Desde el primer momento que lo vi supe que iba a ser difícil alejarme de él. No sé cómo explicarlo. ¿Vieron cuando conocen a alguien y tres días después ya saben que es esa persona con quien se irían a cualquier lugar sin dar ninguna explicación? Aunque no lo crean, pasa más seguido de lo que parece.
No entiendo bien de dónde apareció este chico ni cómo así logró hacerme desaparecer de mi casa. Trato de explicármelo pero no puedo. A veces hay cosas que sientes correctas y no hay nada más que decir. Fueron tres noches y madrugadas en las que solo existimos este chico y yo.
El hecho de tener a alguien que sea tan distinto/a a ti y que te encante es un cliché tan empalagoso que hasta da rabia que sea cierto. Pero cuando esta persona te impregna de frescura y te hace dar cuenta de todo lo nuevo que te estás perdiendo es ya una experiencia increíble.
Este chico llegó de la nada, ni siquiera en el momento justo. ¿Es que acaso existe un tiempo preciso? Por eso es que estas cosas revolucionan todo, porque no se esperan ni se imaginan, solo se viven.
Entonces he decidido vivir, porque ''ya está en el aire girando mi moneda'', y ya es un hecho que dentro de poco este chico y yo nos volveremos a encontrar.
El viento en la cara de una mañana en Madrid. Un sábado, un domingo. Los pasos, el pelo revuelto, el abrigo mal abotonado, las heridas en los pies, el frío, el desayuno improvisado en una esquina de Arenal. La tarjeta del metro que no sale de los bolsillos. El disfuerzo y el arrepentimiento después. Los ''nunca más'', los ''algún día'', lo que era suficiente y lo que faltaba. La noche amenazando de nuevo. Un viernes, un sábado. Los silencios y las decepciones. Los ''nunca más''. Los nuevos aires, el nuevo país. El frío destrozando huesos, los abrazos inesperados, el inicio... La canción, el olvido, bisous. El juego vuelve a empezar. Nuevos aires, las mismas personas. ''Nunca más'' pero ''algún día''... Palabras francesas, catalanas. Tiempo. Temps. Esos tiempos eran los tiempos... Temps era temps.
''Por esos tiempos yo andaba siempre corto de tiempo y nunca encontraba tiempo en ningún lugar.
Cabe decir que es tiempo de rememorar los viejos tiempos, aquella ciudad... Aunque no sea más que para decir que de tiempo en tiempo conviene recordar (...)''
Laura reniega porque a mitad de
su camino hacia la universidad, se nubla totalmente y la ropa que había elegido
para ese día, de pronto ya no es la más adecuada. Eso es lo que sucede cuando
se vive en una ciudad como Lima, en donde en un solo día (tal vez en una sola
hora) se pueden experimentar todas las estaciones del año. Pero ya no había
vuelta atrás, no podía regresar a su casa y solamente quedaba soportar el gris
del cielo y lo frío del viento con una blusa hippie blanca y un jean wash-algo
(eso quiere decir que es un jean claro, lavado exageradamente) como único
escudo protector.
Entonces llega a la universidad,
espera 11 segundos para cruzar la pista y camina. Entonces le molesta tener que
buscar un carné para poder entrar. Entonces encuentra su carné, se lo enseña al
vigilante y puede ingresar. Entonces camina. Entonces sigue caminando para ir a
la biblioteca. Entonces lo ve entrando. Entonces está segura que es él porque
sólo él camina tan despacio, tan "como si no le importara el mundo,
tan de costado, tan con la frente en alto pero mirando hacia abajo.
Ella levanta la mano en señal de
saludo y él se acerca. Que él tiene una clase en 5 minutos, que ella tiene que
hacer un trabajo. Que él iba a terminar antes de las 12 y que había cancelado
todo para después, que ella podía esperarlo y después seguir la conversación.
Que él le sugiere que lo vaya a buscar a un lugar donde ella tiene prohibido
estar, que ella…
-¡¿Qué?! No, no, no, ¿cómo voy a ir ahí? – protesta Laura
por ser, de verdad, una idea completamente exorbitante.
-Pero vas a saber lo que es adrenalina. Bah, vamos a saber.
-Pero yo no puedo. O sea, así quiera, no puedo.
-Para todo hay maneras. Yo te digo qué hacer. Y si algo sale mal será por tu
falta de precisión en los planes.
Y Laura lo mira mientras sonríe,
achina y mueve los ojos. Y él le dice qué hacer. Por supuesto, eso no
garantiza que todo salga bien. Por el momento, Laura debía hacer un trabajo y
él irse a una clase así que se despidieron y cada uno por su lado. Pasó el verano,
el invierno, el otoño, la primavera y llegó el verano otra vez. O sea, pasaron
unas horas y ya debía ir al "lugar".
El "lugar" es
un espacio dentro de la universidad al que no cualquiera entra. Es decir, no
cualquiera entra a todos los pequeños lugares dentro de ese sitio. A menos que
tengas un carné diferente. Pero ella iba a entrar y lo iba a ver. Casi
robóticamente se acercó al lugar y empezó a llegarle a la cabeza la voz de él
dándole instrucciones.
Entra, mira la placa gigante que está a un costado y di que quieres ir
a la oficina de lo que sea que esté al final de la placa porque quieres hacer
una consulta.
-Hola, quiero hacer una consulta en la oficina de…
Humanidades.
-Su nombre, alumna.
No des tu verdadero
nombre
-Sandra Fernández
-La Srta. Sandra Fernández se dirige al 5to piso – anuncia la secretaria a un
micrófono.
Sube las escaleras, no
el ascensor, pero no vayas hasta el último piso, quédate antes…
Después de pasar la seguridad aeroportuaria del "lugar",
Laura subió las escaleras corriendo pero se detuvo en el tercer piso.
Y bajas de nuevo, pero
al sótano. Laura, no dejes que te vean.
¿Cómo diablos iba a bajar hasta
el sótano y pasar inevitablemente por el primer piso sin que nadie la note? No
importa, pensó Laura. Hay que arriesgarse. Y así comenzó a bajar las escaleras
con cuidado y antes de llegar al primer piso, empezó a ir más rápido. Cuando
logró aterrizar, aprovecho la distracción de la secretaria y corrió hasta el
sótano. No había nadie pero ella sentía que cualquier persona podía bajar y
verla en cualquier momento. Miraba alrededor como esperando un ataque zombi y
él salió detrás de una puerta que Laura no había notado. Sale con sus cosas en
las manos. Pero escuchan el sonido de un walkie-talkie (?) y Laura de pronto le
quiere pegar. No hay tiempo. Él abre una puerta que parece de caja fuerte y la
hace entrar. Es un espacio más o menos grande. Una vez adentro empiezan a reírse
como locos. Se ponen cada uno a un lado de la pared frente a frente. Siguen
riéndose. Él le señala con el dedo que se calle, que no haga ruido. Pero él
esta sonriendo y ella se contagia, se tapa la boca pero sonríe.
-Vas a salir como si nada, si pones la cara de siempre, ya
sabes…
-Sí, ya sé, permiso
Después de haberse reído tanto, a
Laura le daba un poco igual lo que pase, algo que no es común en ella que
siempre es minuciosa y perseguida por todo. Abrió la puerta y el salió atrás de
ella, vieron la puerta transparente que da a la cafetería y salieron como
cualquier persona e, incluso en el grado máximo de cinismo, compraron dos
galletas y dos botellas de agua.
Y caminaron por la universidad como él dijo: "como
si nada"
hasta llegar al estacionamiento.
-¿Sabes manejar? –pregunta
-Si, creo. Pero no tengo licencia – responde Laura con cara de pánico.
-Entonces sí sabes manejar.
Y la mira con esa mirada cómplice que ella ya conocía, la
misma que le dio unos meses antes, cuando quería que deje de tener ese
semblante fantasmal.
-No, no puedo hacer eso, por favor –implora Laura con total
raciocinio
-Pero vas a estar conmigo
-¿Y si choco tu carro?
-Tiene airbag.
Laura estaba decidida a seguir negándose
hasta que volvió a verlo sonreír y recordó que unos minutos antes nada más,
había estado en un lugar en el que no debía, que se había reído con alguien con
quien tal vez no debía haberlo hecho tanto y que compró galletas y agua.
-Ya, voy a manejar. Pero con una
condición.
-A ver –le respondió él con mirada desafiante y con los ojos más dorados que
nunca por el sol.
-Vamos a escuchar la música que yo
quiera.
-Está bien
Entonces le alcanzó las llaves a
Laura y ella, aunque con dudas, se sentó en el asiento del conductor. Sacó su
mp4 y un cable. Lo conecto al equipo del
carro y empezó a elegir canciones. No iba a ser divertido si, de pronto, ponía
The Smiths (ya los habían escuchado mucho) así que eligió una canción un poco
más sorpresiva…
Y Laura empezó a manejar sin
dejar que él le diera algún consejo, salvo este (por estrictos motivos de
seguridad)
-Ponte los lentes de sol para
salir.
Se los puso y siguió manejando.
-Yo te dirijo, tú sigue.
De pronto la voz de Katy se hace
más fuerte, él se ríe y ella lo mira reírse. Sabe que esa canción le debe
parecer una cosa horrible y sin embargo, él empieza a mover la cabeza y trata
de imitar la voz de la cantante. Laura no lo puede creer.
El sol se hacía más intenso y
Laura decide amarrarse el pelo. Se siente un poco más adulta. Él la mira e
intenta tomarle una foto con el celular. Ella lo tapa, no lo deja. Y vuelven a
reírse.
-¿Te gusta Pimpinela? –Se arriesga Laura
-(Se ríe) Y me sé todas las canciones
-¿En serio? No te creo.
-Yo voy a poner una y vamos a cantar.
Y se fueron cantando, sin darse
cuenta de muchas cosas hasta que Laura vio el mar de lejos. Había manejado sin
demasiada presión y con tranquilidad, lo había visto elegir una canción y
ponerse a cantar sin importarle nada. La brisa, sus lentes, el sol en la cara y
en los brazos, su pelo tan castaño, su camisa inquieta por el viento.
Ya no sólo era cuando dormía que
Laura, súbitamente, estaba tranquila. Ahora, podía sentirse tranquila y sin
pensar demasiado cuando estaba con él. Al menos eso creía ella cuando decidió,
por fin, decirle a esta persona lo que le estaba sucediendo en paralelo a sus
propios demonios y, además, ordenar y aclarar lo que estaba pasando ya no sólo
con ella, sino con los dos.
Entonces estaba decidido. Sólo tenía
que esperar otro encuentro casual. Porque no tenia su número ni él el de ella,
porque jamás quedaban en verse y nunca, pero nunca, podían estar demasiado
tiempo en el mismo lugar. Entonces era
probable que lo viera, seguramente, ese mismo día, en dos, la semana siguiente,
indefinido.
Como es costumbre, a Laura le pasan las cosas que piensa, será
porque las atrae, será porque, como él una vez le dijo, su energía es tal que
genera situaciones. No especificó qué clase de energía, vale aclarar.
Entonces pasa así: Laura está aburrida
en una clase. Son casi las 2:00 de la tarde. El profesor no deja de hablar.
Como nunca, se ha sentado en la última carpeta y de rato en rato, recuesta su
cabeza en la pared y comienza a cerrar los ojos. Los abre enseguida porque su
profesor le provoca pena. Soluciones, piensa, soluciones. Se para de inmediato
y decide ir al baño a lavarse la cara. Sale del salón, cierra la puerta con
cuidado y comienza a caminar mirando a los costados, tratando de evitar
miradas, no sabe por qué lo hace. Y lo ve. Está ahí, parado, tomando un café y
revisando su celular antiguo. Laura se queda paralizada, tampoco sabe por qué,
se acerca un poco más y él se da cuenta de ella.
-El aburrimiento tiene rulos - le dice él.
-Es urgente que hablemos. Pero, así, urgente – responde Laura
-¿Y ahora?
-No, no es de eso, creo. Es otra cosa.
-Ahora es break pero siempre la terminó a las 2:15 o 2:20, ya sabes.
-Pero yo tengo que quedarme.
-Entonces espero.
-Es hasta las 3.
-¿Estacionamiento?
-Ya.
Si algo le inquieta a Laura, es la
manera en la que él puede sintetizar toda la expresión de su rostro, de lo que
quiere decir, de lo que intenta generar, en pocas palabras. Y a Laura que le
gusta hablar mucho, eso la desacomoda un poco.
A las 3 en punto, Laura sale de su
salón y camina hacia el estacionamiento. Sólo quiere decirle algo y de ahí en
más, lo que sea que venga. "Lanzar la bomba" 2da parte, esta vez es
personal.
Sale de la universidad y empieza a
caminar sintiendo el viento en su cara y, de paso, despeinándola. Sabe el lugar
donde él probablemente ha estacionado su auto.
Lo ve. Va acercándose mirando hacia los lados, como él le ha pedido que
haga tantas veces y se detiene frente a la ventana. Él, que estaba ordenando
unos papeles, los deja en sus piernas y le abre la puerta. Ella entra
cuidadosamente y de inmediato pone la mano en su mejilla para que no la noten.
También es algo ensayado.
-¿Cuál es el drama? –pregunta él, otra vez con cara de médico.
-No me acuerdo de ninguno ahora. Pero si quieres que lo piense… – responde
Laura ofuscada.
-Te vas a inventar uno o te esforzarás hasta recordar. Ya se acerca Noviembre,
por ejemplo.
Laura sintió que quiso ofenderla. O,
tal vez, quería volver a hacerla sentir tonta. Pero tenía razón y ella sabía
que la tenía. Cayó en cuenta, entonces, que Noviembre venía así nomás, directo
y sin escalas, que tendría un ataque
nervioso otra vez. Y así, como ya es costumbre, comenzó a llorar.
-Ya estoy cansada. Hay veces que no sé
qué hacer, me desespera. Quiero dormirme y despertarme cuando todo me pase
–grita Laura.
Pero él no responde. Sólo observa cómo
Laura pone sus dos manos sobre su cara y se agacha. Y la escucha llorar,
escucha cómo se queja, escucha los sonidos de alguien a quién le duele llorar
pero que no encuentra otro remedio.
-Me siento tan… me siento como tirada,
como algo que ya no sirve y que fue dejado de lado. Soy un desconocido. No
sabes cómo se siente ser ignorado, en serio. –continua Laura con esa habilidad
extraterrestre de hablar tanto mientras llora.
Laura sigue y sigue hablando, como
intentando levantar la mano desde donde se ahoga. Él le jala el brazo presionando
su codo y la abraza. Laura ahora puede ser más ella. Lo abraza también, le
presiona los hombros, llora como desconsolada. Si alguien los vio, no
importaba. Al menos no a ella.
Se separan por fin.
-Si eso era lo que me querías decir, eres una dramática – dice él
volviendo en sí.
-Ah, no no, no es eso. –responde Laura mientras se seca la cara.
-Dime
-dnkjndskjfddwfwenjdnewodnednenewewdcwecewfbudcbuewdcfewcwfe y te lo digo en
serio.
- Pensé que sólo era una vez que me lo ibas a decir
-Y, como la última vez, sólo es decírtelo.
-No creo que yo deba decir algo
-Sí… o sea, está bien.
Se quedan en silencio. Ven a unos
chicos jugar fútbol y a algunas chicas en el gimnasio. Hay sol, el ambiente
afuera es lindo, dentro del carro sólo es pura tensión. Era.
-Yo no creo que empezar a salir sea
una buena idea
Laura voltea y lo mira avergonzada. Se
quiere ir, no sabe qué responderle.
Hasta que pasa. Un momento de las películas, una revelación, como cuando el
protagonista encuentra la solución cuando están a punto de matarlo.
-Yo no te he dicho "salir".
Ni siquiera dije esa palabra
Jaque. Laura lo mira como esperando
una respuesta y él no dice nada. Ella se siente ganadora. Pero el tenia
palabras y, sobre todo, acento.
-Mira, ¿por qué no vas a tu casa? Y
cuando estés mas tranquila, me dices y volvemos a hablar.
Laura asintió, miró para un lado y
para arriba después, como suele a hacer cuando está molesta. Claro que se iría.
Claro que pensaría. ¿Qué regresaría a hablarle?: No claro.
-Ya, sí, chau
Puso su bolso al hombro, sacó el
seguro a la puerta, salió mientras se arreglaba el pelo, cerró la puerta y
empezó a caminar. Cuando intentaba sacar su mp4, escuchó que una puerta se
abría
-Laura
Ella se voltea y se acerca hacia donde
está él: parado fuera de su auto y cogiendo la puerta con una mano.
-Te ves bonita después que lloras.
Y Laura no pudo responder porque él le
dio un beso mientras le cogía la cara con las dos manos. Y ella ni siquiera
tuvo tiempo para para sorprenderse porque estaban en el estacionamiento. ¡En el
estacionamiento! Ahí mismo, Laura le cogió las manos a él y se las retiró del
rostro.
Los dos entraron en el auto y se
fueron. Laura necesitaba taparse la cara, ahora sí. Primero fueron a San Borja,
Él firmó unos papeles, se aseguró que no tenía que ver a nadie ese día y
volvieron a irse. Almorzaron "tensamente" en una cevicheria en La
Molina mientras Laura pensaba, mientras lo veía comer, que siempre creyó que
las personas como él no hacían esas cosas, que eran sumamente racionales y
que hacían y analizaban a todo menos a
ellos mismos, no hacían cosas así, por sentirlo. La conversación de tías llegó
después, cuando ya eran las 5 de la tarde y empezaron a dar vueltas por el
Jockey Plaza. Y Laura se enteró de la relación de él con su papá, con su
hermana, con su trabajo, con su profesión, con el hecho de ser tan ermitaño,
como él mismo se dice. Y así, también, él se enteró de los últimos 3 años de
Laura, de la comida, de sus ex amigas, se enteró que a Laura le gustaba cantar.
Cuando los dos miraron para el cielo y
se dieron cuenta que ya estaba oscuro, eran las 8 de la noche. Cuando se dieron
cuenta que habían seguido hablando en el estacionamiento del Jockey Plaza, eran
las 9:30.
Él arrancó el carro y fueron por la
Vía Expresa hasta Miraflores. Laura no decía nada. Llegaron al Parque Kennedy,
comieron en el Haití. Peligroso. A las 10:30 empezaron a caminar y en una calle
estrecha, escucharon cómo terminaba una salsa y empezaba una guaracha. A Laura,
esas canciones le recordaban a su abuelo paterno. Y él vio como Laura se
quedaba embelesada con el ambiente del bar Habana.
-Entremos, entremos –dice él adelantándose a la puerta del lugar.
-¿De verdad?
Se acomoda el pelo que brilla más
castaño por la luces, le sonríe y entran. Se sientan los dos en la barra. Piden
dos Cuba Libre. Él terminó el suyo bastante
rápido. Y mientras Laura seguía tomando el suyo, él la miraba con el ceño
fruncido, como se dice.
-Drama queen, drama queen. -le dice él
-Ya lloré hoy, ¿no? Bastaaante. Qué roche –respondió Laura
-Mira, es que ni tu misma te entiendes ni sabes qué eres, ni que haces.
.No he dicho que sí, ah.
-Tienes etapas, como todos, ¿no? Pero también hay cosas en ti que no creo que
se vayan. Hay personas sensibleras, hipócritas, lloronas pero superficiales. Tú
eres demasiado sensible pero autentica. Lloras y es verdad. Eres muy frágil.
-No me doy cuenta
-Porque no quieres y eres necia pero esta bien. Imagínate si dijeras: soy tan
auténticamente sensible. No, olvídate.
De pronto una canción hizo que varias
parejas se levanten improvisando una pista de baile porque ese era sólo un bar.
Laura sonrió porque le pareció algo muy divertido y escandaloso.
-¿Quieres bailar? – Preguntó él
-¿Tú bailas? –Preguntó también Laura
-Y bueno...
Si algo se ha de decir, es que Laura
creyó que pasaría tremenda vergüenza porque asumió que él no podía bailar. Era imposible. Hasta que se
pararon y comenzaron a bailar. Ella no sabía cómo se bailaba esa música pero
intentaba. Él bailaba mejor de lo que Laura esperaba y, antes que terminé la
canción, él pagó los dos cuba libre y salieron del bar. Por una hora un poco
más, Laura dejó de tomarse todo tan en serio. Ni siquiera el haber estado ahí,
con alguien que no debería, le parecía tan grave. Al menos unas horas. Después
pensaría en Noviembre y su amenaza.