Todavía no entiendo bien qué fue lo que sucedió. Ahora que lo veo en retrospectiva empiezo a preguntarme si pasó o no pasó. Pero supongo que este vacío extraño que siento en el estómago y mi mente que no deja de hilar y perseguirse y enredarse no hacen más que confirmarlo. Aún así, recordar lo surreal de la situación sigue hincándome dudas.
Lo conocí un viernes a la medianoche en un bar escondido de la calle Esperanza en Miraflores. Estuvimos ahí durante una, dos o tres horas seguidas, no recuerdo bien, lo que sí sé es que ninguno dejó de hablar. Salimos del bar y empezamos a caminar sin saber bien a dónde ir. Garuaba. Me dijo que le gustaba esa estúpida y mediocre forma de lluvia que tenemos aquí, pero que si odiaba algo era el hecho de que en Lima no había estrellas y nunca salía el sol. Jamás pensé que eso podía convertirse en un verdadero problema para un extranjero. Caminamos hasta el malecón. Me preguntó si yo había planeado llevarlo ahí... la verdad era que todo parecía muy perfecto: mar, madrugada, conversación... me ofendí. Lo peor fue que no me pidió disculpas. Y la verdad es que eso me dejó de importar cuando de la más absoluta nada me dio un beso mientras yo le explicaba las razones por las que su pregunta me había herido. Nos besamos una vez más. Después me di cuenta que eran las cuatro de la mañana y que tenía que volver. Nos despedimos y eso fue todo. Yo tenía clases a las siete. Dormí una hora.
El sábado en la mañana caminaba como un zombie por la universidad. Hablamos todo el día por chat pero no nos vimos. El segundo encuentro pasó el domingo en la noche. Nos vimos en Miraflores. Tomamos dos pisco sours cada uno. Es poco pero yo ya me sentía mareada. Nos quedamos en el restaurante mirándonos sin darnos cuenta de nada más. Si había alguien más en ese sitio, no lo sé, no me fijé. Después fuimos a bailar. Fuimos a una discoteca. Nunca en mi vida había hecho algo así. Bailé todo lo que había por bailar y él también. Nos besamos varias veces y nos reímos muchas más. Nos botaron de la zona vip, me resbalé y me caí en plena pista de baile. Él me dijo que estaba borracha. Yo le respondí que no. La verdad era que me sentía medio tonta pero no era por el trago.
Salimos de la discoteca y nos sentamos en una banca del parque Kennedy. No había nadie, salvo por unos drogadictos que se sentaron justo frente a nosotros. Yo temblaba de frío. Él tomó mi saco y me tapó con eso... y a él también. Parecíamos dos mendigos. Conversamos de muchas cosas como si nos conociéramos de toda la vida y lo único cierto era que ambos nos enteramos de nuestras existencias apenas unas horas antes. Nos miramos todo el tiempo a los ojos. Me contó más del viaje que está haciendo por Sudamérica desde hace poco más de un mes. Me dijo que se moría por conocer Máncora. Y ahí fue cuando todo se detuvo. Nos conocimos dos días antes y ahí en el parque Kennedy, con un frío que parecía europeo, me pidió que me vaya a Máncora con él. Casi me enumeró las razones por las que debía dejar mi aburrida vida universitaria limeña, tirar todo a donde sea y viajar y solo viajar. Le respondí que lo pensaría y nos quedamos abrazados un rato más.
El lunes en la mañana todavía seguía mareada. No podía con mi cuerpo. Mover una pierna era un castigo. Estaba muerta de cansancio. Y aun así nos vimos esa noche. Mientras caminaba a verlo pensaba: Este chico llegó de la nada y me desordenó todo lo que yo ya había organizado en mi cabeza. Revolucionó mis días y lo más curioso era que yo se lo había permitido. Los dos teníamos la culpa. Los dos teníamos algo.
Lo que hicimos ese lunes fue ir a otro bar medio escondido. Me preguntó si había pensado lo de Máncora. Le respondí que sí. Pero que no, que me era imposible dejar las cosas a medias en cuanto a mi familia y la universidad para irme de mochilera con un chico que apenas había conocido. Pero le dije algo más: si dependiera solo de mi, me iría contigo no mañana, sino ahora mismo. Lamentablemente no estábamos en la película de Almodóvar de la que tanto le hablé. Ya estaba dicho: yo no iba a ir con el a Máncora y si esa iba a ser la última noche que nos íbamos a ver, teníamos que hacer que sea épica -y no mencionar lo del viaje y la despedida al menos en las próximas horas-. Seguimos caminando y parábamos en cada farola, como en la canción de Sabina. Todo terminó en la madrugada, igual como empezó.
No tengo idea de que dónde está en este momento. No sé si ya está en Máncora o si sigue en Lima. No nos alcanzaron las horas y menos las palabras al momento de la despedida. Me hubiese gustado decirle que soy de las que no podemos -aunque queremos- dejar todo. Me hubiese gustado agradecerle por animarme a tomar mis propias decisiones, a deshacerme del enfermizo apego que a veces tengo por mi familia, por querer ponerme de protagonista de la película que los dos nos estábamos haciendo. Me hubiese gustado decirle que sí. Me hubiese encantado poder decirle que tal vez alguna vez nos volvamos a encontrar. Aquí, en su país, en una frontera o en donde tenga que ser.
''La noche debilita los corazones, noches de funeral, de vino y rosas. Brindemos por el amor y sus fracasos, quizás podamos escoger nuestra derrota.
El sol limpia las calles, la memoria feroces pasiones atenúa. Invéntate el final de cada historia...''
''Pasemos a otro tema, no quiero hablar de eso''. Hoy es un día de bloqueo. No. Es más que un bloqueo. Hoy es un día de auto censura. No me atrevo a hablar de nada ni de nadie. No son días felices, son días de espera y lucha constante. Había preparado un tema que me encanta pero las ganas... no sé... ''andarán de vacaciones'' o en algún lugar adonde mis fuerzas y cabeza se fueron. Hoy no estoy en este blog, ni aquí mismo en mi cuarto mientras escribo esto -aunque todo parece indicar que sí, físicamente sí- hoy estoy con una lucecita que es mi vida entera y que escabulléndose y haciendo lo que le da la gana, me tiene sin ganas de escribir más pero con el amor intacto y lleno de fuerza y poder.
Durante los cuatro meses que vivió en Madrid, Laura y él sólo intercambiaron seis mails. Fue como un ping-pong. Él empezó y ella respondió. Una cifra despreciable e insólita para Laura que imagino que, estando lejos, el alivio que sería no tener que esconderse se viese desencadenado en pura cursilería y verborragia vía correo electrónico. Nada de eso pasó. Mientras ella veía esperanzada en su celular que había recibido un mail de él (seguramente escrito después de alguna clase) imaginaba un ''te extraño'' tal vez un ''cuando regreses deberíamos...''. Tampoco pasó.
Cuando Laura llegó a Lima, estaba segura que no lo vería durante los primeros días. Imagino que se reencontrarían al menos después de Navidad y Año Nuevo. Pasado el trajín de las fiestas lo más probable era que se vean. Perdón. Pasado el trajín de fiestas más una semana y dos días era probable que se encuentren. Y así fue. Acostumbrada a su natural frialdad, Laura tomó su: ''Veámonos. A las 8 en Che Santiago. No te me hagas la española'' como una invitación fresca y romántica, tal vez.
Che Santiago es un restaurante pequeño y discreto en Miraflores. Pocas mesas y pocos chismosos. Eso es lo emocionante de salir con él: Laura se siente famosa. Esconderse, taparse y disimular a veces puede ser interesante. Sobre todo cuando van a verse después de cuatro meses y las miradas escrutadoras se extrañan. Eso fue lo que pensó Laura mientras entraba al restaurante... ''hace meses que no me siento tan observada y... culpable''.
Ella llegó primero. A veces es estrategia y otras veces, como esta, es casualidad. Laura se sentó en una mesa cerca al bar y pidió una copa de vino rosado. Laura se sentía elegante. Laura se sentía... emocionada... y más aún cuando lo vio entrar. Oh, la camisa celeste. Tan suya. Él sonreía mientras se acercaba. Laura se paró inmediatamente, se acercó y lo abrazó. Él respondió al abrazó con más fuerza, separándola un poco y dándole un beso en la frente.
-Estás más flaca -dijo él
-Ya quisiera...
-No, en serio, ¿mucha paella?
-Eso es lo menos apropiado que puedes decir
-Estar acá es lo menos apropiado.
Es casi imposible que Laura pueda ganar una conversación porque con él cada palabra es un dardo. Pero a las batallas las alivia su sonrisa. Imposible resistirse cuando sonríe de lado. Él la invitó a sentarse. Pidió más vino y una parrilla para dos. Laura le contó de la universidad, de Madrid, de sus noches, sus días, lo increíble que fue París y lo mucho que planea viajar. Él sólo la miraba hablar; riéndose de vez en cuando mientras intentaba cortar la carne. Cuando ella terminó de hablar, él le contó sobre sus clases y su trabajo. Tres copas de vino después, Laura cayó en cuenta de que no faltaba mucho para despedirse. Él pidió la cuenta y se paró mientras Laura terminaba su copa. Él volvió a sentarse y miró el reloj.
-¡Ya! no puedo tomar tan rápido -le reclamó Laura
-¿Vamos al departamento?
-Vale -respondió Laura totalmente inconsciente.
-¿Vale? No te puedo creer.
-Perdón.. es desesperante pero es lo que más rápido se pega.
-No te disculpes. Trataré de no burlarme... tanto.
Cuando entraron en su carro, Laura, desde el asiento de copiloto, se dio cuenta de las razones por las que había extrañado Lima. Las luces de noche, el olor a mar y tantas otras cosas inexplicables pero presentes y perceptibles. Barranco es aún más lindo. Por la calle donde él vive casi nunca hay nadie. Después de los chistes en el estacionamiento del edificio y alguno que otro bostezo en el ascensor, la puerta se abre directamente en su piso, a la sala. Nada ha cambiado, por supuesto. Él se adelanta hasta donde está el equipo de música y todo, de repente, es como una película. Saca un cd de un cajón y tapa la portada con una mano.
-¿Quién es? ¿Qué te pasa? -se ríe Laura
-Yo te dije que no podía caer tan bajo pero el inicio de una canción es impresionante -se excusa él.
-¡¿Quién es?!
Él saca el disco de la caja y lo pone en el equipo. Pasa canciones hasta llegar a una a la que pausa inmediatamente.
-Por favor, no pienses en la letra. Porque no es verdad y ya me conoces -dice él
-Ya...
-Baile conmigo, madrileña.
Reanuda la canción y Laura capta el mensaje. ''Y sólo se me ocurre amarte'' de Alejandro Sanz. Una parte de ella se ríe porque es verdad, lo conoce y entiende por qué le dijo que no piense en la letra. Eso de no hacerse dramas demás parece irle funcionando bien porque ni bien empieza la música lo olvida. Laura le da la mano y la pone en su hombro. Los primeros segundos son gloriosos, para bailar y para detener un momento. Empiezan a bailar y cuando él le da una vuelta y la jala contra su camisa celeste, Laura lo sabe: esto no es romántico y ni siquiera sabe si quiere que lo sea... esto es ser feliz por un momento. Él sube el volumen considerablemente (por usar una palabra elegante) Empiezan a cantar, empiezan a gritar. La letra no importa, no significa nada para ellos... las risas sí
''No existe un corazón que lo resista Porque si lloras quiero que mis ojos sigan cada lagrima tuya y hasta que la pierda de vista''
Ya no sólo era cuando dormía que
Laura, súbitamente, estaba tranquila. Ahora, podía sentirse tranquila y sin
pensar demasiado cuando estaba con él. Al menos eso creía ella cuando decidió,
por fin, decirle a esta persona lo que le estaba sucediendo en paralelo a sus
propios demonios y, además, ordenar y aclarar lo que estaba pasando ya no sólo
con ella, sino con los dos.
Entonces estaba decidido. Sólo tenía
que esperar otro encuentro casual. Porque no tenia su número ni él el de ella,
porque jamás quedaban en verse y nunca, pero nunca, podían estar demasiado
tiempo en el mismo lugar. Entonces era
probable que lo viera, seguramente, ese mismo día, en dos, la semana siguiente,
indefinido.
Como es costumbre, a Laura le pasan las cosas que piensa, será
porque las atrae, será porque, como él una vez le dijo, su energía es tal que
genera situaciones. No especificó qué clase de energía, vale aclarar.
Entonces pasa así: Laura está aburrida
en una clase. Son casi las 2:00 de la tarde. El profesor no deja de hablar.
Como nunca, se ha sentado en la última carpeta y de rato en rato, recuesta su
cabeza en la pared y comienza a cerrar los ojos. Los abre enseguida porque su
profesor le provoca pena. Soluciones, piensa, soluciones. Se para de inmediato
y decide ir al baño a lavarse la cara. Sale del salón, cierra la puerta con
cuidado y comienza a caminar mirando a los costados, tratando de evitar
miradas, no sabe por qué lo hace. Y lo ve. Está ahí, parado, tomando un café y
revisando su celular antiguo. Laura se queda paralizada, tampoco sabe por qué,
se acerca un poco más y él se da cuenta de ella.
-El aburrimiento tiene rulos - le dice él.
-Es urgente que hablemos. Pero, así, urgente – responde Laura
-¿Y ahora?
-No, no es de eso, creo. Es otra cosa.
-Ahora es break pero siempre la terminó a las 2:15 o 2:20, ya sabes.
-Pero yo tengo que quedarme.
-Entonces espero.
-Es hasta las 3.
-¿Estacionamiento?
-Ya.
Si algo le inquieta a Laura, es la
manera en la que él puede sintetizar toda la expresión de su rostro, de lo que
quiere decir, de lo que intenta generar, en pocas palabras. Y a Laura que le
gusta hablar mucho, eso la desacomoda un poco.
A las 3 en punto, Laura sale de su
salón y camina hacia el estacionamiento. Sólo quiere decirle algo y de ahí en
más, lo que sea que venga. "Lanzar la bomba" 2da parte, esta vez es
personal.
Sale de la universidad y empieza a
caminar sintiendo el viento en su cara y, de paso, despeinándola. Sabe el lugar
donde él probablemente ha estacionado su auto.
Lo ve. Va acercándose mirando hacia los lados, como él le ha pedido que
haga tantas veces y se detiene frente a la ventana. Él, que estaba ordenando
unos papeles, los deja en sus piernas y le abre la puerta. Ella entra
cuidadosamente y de inmediato pone la mano en su mejilla para que no la noten.
También es algo ensayado.
-¿Cuál es el drama? –pregunta él, otra vez con cara de médico.
-No me acuerdo de ninguno ahora. Pero si quieres que lo piense… – responde
Laura ofuscada.
-Te vas a inventar uno o te esforzarás hasta recordar. Ya se acerca Noviembre,
por ejemplo.
Laura sintió que quiso ofenderla. O,
tal vez, quería volver a hacerla sentir tonta. Pero tenía razón y ella sabía
que la tenía. Cayó en cuenta, entonces, que Noviembre venía así nomás, directo
y sin escalas, que tendría un ataque
nervioso otra vez. Y así, como ya es costumbre, comenzó a llorar.
-Ya estoy cansada. Hay veces que no sé
qué hacer, me desespera. Quiero dormirme y despertarme cuando todo me pase
–grita Laura.
Pero él no responde. Sólo observa cómo
Laura pone sus dos manos sobre su cara y se agacha. Y la escucha llorar,
escucha cómo se queja, escucha los sonidos de alguien a quién le duele llorar
pero que no encuentra otro remedio.
-Me siento tan… me siento como tirada,
como algo que ya no sirve y que fue dejado de lado. Soy un desconocido. No
sabes cómo se siente ser ignorado, en serio. –continua Laura con esa habilidad
extraterrestre de hablar tanto mientras llora.
Laura sigue y sigue hablando, como
intentando levantar la mano desde donde se ahoga. Él le jala el brazo presionando
su codo y la abraza. Laura ahora puede ser más ella. Lo abraza también, le
presiona los hombros, llora como desconsolada. Si alguien los vio, no
importaba. Al menos no a ella.
Se separan por fin.
-Si eso era lo que me querías decir, eres una dramática – dice él
volviendo en sí.
-Ah, no no, no es eso. –responde Laura mientras se seca la cara.
-Dime
-dnkjndskjfddwfwenjdnewodnednenewewdcwecewfbudcbuewdcfewcwfe y te lo digo en
serio.
- Pensé que sólo era una vez que me lo ibas a decir
-Y, como la última vez, sólo es decírtelo.
-No creo que yo deba decir algo
-Sí… o sea, está bien.
Se quedan en silencio. Ven a unos
chicos jugar fútbol y a algunas chicas en el gimnasio. Hay sol, el ambiente
afuera es lindo, dentro del carro sólo es pura tensión. Era.
-Yo no creo que empezar a salir sea
una buena idea
Laura voltea y lo mira avergonzada. Se
quiere ir, no sabe qué responderle.
Hasta que pasa. Un momento de las películas, una revelación, como cuando el
protagonista encuentra la solución cuando están a punto de matarlo.
-Yo no te he dicho "salir".
Ni siquiera dije esa palabra
Jaque. Laura lo mira como esperando
una respuesta y él no dice nada. Ella se siente ganadora. Pero el tenia
palabras y, sobre todo, acento.
-Mira, ¿por qué no vas a tu casa? Y
cuando estés mas tranquila, me dices y volvemos a hablar.
Laura asintió, miró para un lado y
para arriba después, como suele a hacer cuando está molesta. Claro que se iría.
Claro que pensaría. ¿Qué regresaría a hablarle?: No claro.
-Ya, sí, chau
Puso su bolso al hombro, sacó el
seguro a la puerta, salió mientras se arreglaba el pelo, cerró la puerta y
empezó a caminar. Cuando intentaba sacar su mp4, escuchó que una puerta se
abría
-Laura
Ella se voltea y se acerca hacia donde
está él: parado fuera de su auto y cogiendo la puerta con una mano.
-Te ves bonita después que lloras.
Y Laura no pudo responder porque él le
dio un beso mientras le cogía la cara con las dos manos. Y ella ni siquiera
tuvo tiempo para para sorprenderse porque estaban en el estacionamiento. ¡En el
estacionamiento! Ahí mismo, Laura le cogió las manos a él y se las retiró del
rostro.
Los dos entraron en el auto y se
fueron. Laura necesitaba taparse la cara, ahora sí. Primero fueron a San Borja,
Él firmó unos papeles, se aseguró que no tenía que ver a nadie ese día y
volvieron a irse. Almorzaron "tensamente" en una cevicheria en La
Molina mientras Laura pensaba, mientras lo veía comer, que siempre creyó que
las personas como él no hacían esas cosas, que eran sumamente racionales y
que hacían y analizaban a todo menos a
ellos mismos, no hacían cosas así, por sentirlo. La conversación de tías llegó
después, cuando ya eran las 5 de la tarde y empezaron a dar vueltas por el
Jockey Plaza. Y Laura se enteró de la relación de él con su papá, con su
hermana, con su trabajo, con su profesión, con el hecho de ser tan ermitaño,
como él mismo se dice. Y así, también, él se enteró de los últimos 3 años de
Laura, de la comida, de sus ex amigas, se enteró que a Laura le gustaba cantar.
Cuando los dos miraron para el cielo y
se dieron cuenta que ya estaba oscuro, eran las 8 de la noche. Cuando se dieron
cuenta que habían seguido hablando en el estacionamiento del Jockey Plaza, eran
las 9:30.
Él arrancó el carro y fueron por la
Vía Expresa hasta Miraflores. Laura no decía nada. Llegaron al Parque Kennedy,
comieron en el Haití. Peligroso. A las 10:30 empezaron a caminar y en una calle
estrecha, escucharon cómo terminaba una salsa y empezaba una guaracha. A Laura,
esas canciones le recordaban a su abuelo paterno. Y él vio como Laura se
quedaba embelesada con el ambiente del bar Habana.
-Entremos, entremos –dice él adelantándose a la puerta del lugar.
-¿De verdad?
Se acomoda el pelo que brilla más
castaño por la luces, le sonríe y entran. Se sientan los dos en la barra. Piden
dos Cuba Libre. Él terminó el suyo bastante
rápido. Y mientras Laura seguía tomando el suyo, él la miraba con el ceño
fruncido, como se dice.
-Drama queen, drama queen. -le dice él
-Ya lloré hoy, ¿no? Bastaaante. Qué roche –respondió Laura
-Mira, es que ni tu misma te entiendes ni sabes qué eres, ni que haces.
.No he dicho que sí, ah.
-Tienes etapas, como todos, ¿no? Pero también hay cosas en ti que no creo que
se vayan. Hay personas sensibleras, hipócritas, lloronas pero superficiales. Tú
eres demasiado sensible pero autentica. Lloras y es verdad. Eres muy frágil.
-No me doy cuenta
-Porque no quieres y eres necia pero esta bien. Imagínate si dijeras: soy tan
auténticamente sensible. No, olvídate.
De pronto una canción hizo que varias
parejas se levanten improvisando una pista de baile porque ese era sólo un bar.
Laura sonrió porque le pareció algo muy divertido y escandaloso.
-¿Quieres bailar? – Preguntó él
-¿Tú bailas? –Preguntó también Laura
-Y bueno...
Si algo se ha de decir, es que Laura
creyó que pasaría tremenda vergüenza porque asumió que él no podía bailar. Era imposible. Hasta que se
pararon y comenzaron a bailar. Ella no sabía cómo se bailaba esa música pero
intentaba. Él bailaba mejor de lo que Laura esperaba y, antes que terminé la
canción, él pagó los dos cuba libre y salieron del bar. Por una hora un poco
más, Laura dejó de tomarse todo tan en serio. Ni siquiera el haber estado ahí,
con alguien que no debería, le parecía tan grave. Al menos unas horas. Después
pensaría en Noviembre y su amenaza.