compras y la seguí. Después de pasar por el patio, subimos unas escaleras, ella iba delante de mí. El corazón me empezó a latir un poco más fuerte cuando vi una gigantografía de Chabuca Granda. Teresa sólo veía a su mamá y a su ídolo.

Atravesé la sala como quien camina por el Louvre. Cuadros, fotos y estatuillas de Chabuca. Todo estaba perfectamente ordenado.

¿Quieres café, Luci?

Luci. No me gusta que me digan así. Pero era Teresa Fuller. Y además sonó lindo.

Sí, muchas gracias.

Mientras hervía agua para el café y guardaba sus compras, me preguntó sobre lo que quería hacer con el libro. Le conté todo y ella seguía sonriendo. Cuando terminó de hacer el café me dio la taza que me tocaba y fuimos a la sala.

Casi me olvidé de las preguntas. Mientras hablaba implícitamente defendía a su madre de todo como una leona. La cara se le ilumina, se ríe a carcajadas cuando habla de su ‘’mami’’ o ''la pata'', como ella le dice. Por ratos se quedaba mirando hacia un punto fijo con una sonrisa enorme. Pensé que iba a llorar. Pero no lo hizo. Simplemente cambiaba de tema y apuntaba hacia otra anécdota, se carcajeaba y el proceso era el mismo.

De Chabuca Granda se ha hablado más después de muerta. Y eso la indigna. A mí también. Eso no es justo. Ojala pueda hacer un cambio chiquito con el libro que escribiré.Mientras tanto, Teresa Fuller Granda, me ha recibido en su casa. He tomado un café con la hija de la mejor cantautora peruana de todos los tiempos, de una leyenda. La historia que quiero contar.  




Chabuca Granda no lloraba... sonreía.



17 de abril de 2014

Deberías saber por qué

Es difícil. A mi profesor no le gustó mi índice, tampoco el periodo de tiempo que elegí, mucho menos la descripción y ni hablar de la relevancia periodística que traté de explicar. Escribir un libro sobre Chabuca Granda es sumamente agotador y podía resultar repetitivo. Digamos, revelar o descubrir algo sobre esta mujer que no se haya dicho ya es trabajo de gente mucho más profesional que yo (que ni siquiera lo soy). Quería hacerle entender a mi profesor por qué la elegí y parece que aún no lo ha entendido. Es decir, yo no lo he logrado. 

Decidí, entonces, rehacer el índice y el propósito de mi libro. Decidí que quiero contar las historias de las canciones de Chabuca Granda, más allá del puente y la alameda, mas allá de flores, canelas, estampas finas y José Antonios. Quiero exponer a esa Chabuca indie, socialista, la de la tarimba negra, la que pudo lograr algo como Cardo o Ceniza, canción en la que, al menos yo, puedo sentir olores, texturas y pasión. 

Decidí, también, que no estoy para hacer lo que otros quieren o les guste porque no es honesto conmigo misma. Pienso en mi nota, sí, pero prefiero tener una nota mediocre, a traicionar a un trabajo al que le estoy poniendo mucho empeño porque me gusta, me apasiona. He leído ya demasiadas cosas sobre Chabuca, he visto muchos videos y un viernes a las 3 am he llorado leyendo su última entrevista. Una nota no puede hacer trizas algo que te nace. La vida es tan corta (más aún la vida universitaria) para estancarte con algo fácil que simplemente te hará pasar un curso más. He decidido que no haré eso.

Chabuca Granda fue mi primera opción. Lo fue desde que supe que tendría que escribir un libro sobre un personaje. Lo supe desde que escuchaba sus canciones mientras iba en el metro de Madrid con la cabeza recostada. Lo supe cuando vi a un señor cantando La Flor de la Canela en Atocha. Haré el mejor libro que pueda hacer y con el que me sienta mejor. ¿La nota? Subjetividad; y aunque es importante, cuando se hace algo que apasiona, no es más que un accesorio. Con todo respeto. 






''Ay los pinos en el viento con el olor a distancia
en los sueños de María, María, María sueños
van tejiendo sus sentidos
un mundo que es sólo de ella
y persiguiendo su estrella
anda y desanda caminos''