Probablemente para este día ya estás viviendo sola. Seguro estás buscándote la vida en Madrid
como te lo propusiste hace cinco años. Sí es así, me alegra que hayas tomado la
decisión. Imagino que si estás en Europa en este momento es porque finalmente
arrancaste esos lazos a veces enfermizos que tienes –o tenías- con tu familia.
Ese es todo un tema. No puedo creer que lo lograste. No puedo
creer que después de tanto tiempo descascaraste de tus alas todos esos miedos e
inseguridades que la gente que te quiere –y aunque te quieran- te impuso desde
siempre. Es duro aceptarlo, tener la certeza de que a pesar de todo el amor que
te tienen, son ellos los que crearon ese alter ego miedoso y lleno de trabas
que espero ya no seas.
Cuéntame, ¿cómo te animaste? ¿Los juntaste y lanzaste la
bomba? Me imagino que habrás botado toda esa energía. Me hubiese gustado verlo.
Espero que en verdad te hayas por fin soltado, que hayas podido explicar que a
veces sientes que te reprimen, que no confían en ti. Espero que hayas gritado
que no vas a permitir más chantajes emocionales, más preocupaciones y miedos
contagiados. Espero que lo hayas hecho y que todo se haya terminado. Y que
‘’seas sola y estés bien’’
Cinco años. Ya habrás terminado de destrozar a todas esas
chicas que hablan sin vocalizar y como si se les estuviera cayendo la
mandíbula, a todos esos clones. No creo que hayas podido evitarlo. Espero, en serio,
que te haya dejado de importar esa estupidez de quedar bien o quedar mal. Te
debes haber liberado. Dime que sí, sino todo este tiempo no habrá valido la
pena.
Espero que te haya pasado todo lo que te haya tenido que
pasar y que lo hayas pasado bien. ¿Se entiende? Supongo que habrás evitado y
afrontado cosas. No sé qué tanto te habrás planteado y menos qué es lo que has cumplido.
Pero me reconfortaría saber que la luchaste.
¿Pasaste bien estos cinco años? ¿Dejaste de perseguirte y
pensar tanto? ¿Viviste realmente?
L. de 22 años (en
algún lugar y algún momento)
''No somos más que una gota de luz, una estrella fugaz, una chispa, tan solo en la edad del cielo No somos lo que quisiéramos ser solo un breve latir en un silencio antiguo con la edad del cielo''
Ya tengo varias semanas a cuestas viviendo a la española y la idea de regresar me parece cada vez más absurda. Aún quedan muchas cosas por hacer y ciudades que visitar. Por eso es que estoy en el bus que me lleva de regreso a Madrid desde Segovia. Ha sido una visita corta de medio día. Es suficiente. Eso es lo bueno de España, pienso, todo está tan cerca que en un día puedes tachar una ciudad más del mapa. Y conocerla bien. Me queda una hora más de viaje hasta la estación. Quiero salir esta noche. Tengo que aprovechar las oportunidades. Vivo a media hora del centro de Madrid, en un pueblo que se llama Villaviciosa de Odón, donde nunca pasa nada, donde la emoción pasa por esperar el bus que me lleva hasta Príncipe Pío. Me lo merezco.
Esta noche hay que salir. No hay otra opción. Miro a mi alrededor: todos mis compañeros de viaje duermen. Mis amigos. La familia internacional que he hecho en este absurdo genial que viene siendo la experiencia en Europa. Supongo que nadie querrá salir hoy. A lo mejor proponen comer una pizza de 2 euros en Sol y eso es todo. No puedo permitirlo. Cierro los ojos porque el sol incandescente del atardecer me abruma. Ya los convenceré.
Llegamos a Madrid eso de las siete y media de la tarde. Salgamos, digo, vayamos de tapas, a bailar o a caminar borrachos por la Gran Vía. -¡Ya lo hemos hecho antes!-. Los convencí. Quedamos en encontrarnos en Sol, exactamente en el Oso y el Madroño, a las once de la noche. La amiga con quien el viaje se me hace más ligero me echa una mirada de esas que dicen ''vamonos'' sin hablar. Tenemos que tomar el metro y después el tren. Son casi 40 minutos hasta Vallecas. Pasan rápido cuando se conversa bien. El olor a hierbabuena me dice que ya llegamos. Este lugar tiene edificios y plantas, es tranquilo, familiar y podría jurar que hasta misterioso.
Mi amiga y yo cenamos paella congelada, vemos televisión un rato, nos cambiamos y casi como llegamos, caminamos de nuevo a tomar el tren, que está lleno de chicas y chicos en busca de marcha, algunos tienen botellas de trago en la mano o dentro de una bolsa. Todos gritan, se ríen. Cuando llegamos a Atocha, salimos todos como una manada en busca de juerga. Ahora a tomar el metro. La misma escena. Voy a extrañar mucho esto cuando regrese a Lima, pienso.
A. y yo nos encontramos con dos amigos más. Entre esos dos está S., el chico chileno que me gustó desde que lo vi en el Retiro el día que nos presentamos junto a todos los del grupo. Yo ya le había lanzado una flecha imaginaria. Unos cuantos coqueteos en Toledo pero ningún otro progreso más. Por el momento no me importaba. Girls just want to have fun.
Después de ir por algunos bares, decidimos entrar a una discoteca de música comercial, que es como le llaman a la música latina por aquí. El cuba libre que me sirven como cortesía termina de aniquilarme. Pero siempre he presumido de ser una borracha que recuerda más de lo que su casetera borra. Y esta vez no iba a ser la excepción. Bailamos cumbia, salsa, reggaeton, flamenco y todo cuanto nos pusieran. El chileno y yo nos apartamos del resto. Recuerdo una canción de Rafaella Carrá. ''Y si te deja no lo pienses más, búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar'' cantaba yo mientras atraía a S. hacía mi y él se reía. Era como si estuviéramos dentro de una licuadora llena de brillos y luces y besos. Qué frase tan precisa. -------------------------
Y de repente todo para mi es oscuridad. Me siento adormecida. Abro de a poco los ojos como si esperara ver a un monstruo. Ni siquiera sé dónde estoy. Estoy echada con las dos manos bajo la cabeza y de costado. Algo me impide abrir los ojos por completo. Sí, es el sentimiento de incertidumbre y la idea fugaz de un posible secuestro. Veo una cortina gris. No entra luz. Levanto un poco la cabeza. Ok, estas paredes no las conozco... este cuarto, definitivamente no es el mío. Mi mente va entendiendo un poco a la vez que comienza a espantarse. Giro a la izquierda hasta quedarme boca arriba. Estoy tapada. Por favor, por favor no, pienso mientras levanto la frazada y miro por debajo. Estoy en pijama. Esto es extraño. Volteó más hacia mi izquierda y ahí está él. S. O por lo menos su espalda. Siento que voy a estallar por la confusión. Me froto los ojos mientras me incorporo. Me quedo sentada y observo: mi ropa de la noche anterior está a un lado. De mi teléfono no tengo la menor idea. Me vuelvo a echar y me tapo la cara con las dos manos. ¿Qué hago acá? Me siento sucia, absurda, adulta. Quiero estar en Lima, en mi casa, con mis papás, tranquilita como un bebé. Pero no. Estoy en un piso que no es el mio y veo como en una esquina se arrincona la misma ropa que usé el día anterior.
No lo pienso más. Cojo toda mi vergüenza, me destapo y me paro. El piso de madera cruje con toda su fuerza. Lo odio. Miro a S. que sigue dormido. Por un momento pienso que esta imagen mía de pie y con mi pijama H&M es muy de película. La idea se me va cuando la pena regresa. Recojo mi ropa del suelo y salgo de la habitación. En el sofá de la sala está mi bolso. Me siento con las manos en las rodillas como si tratara de ordenar mi vida. Miro hacia la puerta del cuarto. S. no se va a despertar, pienso. Me quito el pijama en dos segundos y me pongo la ropa, sí, esa de la noche anterior y me quedo sentada un rato. Estoy como en shock cuando S. sale del cuarto. Tiene solo un pantalón de pijama puesto. Nos miramos un rato. Él sigue medio dormido.
-¿Qué haces aquí? -me pregunta
No le respondo. Solo encojo los hombros. Me tiende la mano como si me invitara a bailar. Y empiezo a recordar algunas cosas de la noche anterior como las risas y los bailes y la certeza de que a mi nadie me llevó ahí obligada. Me paro y voy con él. El se sienta en su cama y yo me quedo parada justo en frente.
-Me tengo que ir. El metro ya debe estar abierto -le dije casi sin pensar.
Él volvió a tomarme del brazo y me jaló hasta él. Quede sentada a su lado y nos abrazamos durante varios segundos. Esto ya no se siente absurdo. Esto se siente divertido y, por más vergüenza y gracia que cause, yo me siento audaz.
Me despido de él y salgo de su piso. En al ascensor intentó acomodarme el pelo y una vez que salgo del edificio me pongo el saco y mientras camino intento entrelazar mi bufanda en mi cuello. Manos a los bolsillos. Siento que todos me miran. El frío madrileño hace que trate de esconder la cara dentro de mi bufanda y guardar para mi la gran sonrisa que tengo. Pasan por mi cabeza todas esas escenas en que la chica sale con los tacos al hombro y arreglándose el vestido. Walk of shame. El paseo de la vergüenza. Esto no es para mí. Yo me siento bien. De repente siento la complicidad de la mirada de todos los que caminan a mi lado. Sigo caminando y el viento frío de Madrid me hace bien. No hay ningún arrepentimiento. Este es el paseo de la NO vergüenza. Vamos, chicas, ''la culpa es un invento muy poco generoso'' ¿y el tiempo? ''tremendo invento sabandija''.
''Ella sólo quería tirarse de la cama subirse a un caballo y mandar todo al diablo soñar con alondras, bailar en una gran salón no siempre el viaje era hermoso a veces veía unos monstruos horribles. que hablaban idiomas extraños y así despertaba en su habitación''
No me fui a España a olvidarme de alguien. Al contrario, me fui porque quería recordar quién era yo. Lo que quería encontrar lo fui descubriendo poco a poco... entre estudios, salidas, noches, madrugadas y tantas cosas más. Mi 2012 fue terrorífico, mi año más oscuro y el inicio de mi 2013, casi una broma, una preparación...
Creo que encontré algunas partes mías... descubrí que puedo ser la más mala, la más pecadora, la más insoportable... que puedo ser cursi, estúpida, engreída. Me encontré graciosa y a veces borracha. Casi enamorada, deslumbrada, medio tonta... por todos y por toda la ciudad. Me enamoré un poco de mi y mi gorrito negro parisino. De mi saco. De encontrarme sola y verme sola... ver por mi y a encantarme con la presencia de mis amigos que finalmente fue la presencia de mi familia.
Me fui a España a confirmarme.
Parafraseo a Susel Paredes y hasta me atrevo a contradecirla:
No me fui de Lima para olvidar un amor no correspondido.
Grave error, no olvidas una mierda. Es mejor.
''Soy sola y del alma buena y si me descalzo muestro los pies. Se van trepando las libertades muy despacito pero al revés''
No poder pasar ni un día sin pensar en Madrid es algo que
me persigue desde el momento que regresé. Todas las fotos, videos y recuerdos
me parecen de hace mucho tiempo, me cuesta estar segura de que todo lo vivido, lo viví precisamente yo y nadie más. ¿Cómo se puede tener la capacidad de ver,
hacer y sentir tantas cosas en tan poco tiempo? Todavía no me lo puedo
explicar. Los recuerdos, como diría Soledad, me parecen de otras vidas. No me
arrepiento de nada… tal vez solo de irme.
Y es raro, por ejemplo, no entrar en pijama a la universidad
después de haber pospuesto la alarma unas cuatro veces, tomar desayuno parada y
correr hacia al bus. También es raro no pensar durante las clases en quitar la
ropa del tendero porque en el diario han dicho que va a llover, no ir a hacer
la compra los lunes en la mañana, elegir qué prendas lavar y cuáles no, pensar
en el almuerzo, en pagar la luz y el agua. No sentir más la luz del sol estallándome en la cara en un asiento del bus 519 que atraviesa la Avenida Príncipe
de Asturias hasta la UEM escuchando un flamenco medio moderno que el conductor tararea de vez en cuando. Peor aún, no cerrarse bien el abrigo o acomodarse la bufanda y el pelo porque se
viene lo bueno: el 518. No quiero olvidarme de las
paradas para no despegarme totalmente de esa ruta feliz. Príncipe de Asturias,
Castillo de Villaviciosa, Campodón, Alcorcón, San Martín de Valdeiglesias,
Batán, Campamento, Paseo de Extremadura, Príncipe Pío, ramal hacia Opera…
caminar hasta Sol.
Es triste no estar con la que se volvió mi gente. Que no
haya más un viernes de encuentro en el oso de Sol, unos tragos en O'Connells y
después a lo que venga. Que no haya más un viaje de carretera. No estar en un
Starbucks planeando un itinerario parisino mientras las luces de la Plaza de
España se mezclan con las de Gran Vía. La brisa de los domingos en la mañana
antes de subir al metro. El tinto de verano, las tapas, los montaditos, las
señoritas de Montera, los locos de Plaza Mayor, los botes de Retiro, las
caminatas en Vallecas, la canción del Mercadona, el búho, los caballos de
Villaviciosa, los bostezos en la UEM, la puerta del hotel Carlos V, la puerta
del Petit Palace, las caminatas borrachas por Gran Vía, todas las risas y todos
los recuerdos. Todo lo cursi que es extrañar un lugar que, por más empalagoso
que suene, se metió en la piel.
Ahora no sé si podría
volver a Madrid… al menos no como turista. Es como una auto amenaza mental cada vez
que extraño esa ciudad: Si voy, no regreso. Tengo pocas cosas tan claras como
eso que acabo de decir. Simplemente lo sé y lo siento. Y aunque amo Lima por ser el
lugar donde nací, en ningún lugar he sentido la libertad interna y externa que en Madrid sentí
siempre. Hace un año que me fui. Y ahora siento que esos meses fueron algo así
como un cuento con acento español y manchado de tinto de verano. Pero eso, un
cuento. Hace un año que descubrí esa ciudad ''con su todo es ahora y su nada es
eterno''.
''... pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,
pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid,
pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid. Yo me bajo en Atocha''
El viento en la cara de una mañana en Madrid. Un sábado, un domingo. Los pasos, el pelo revuelto, el abrigo mal abotonado, las heridas en los pies, el frío, el desayuno improvisado en una esquina de Arenal. La tarjeta del metro que no sale de los bolsillos. El disfuerzo y el arrepentimiento después. Los ''nunca más'', los ''algún día'', lo que era suficiente y lo que faltaba. La noche amenazando de nuevo. Un viernes, un sábado. Los silencios y las decepciones. Los ''nunca más''. Los nuevos aires, el nuevo país. El frío destrozando huesos, los abrazos inesperados, el inicio... La canción, el olvido, bisous. El juego vuelve a empezar. Nuevos aires, las mismas personas. ''Nunca más'' pero ''algún día''... Palabras francesas, catalanas. Tiempo. Temps. Esos tiempos eran los tiempos... Temps era temps.
''Por esos tiempos yo andaba siempre corto de tiempo y nunca encontraba tiempo en ningún lugar.
Cabe decir que es tiempo de rememorar los viejos tiempos, aquella ciudad... Aunque no sea más que para decir que de tiempo en tiempo conviene recordar (...)''
Durante los cuatro meses que vivió en Madrid, Laura y él sólo intercambiaron seis mails. Fue como un ping-pong. Él empezó y ella respondió. Una cifra despreciable e insólita para Laura que imagino que, estando lejos, el alivio que sería no tener que esconderse se viese desencadenado en pura cursilería y verborragia vía correo electrónico. Nada de eso pasó. Mientras ella veía esperanzada en su celular que había recibido un mail de él (seguramente escrito después de alguna clase) imaginaba un ''te extraño'' tal vez un ''cuando regreses deberíamos...''. Tampoco pasó.
Cuando Laura llegó a Lima, estaba segura que no lo vería durante los primeros días. Imagino que se reencontrarían al menos después de Navidad y Año Nuevo. Pasado el trajín de las fiestas lo más probable era que se vean. Perdón. Pasado el trajín de fiestas más una semana y dos días era probable que se encuentren. Y así fue. Acostumbrada a su natural frialdad, Laura tomó su: ''Veámonos. A las 8 en Che Santiago. No te me hagas la española'' como una invitación fresca y romántica, tal vez.
Che Santiago es un restaurante pequeño y discreto en Miraflores. Pocas mesas y pocos chismosos. Eso es lo emocionante de salir con él: Laura se siente famosa. Esconderse, taparse y disimular a veces puede ser interesante. Sobre todo cuando van a verse después de cuatro meses y las miradas escrutadoras se extrañan. Eso fue lo que pensó Laura mientras entraba al restaurante... ''hace meses que no me siento tan observada y... culpable''.
Ella llegó primero. A veces es estrategia y otras veces, como esta, es casualidad. Laura se sentó en una mesa cerca al bar y pidió una copa de vino rosado. Laura se sentía elegante. Laura se sentía... emocionada... y más aún cuando lo vio entrar. Oh, la camisa celeste. Tan suya. Él sonreía mientras se acercaba. Laura se paró inmediatamente, se acercó y lo abrazó. Él respondió al abrazó con más fuerza, separándola un poco y dándole un beso en la frente.
-Estás más flaca -dijo él
-Ya quisiera...
-No, en serio, ¿mucha paella?
-Eso es lo menos apropiado que puedes decir
-Estar acá es lo menos apropiado.
Es casi imposible que Laura pueda ganar una conversación porque con él cada palabra es un dardo. Pero a las batallas las alivia su sonrisa. Imposible resistirse cuando sonríe de lado. Él la invitó a sentarse. Pidió más vino y una parrilla para dos. Laura le contó de la universidad, de Madrid, de sus noches, sus días, lo increíble que fue París y lo mucho que planea viajar. Él sólo la miraba hablar; riéndose de vez en cuando mientras intentaba cortar la carne. Cuando ella terminó de hablar, él le contó sobre sus clases y su trabajo. Tres copas de vino después, Laura cayó en cuenta de que no faltaba mucho para despedirse. Él pidió la cuenta y se paró mientras Laura terminaba su copa. Él volvió a sentarse y miró el reloj.
-¡Ya! no puedo tomar tan rápido -le reclamó Laura
-¿Vamos al departamento?
-Vale -respondió Laura totalmente inconsciente.
-¿Vale? No te puedo creer.
-Perdón.. es desesperante pero es lo que más rápido se pega.
-No te disculpes. Trataré de no burlarme... tanto.
Cuando entraron en su carro, Laura, desde el asiento de copiloto, se dio cuenta de las razones por las que había extrañado Lima. Las luces de noche, el olor a mar y tantas otras cosas inexplicables pero presentes y perceptibles. Barranco es aún más lindo. Por la calle donde él vive casi nunca hay nadie. Después de los chistes en el estacionamiento del edificio y alguno que otro bostezo en el ascensor, la puerta se abre directamente en su piso, a la sala. Nada ha cambiado, por supuesto. Él se adelanta hasta donde está el equipo de música y todo, de repente, es como una película. Saca un cd de un cajón y tapa la portada con una mano.
-¿Quién es? ¿Qué te pasa? -se ríe Laura
-Yo te dije que no podía caer tan bajo pero el inicio de una canción es impresionante -se excusa él.
-¡¿Quién es?!
Él saca el disco de la caja y lo pone en el equipo. Pasa canciones hasta llegar a una a la que pausa inmediatamente.
-Por favor, no pienses en la letra. Porque no es verdad y ya me conoces -dice él
-Ya...
-Baile conmigo, madrileña.
Reanuda la canción y Laura capta el mensaje. ''Y sólo se me ocurre amarte'' de Alejandro Sanz. Una parte de ella se ríe porque es verdad, lo conoce y entiende por qué le dijo que no piense en la letra. Eso de no hacerse dramas demás parece irle funcionando bien porque ni bien empieza la música lo olvida. Laura le da la mano y la pone en su hombro. Los primeros segundos son gloriosos, para bailar y para detener un momento. Empiezan a bailar y cuando él le da una vuelta y la jala contra su camisa celeste, Laura lo sabe: esto no es romántico y ni siquiera sabe si quiere que lo sea... esto es ser feliz por un momento. Él sube el volumen considerablemente (por usar una palabra elegante) Empiezan a cantar, empiezan a gritar. La letra no importa, no significa nada para ellos... las risas sí
''No existe un corazón que lo resista Porque si lloras quiero que mis ojos sigan cada lagrima tuya y hasta que la pierda de vista''
Ayer leí parte de un dialogo de How I Met Your Mother. Ted Mosby decía: Nada bueno ocurre después de las 2 a.m. Obviamente, claramente, evidentemente y todos los -entes más para todos los perspicaces, es imposible que este ''statement'' se aplique para todo y para todos. PERO me hizo dar cuenta que en los últimos meses de MI vida, la mayoría de las cosas más lindas y bizarras me han pasado después de las 2 a.m, quizás hasta después de las 3 a.m.
Tengo muchas imágenes en la cabeza y, más segura que probablemente, incluyen a gente y escenarios que de presentarlos aquí provocaría una ''colisión'' y además... qué vergüenza. Pero sí, ''uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amo la vida'' Tal vez no debería decir que el alcohol (si quiero ser precisa: caipirinhas, tragos extranjeros, ron con coca cola, etc.) ayuda a ver las cosas con pajaritos y colores, como si no hubiese un mañana y todo pareciera de repente... feliz. Al menos eso es lo que me pasa a mi. Pero no sé, las noches que me han tocado, al menos, daban para brindar, para hablar, para estar felices y más. Todo eso después de las 2 a.m, aclaro.
También podemos tomar malas decisiones. O al menos de esas que parecen buenas al comienzo y después nos perseguirán por el resto de los siguientes días (porque al final pasa). Todo eso en la madrugada, aclaro.
Pero NO SÉ. Me niego categóricamente a eso de que nada bueno puedo ocurrir después de las 2 a.m. Por ejemplo:
-Salí de mi piso en Madrid a las 5 a.m para ir en bus y metro hasta el Aeropuerto de Barajas y tomar un vuelo a París... a París... a Pa-rís. Aún no puedo creer que estuve ahí. Todo se vuelve más bonito en París. TODO.
-Los momentos más felices con mis amigos (nuevos) los viví de madrugada, caminando, riéndome y tratando de sostenerme en pie (algunas veces).
-Mis ''walk of shames'' del día siguiente me hicieron sentir más adulta (y un poco naughty girl)
-Suelen dar ''The Young Victoria'' en I.sat a partir de la 3 a.m.
-El olor de la madrugada es embriagante.
-Uno se sincera con sí mismo y brota la valentía escondida en algún lado.
En fin, es mentira eso de que nada bueno puede ocurrir después de las 2 a.m. Como tampoco es mentira, que últimamente algunos de mis posts han sido medio/muy superficiales. El próximo se viene profundo, ya lo pensé. Pero no hay de qué preocuparse, lo bueno viene en frasco denso. ¿No era así?
''La fiebre de un sábado azul y un domingo sin tristezas. Esquivas a tu corazón y destrozas tu cabeza, y en tu voz, sólo un pálido adiós y el reloj en tu puño marcó las tres. El sueño de un sol y de un mar y una vida peligrosa cambiando lo amargo por miel y la gris ciudad por rosas te hace bien, tanto como hace mal te hace odiar, tanto como querer y más''
Cuando leí que Sabina había dicho en El País que se retiraría de los escenarios este año, pensé que ya era tiempo, ¿no? El año pasado, no hace mucho, tuvo un problema médico en México. Sería algo desagradable y penoso que vuelva a suceder algo así en un concierto en otro lado, en Lima, por ejemplo, sería terrible. Ahora, retirarse de la parte que significa conciertos y giras, no quiere decir que lo perderemos para siempre. La verdad, yo preferiría quedarme disfrutando de lo que ha escrito y hecho hasta este momento y en este momento que verlo cantando sin sentido, escribiendo para dos horas de recital y sin que esté a gusto.
Cuando Serrat, que es el equivalente a MI Sabina (es decir, LO MÁXIMO DEL MUNDO MUNDIAL), se retire, no rogaría ni iniciaría una cruzada para que no lo haga. No creo en forzar las cosas (al menos ya no) y ninguno de los dos son personas jóvenes, no para el trajín que hacer conciertos y viajes significa. Me encanta verlos y escucharlos y creo que mentalmente tienen para muchas más genialidades. No ver más a Sabina en concierto no me dolería tanto, ya lo he visto dos veces y si bien, hay y espero que haya gente que recién lo descubre y ya no podrá verlo más en vivo si decide por fin retirarse, me sentiría mucho más aliviada por la suerte que tuve de ver en concierto a uno de los más grandes. En el caso de Serrat, aunque no ha anunciado su retiro, queda decir que si lo hace, ahí sí me sentiría un poco decepcionada, mi sueño siempre ha sido verlo solo y no he podido hacerlo. Por eso, Nano, no et vagis, ¡aguanta!
La cuestión es, se retire o no Sabina, hay cosas que quedarán por siempre y menos mal, no ha sido el olor a trago que ha debido tener por años sino sus letras que trascenderán siempre que haya gente dispuesta a escuchar y leer y sentir escritos impresionantes y desgarradores. Qué suerte, más bien, que haya un cantautor que pueda trascender de esa forma en épocas en donde perdurar significa quince minutos de escándalo. Puede que Sabina se retire de los escenario (o puede que no) pero siempre sepan que el padre que ha de darle la extremaunción no es ni siquiera monaguillo.
''Para que mis allegados, condenados a un ingrato futuro, no sufran lo que he sufrido, he decidido no dejarles ni un duro, sólo derechos de amor, un siete en el corazón y un mar de dudas, a condición de que no los malvendan, en el rastro, mis viudas''
Compré el libro en el aeropuerto de Madrid después que me enterara que el avión de Iberia en el que regresaría a Lima, no tenía pantallas en los asientos para ver películas, escoger música o hacer cualquier cosa que hicieran menos pesadas las interminables doce horas de vuelo. Casi llegue a la mitad en las primeras cinco horas y eso que es un libro bastante grande. No podría decir que me parece literatura excepcional pero es un libro que se lee bastante rápido, es ligero, fácil pero sobre todo: adictivo. Es más, acabo de comprar, esta vez en Crisol, la segunda parte. Pienso que debí comprar directamente la tercera parte también pero no lo hice porque espero tener mucha más vida que fantasear con los juegos sexuales de un millonario.
Había escuchado mucho de este libro, había escuchado que las mujeres estaban locas, que era un bestseller, que se está filmando una película y mil cosas más. No me intereso hasta que empecé a leerlo. Es entretenido y es medio tabú. Me daba vergüenza leer algunas partes, supongo que soy demasiado ''vainilla'' (sólo para entendid@s).
Me pregunto si esa vergüenza o ganas de seguir leyendo será porque tengo un poco de Anastasia Steele. La verdad es que creo que TODAS tenemos algo de ella y que, masoquistas como somos las mujeres, nos encantaría tener un Christian Grey, no tanto por su lado maniático sexual sino porque queremos alguien que juegue ''hard to get'' o algo así, alguien a quien cuidar, tal vez, alguien a quien descubrir y de paso descubrirnos nosotras mismas.
Por ahora, empezaré en unos minutos con la segunda parte. Espero que no me de tanta vergüenza. Más que crítica de libros, una mujer explicando qué sintió. ''Laters, baby''
''Y así fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir
que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor''
Cada vez que recuerde los últimos cuatro meses, confirmaré que fueron los mejores de mi vida. Tengo tres días en Lima y me siento triste. A veces pienso que este no es mi lugar. Son demasiadas cosas en las que trato de no pensar tanto porque si lo hiciera, probablemente, ahora estaría tomando un avión de regreso a Madrid. Aún sigo sin creer en todos los lugares en lo que he estado, las cosas que he hecho, lo que he dicho, lo que he sentido, lo que siento.
Estar en Versailles o en un Starbucks frente al Moulin Rouge parece irreal ahora que lo escribo pero fue demasiado autentico cuando estuve ahí y sentía el viento en la cara. Nunca me imagine que era capaz de tanta cosas y aunque extrañaba a mi familia, a mi país, muy adentro estaba segura de que no quería que este sueño termine. Es muy refrescante tener libertad, no rendir cuentas a nadie, aprender a tomar decisiones, organizarse y apropiarse de nuestras propias consecuencias. Pero eso ayuda, te enseña a madurar. Creo que es lo que me pasó a mí. Me siento mucho más adulta o, bueno, un poquito más grande que la niña que salió de Lima (hace ya, demasiado tiempo, o al menos eso es lo que parece)
Creo que lo mejor que me pasó durante este viaje fue la gente que conocí y es tal vez lo que más extraño. A cada una de esas personas y de diferente manera. Siento que tengo más amigos y que ahora tengo muchas opciones y ganas de viajar a visitarlos y... ¡espero que me reciban! Confieso que me quedan dudas y que he regresado a Lima con bastantes preguntas en la cabeza (no sé si se entienda lo que quiero decir) y eso es lo que me tiene rara... me dejaste dudas.
He vuelto a la realidad, a mi vida de siempre y probablemente eso es lo que no quería. Pero trataré de hacerla diferente y empezar a disfrutar todo lo que EN SERIO extrañaba como la comida, por ejemplo, mi cama, mi cuarto. He despertado de un sueño y espero que más pronto que tarde pueda dormirme unos cuatro meses o más otra vez.
''Yo no sé dónde soy, mi casa está en la frontera y las fronteras se mueven como las banderas''
Estoy a tres días de tomar un avión de regreso a Lima y tengo demasiadas sensaciones que me cuestan mucho explicar. No quiero irme de Madrid. Pero quiero regresar a Lima. Es raro, es casi una frase de Arjona. Pero es la verdad. Siento que me va a costar muchísimo volver a adecuarme al ritmo de vida que tenía en Lima. Europa es otro mundo, yo misma me convertí en otro mundo (más bien en otra) cuando llegué y me encanta. He cumplido 21 años acá y la chica engreída que no sabía hacer nada se quedó en el Jorge Chávez, ahí debe seguir medio destruida. Cuatro meses no es mucho tiempo, pero si los vives intensamente como yo los viví se convierten en los mejores.
Nada de esto me habría pasado si no fuese por mi prima Jessica que ha sido mi incondicional en esta aventura que ni en sueños me imaginé atravesar. Jamás pensé que llegaría tan lejos en un avión y un día cualquiera estaba tomando una limonada con mi prima en Gran Vía. Gracias a ella conocí todo lo que conozco ahora y a las personas increíbles que creo que conozco y espero seguir conociendo y así ''arjónicamente''
Madrid se ha convertido en mi segunda casa, mejor dicho en mi segundo depa. Me aseguraré de nunca olvidar todo lo que pasé aquí y aunque muero de pena por regresar, me emociona saber que la chica que llegará a Lima es otra por completo. Voy a volver, ciudad.
Probablemente y si me asalta, Laura cuente con más detalles las historias que pasaron. A veces parece que mediante ella puedo explicarme mejor. Pero dejando de lado supuestos y promesas, quiero decir que han sido los mejores cuatro meses de mi vida y que ''Madrid, Madrid, Madrid, desde este momento, se piensa mucho en ti''
Hace más de un año, una amiga me dijo: si lo piensas mucho jamás lo vas a hacer. Ahora entiendo que eso aplica con todo. Yo decidí usar esa frase como la motivación y determinación para terminar de tomar la decisión que había estado pensando desde hace mucho tiempo: hacerme un tatuaje.
Sentía que era algo que tenía que hacer, no como una obligación o castigo sino como una manera de recordar estos alucinantes cuatro meses que he vivido en Madrid... a mis amigos, el dolor, la alegría y el desconcierto que era o es lo más bonito de todo. Además, honrar a la persona que inspiró totalmente este tatuaje: mi mamá. Fue ella la verdadera autora.
Me lo iba a hacer en Madrid. Eso estaba decidido desde hace más o menos un mes. No sólo porque no tendría la presión de mis padres sino porque me fascinaba la idea de marcarme en la piel las sensaciones, percepciones, lo que he visto, lo que he pasado... recordar para siempre la primera vez que me sentí independiente, que fui adulta y que tomé una de las primeras decisiones importantes de mi existencia, tener algo para siempre y lo mejor, no era un dibujito sin importancia sino una palabra que abarca cosas que sé me servirán para toda la vida.
Me marqué el último domingo 1ro de Diciembre en una tienda de la calle Montera en el centro-centro de Madrid. No estaba nerviosa porque estaba segura pero sentía miedo por el potencial dolor que iba a sentir, yo que tengo menos resistencia que un bebé recién nacido. Estaba un poco asustada, sí.
Me tatuó Alex, un hombre calvo, musculoso, blanco y no-español por el acento. Me dijo que me echara y que no me iba a doler nada. No le creí, pero ya estaba ahí. Me calcó la palabra y a los dos segundos empezó el tssss de la pistolita, se me encogió el un poco el corazón y sentí la aguja en mi piel. Me dolió un poco, sobre todo cuando se quedaba en un solo lugar repasando la forma. Pero no fue, definitivamente, el dolor indescriptible que yo esperaba.
15 minutos después de haber estado echada, ya tenía el tatuaje que había soñado. Yo temía verlo y que no me guste pero felizmente no fue así. Es más, mis dos primeras palabras fueron: me encanta. ''Tiempo'' fue lo que elegí. Porque es lo que me ha ayudado a estar tranquila, a estar mejor. ''Temps'' porque significa lo mismo en catalán, lengua en España que ha sido mi casa estos cuatro meses y en francés, porque la única vez que fui a París, confirmé que es la ciudad más hermosa del mundo y un sueño hecho realidad.
Si lo seguía pensando, no lo iba a hacer nunca. Pasa con el tatuaje, pasa con todo No me arrepiento y sé que cada vez que que lo vea, en alguna situación triste o difícil, recordaré que eso, el ''tiempo'' es lo que nos curará a todos, que todo pasa, que el tiempo es lo mejor que tenemos.
''Camino por Madrid en tu compañía, Mi mano en tu cintura, Copiando a tu mano en la cintura mía. A paso lento, como bostezando, Como quién besa el barrio al irlo pisando, Como quién sabe que cuenta con la tarde entera, Sin nada más que hacer que acariciar aceras. Y sin planearlo tú acaso, Como quién sin quererlo va y lo hace, Te vi cambiar tu paso, Hasta ponerlo en fase, En la misma fase que mi propio paso''
No sé qué escribir. Me he pasado todo el día revisando diarios peruanos y españoles y no he encontrado nada, no había nada. O tal vez sí pero no me ha interesado. Me quedan poquitas semanas en Madrid y tengo demasiadas sensaciones, pensamientos y preocupaciones. No me quiero ir y estoy triste. Nunca pensé la revolución que iban a causar en mí 4 meses sola. Al principio fue dificil pero después se volvió increible. Hablar de eso nada más me hace poner más triste. Así que ya fue. Espero volver, eso sí, Madrid es mi segunda casa y como tal, me ha enseñado, demostrado y cambiado en muchas cosas.
Pero, de verdad, no sé qué escribir y es humillante porque sólo la semana pasada cumplí 100 entradas y hoy estoy haciendo malabares para presionar la siguiente tecla. Debe ser la resaca por la celebración. Estoy segura que vendrán mejores cosas y más divertidas. Sobre todo la próxima semana, lo aseguro. Por ahora, en serio, no sé qué escribir.
''A mitad de camino entre el infierno y el cielo yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid''