10 de enero de 2013

Boda de papel


El 7 de enero este humilde blog cumplió 1 año y me siento muy contenta por eso porque nunca he sido lo suficientemente constante con las cosas que me gustan hacer. Generalmente, cuando empiezan a aburrirme las dejo. Me ha pasado cada vez que intentaba aunque sea pobremente, ser actriz, cantante, YouTube gurú y administradora de negocios del puesto de limonada que tenía con mi hermano. Me ha tomado un tiempo aún, darme cuenta que las cosas que amo difícilmente me aburrirán y que, aunque me tome algún tiempo tal vez una pausa, siempre regresaré a ellas. Además, por esa poca constancia fue que me planteé publicar todos los jueves, para sentir además de un disfrute, un compromiso.

Cuando era más chica escribía cosas que ahora me parecen estúpidas pero que al fin y al cabo eran mías. Escribía cuando estaba en mi cuarto, en el colegio y alguna vez en la computadora vieja de mi padrino. Escribí algo así como un diario.

Fue mucho tiempo después, cuando empecé a estudiar periodismo que escribí más y más y más. Necesitaba dar mi opinión, sustentarla, tener estrategia, ser astuta y perspicaz. Uno va intentando lograrlo poco a poco.

Entonces se me ocurrió crear un blog para poner algunos trabajos escritos de la universidad con fines estrictamente académicos. Al comienzo buscaba en las páginas web de diarios noticias que me llamaran la atención, que me indignaran o que simplemente me jalaran para comentarla y escribir sobre ellas aquí. Hasta reclamaba siempre mi Publímetro a ver si me daba alguna idea. Ya no lo hago. Publímetro me intriga.

Después de esa etapa, sucedieron cosas que hicieron que mi propósito cambie y empecé a escribir cosas mucho más personales que académicas pero definitivamente coyunturales. Nunca me gustó que mis amigos, familia o quien sea, vea lo que escribía, tal vez porque a veces, solo a veces, soy un poco reacia a las críticas pero también confieso que no escribo para nadie más que para mí, salvo cuando dedico los textos, claro. 

No me gusta estructurarme cuando intento escribir y no digo que sea la mejor. De todas maneras, todos los que escriben en un blog, en un cuadernito o donde sea y que lo hacen para sacar algo que se lleva interiorizado, debemos aceptar que tenemos algo de egocéntricos. El trabajo terminado y el alivio del fin de la catarsis es lo mejor y nos sentimos a un pasito de levitar.

Por eso escribo aquí y por eso cree esta cosita llamada ''El hit de los hits''. Ahora, habiéndose cumplido 1 año desde el nacimiento de este blog, explicaré el nombre, es algo simple: es por una canción de Charly García llamada No voy en tren, la estaba escuchando cuando empecé a crear el blog y como era una versión en vivo, había una parte en la que él hablaba y antes de cantarla, presentó la canción como: El hit del hit de los hits de los hits. Y así fue como surgió.

Otra cosa por la que a veces me preguntan en Facebook las personas que me han leído es por un personaje que apareció aquí. Algunos piensan que Laura Sorel soy yo. La verdad es que tiene algo de mí pero no estoy segura si podría ser yo. Laura es una persona que cree, que nació con 19 años, que es nueva en mundo nuevo y que a veces, inevitablemente, recuerda su viejo origen y su otro mundo. Laura es una chica que estudia en la universidad y a la que le pasan cosas como a cualquier otra persona. Pero Laura anda algo así como en un gabinete y sólo sale de vez en vez que mayormente es cuando me gana para escribir.

Por ahora, la única intención que tengo con este blog es que sea casero y para satisfacerme. Y si a alguien que lo lee le satisface también, es una alegría para mí. Me parece mentira pero a veces estoy en Facebook después de publicar y amigos me abren conversación para felicitarme y decirme qué y cuánto les gusto. Eso es bueno, a quienes quiera que lean esto, ¡gracias!

Esto es más o menos todo lo que tengo que decir y si se me permite pedir un favor es que vean y escuchen los videos que cuelgo a final de cada texto ¡porque son importantes para la historia! no sé si lo hagan pero me gustaría que sí. También decir que es divertido escribir y no sé si lo hago bien, lo que sí sé es que me siento bien haciéndolo y tener un espacio para continuar y compartirlo es algo muy reconfortante. Nada es malo ni bueno. Todo depende.




''Porque no hay nadie que mi piel resista, 
porque no hay nadie que yo quiera ver. 
no veo televisión ni las revistas 
no veo ya nada que no pueda ser''



3 de enero de 2013

Sinfonía de canciones que les de la gana

Cuando era niña, y me refiero a cuando tenia 5 o 6 años más o menos, recuerdo que Tuto (mi abuelo) se sentaba todas las tardes en la sala de su casa a escuchar música con las luces apagadas y las cortinas cerradas. Sentado en el sofá individual, no permitía que nadie lo moleste, miraba  un punto fijo y se dejaba ser junto a la música.

Al menos esa era la imagen que yo veía ni bien me asomaba por la puerta a ver qué era que andaba haciendo que lo tenía tan concentrado. De repente el punto fijo era yo y él me decía: ven.

Entonces yo me sentaba a su costado y me sumergía en el sonido como él. Recuerdo escuchar los poemas loncos arequipeños con ese acento que aún ahora me parece gracioso, en especial un poema que hablaba de un hombre que había perdido un burro y, por lo tanto, debía ir a buscarlo por los cerros. Recuerdo también las tardes nubladas de Lima oyendo los yaravíes que, tristes como eran, me parecían lamentos armoniosos. Había espacio para Los Panchos, Los Dávalos, rancheras poderosas y algunos tangos de frente marchita.

Es por eso que ahora, mientras escribo esto, me doy cuenta toda la influencia que ha podido tener mi familia en mi gusto por la música. Cada uno me ha dado algo. Mi papá me enseñó el rock, si no fuera por él no tendría idea de quiénes son los Rolling Stones AC/DC, The Beatles, etc. Mi padrino me presentó a Calamaro, Charly, Fito, Drexler, Sabina, la trova que quiero y amo. Mis abuelos y me refiero a los cuatro, me propusieron las canciones y cantantes que hoy podrían llamarse antiguos: Rocío Dúrcal, Juan Gabriel, Gardel, Leonardo Favio y por supuesto, a bailar con Los Pacharacos. Pero mi mamá me enseñó lo más importante porque ella ama a Maná y a Arjona. Me enseñó y confirmó aquella frase de Serrat que dice que contra gustos no puede ni debe haber disputas y que no hay por qué juzgar. Bromear sí.


Yo sola y gracias a la maravilla que es Internet descubrí a otros y así iré descubriendo más. Hoy, mientras intentaba enseñarle a mi abuelo cómo manejar un cable USB para que pueda escuchar sus canciones de siempre, me doy cuenta de lo importante que es la música y qué incondicional compañera puede volverse. Y, por supuesto, una compañera para quien mejor le siente. Por eso no entiendo a qué se refieren cuando llaman ''buena'' o ''mala'' música. Eso depende de cada persona y ni siquiera el reggaetón me parece reprochable si es que hace saltar del asiento a alguien como hace saltar a otro que canta ''Twist and shout''



''Déjalo todo y sígueme.
Trinaba mágica.
La voz del músico.
Pariendo música''





27 de diciembre de 2012

De vez en cuando en la noche


Siempre me he sentido orgullosa de decir que soy noctámbula. Pero no ''bohemiamente'' hablando. Es decir, me gusta la noche: me gusta quedarme despierta sin poder dormir y ver cómo es que amanece y el cambio de colores en el cielo.

Pero a veces no todo es tan rutinario como eso y pasan cosas que no esperas, pasan cosas que no te gustan y que no esperas.

Estaba yo echada en la cama en el cuarto de mis papás viendo videos de Pimpinela, deseando apellidarme ''Galán'' por 5 minutos y el teléfono de mi casa sonó. Mi mamá, que estaba echada a mi lado, contesto y un gesto que se me hacía familiar apareció. Casi adivinaba lo que estaba pasando: mi abuela estaba mal.

Mi padrino me ha dicho muchas veces que debemos acostumbrarnos a esto porque claro, ella no tiene 30 años. Pero la verdad es que nunca podré estar tranquila si sé que algo, lo que  sea,   le duele, le incomoda, le molesta o la tiene pensando demasiado. Eso. Porque ella piensa mucho, igual que yo, y se preocupa. Su mente, como la mía, es tan fuerte que su físico se afecta.

Entonces mi mamá se pone nerviosa, intenta calmarse pero no lo consigue, le dice a mi papá que la tienen que llevar a la clínica. Me ofrezco a acompañarla.

Salimos hasta su casa y ahí esta ella: adormecida en su cama por las pastillas, con un temple extraordinario y tratando de convencernos a todos de que esta perfecta, que no nos preocupemos. Lo último que hacemos es hacerle caso porque la amamos. Finalmente, la llevamos a la clínica.

Llegamos y la dirigen inmediatamente a Emergencias donde están una chica que, según mi propio criterio y diagnóstico podía estar a punto de ser operada del apéndice y un hombre con un fuerte dolor de cadera. A ella la echan y es momento de ponerle suero. Las agujas siempre me han dado miedo e intento no mirar.

Pero unos segundos después la curiosidad me vence y acerco un poco la mirada. Veo como mi abuela sufre de dolor porque no pueden encontrarle la vena y sólo ver su cara me hace llorar. No puedo imaginar que algo, por pequeño que sea, pueda herirla. No lo tolero.

Salgo del cuarto y voy donde mi padrino, que está sentado porque aunque no le guste que lo diga, es más cobarde que yo. O tal vez tan sensible como yo y no puede siquiera acercarse.

Regreso a Emergencias. Veo a mi abuela más adormecida, con el semblante cansado, con sueño y me da rabia. Me da rabia que cualquier persona la vea así y no la vea feliz, sonriente, bailarina y buena onda como es siempre. Es como si fuera otra persona y no me gusta. No es ella.

Después de estar en la clínica unas 3 horas, nos dicen que podemos regresar a casa. La arropamos bien y la subimos al auto. Tranquilidad y un poco de risas mientras escuchamos Radio Mágica y mi mamá se duerme en el hombro de su madre.

Cuando llegamos, es mi abuelo, Tuto, quien abre la puerta y confirmo algo: él está absolutamente enamorado de ella, la ama y jamás podrá vivir sin ella. A pesar de esa apariencia tan rígida, dura y tan ''Tuto'', es más dulce que un kiwi si ella se pone mal.

La dejamos y nos vamos. Camino a mi casa pienso: qué suerte tenemos de poder llevar a mi abuela a una clínica con todas las comodidades y qué injustas pueden ser otras situaciones en las que tal vez una señora de la edad o mayor que mi abuela, está rogando ser aunque sea puesta en el piso de un hospital del Estado.

Pienso en eso y se me revuelve el estómago. Pienso que con mi abuela, como con todos los ancianos, la vida es cuestión de segundos, de decisiones rápidas, de determinación, que un dolor de brazo puede significar, unos minutos más tarde, menos aire en el mundo, que son tan frágiles ahora como lo seremos todos después,

Pienso que todos y más aún ellos, mi abuela y sus ''colegas'' merecen que un hospital, un servicio público, privado o lo que sea se haga de la mejor manera, merecen un gesto, una sonrisa, una atención digna. Merecen el trato más inmaculado y prolijo porque están, tal vez por estadística, un poquito más cerca al cielo, pero sin dejar, por supuesto, de ser humanos, de ser personas con derechos con la única desventaja de la experiencia y los pasos lentos.



''Caminante, son tus huellas el camino''


20 de diciembre de 2012

Finite Incantatem

Me gusta que todos hablen del fin del mundo. Tal vez porque mientras más bromas se hacen al respecto, menos conscientes somos de lo que significaría un escenario en las magnitudes que se especulan. Cuánta desgracia, desolación, desesperación y sobre todo, el aferrarse. Pero tal vez sea así nomas, como una disolución automática, un apagado de luces directo y sin dolor. Yo, la verdad, lo preferiría así. Para que al menos cuando todo haya acabado, no existan más desigualdades porque todos, absolutamente todos, habremos terminado.

Pero, ¿cómo podemos atrevernos a hablar de algo semejante y con tan poca precisión? o es que, en verdad, lo que queremos es que se acaben las cuatro paredes en que vivimos, algunos con más otros con menos pero que, después de todo, nos toca compartir. Este mundo. Me parece que lo que cada uno quiere, quizás, es que se acabe cierta parte de lo que se da por conocido, dejar muy atrás, en la absoluta destrucción, lo que vemos, somos y tenemos todos los días.

Qué intrépido. A mí, por ejemplo, me entran ganas de que de repente, todo desaparezca: todo lo que conozco, lo que me hizo mal, lo que me hizo bien, mi cuerpo, su cuerpo, las historias y mi cerebro, porque así será más fácil todo, al menos en el segundo en que todo se esfume, después nadie sabe lo que habrá, lo que no habrá.

Es desplazar una etapa y mudarse a otra, descartar una forma y tomar alternativas. Es lo que acaba y lo que viene después, ¿acaso no entienden? todos hemos tenido un fin del mundo, fin del tuyo, fin del mío. Y tal vez la incertidumbre de lo que es desconocido es lo que nos lleva a desearlo.

Yo no deseé mi fin del mundo. Pero algo me decía que se aceraba. Mi fin del mundo sí fue este año y sin embargo, aquí sigo. Mi mundo de antes ya no.

Antiguamente, en mi otra era, tenía a alguien y hoy ya no lo tengo. En la otra vida, hacia cosas que ahora ya no hago, creía cosas que gracias al derrumbe ya no creo. Ahora supongo otras. Pero es difícil levantarse después de la colisión. Es muy difícil. Por eso dije que prefiero un apagón general.

Todos hemos tenido un fin del mundo, ¿sino de que aprendemos? ¿Todo sigue siendo igual para todos? el mío fue este año y no me gustó. Más que nada por el hecho de empezar desde los escombros. Siempre que cambie nuestra modo de caminar, de vivir, de pensar y de tener, nuestro mundo, tal vez uno más pequeño, ha cambiado. No sé. Me parece.



''Es que nadie nace sabiendo
que morir también es ley de vida''




13 de diciembre de 2012

Serrat me besó


El año pasado cancelaron el concierto que iba dar Joan Manuel Serrat en Lima. Yo tenia la primera fila y cuando me enteré, comencé a llorar desconsolada porque pensé que tal vez era imposible que regrese después del desplante que la hicieron horas después que Susana Villarán lo había condecorado en la Municipalidad. Yo quería verlo.

Pero las cosas jamas son como uno piensa y eso es en serio: este año, anunciaron que venia Serrat a dar un concierto pero con Joaquín Sabina. Yo, de verdad, hubiese preferido que venga solo pero de todas maneras tenia la oportunidad de verlo.

El día que iban a salir las entradas a la venta, a mi me tocaba hacer una entrevista en el estudio de la universidad. Por eso ni bien terminé, llamé a Teleticket a preguntar si, efectivamente, las entradas ya se estaban vendiendo. Me dijeron que sí, que empezaron a venderlas 1 hora antes. Corrí  empujé a las personas, tomé un carro y fui al Wong de Chacarilla.

Pero cuando llegué al stand de Teleticket, me di cuenta que me faltaban 20 soles del total que costaba la entrada. Me quería morir porque la primera fila en la zona central aún estaba vacía  Llamé a mi mamá y después de putearme aceptó ir a Wong a darme lo que me faltaba porque yo no tenía más. En todo el tiempo que mi mamá demoró en llegar, toda la zona central de la primera fila ya se había acabado. Pero la zona lateral estaba libre y aunque no era lo que quería, me pareció bien. De todas maneras estaría cerca. Después de ese día  guarde mi entrada y no pensé en el concierto hasta la misma semana en que pasaría porque no podía creerlo.

El dia que fue el 5 de diciembre, esta en el video que está más abajo y que invito a que vean. No se trata de una canción filmada en el concierto nada más, es una recopilación desde que empezó ese día que para mi fue uno de los más raros de mi vida. Pero cumplí un sueño: ver a Serrat. Por lo menos a unos 10 metros o un poquito más. Ah, algo que no se ve en el video es el beso que Serrat me mandó desde el escenario cuando vio mi polo (decía: Serrat, eres único  y lo hizo después que Sabina me viera primero, me reclamara desde el escenario por qué no tenía nada para él y el mismo llamó al Nano para que me viera.

Mención a parte: El día después del concierto de Serrat fue el concierto de Pimpinela, al que también fui solo que esta vez en la quinta fila (mi lema: a un concierto hay que ir cerca, sino no se disfruta) ahora: ¿Qué es Pimpinela? Para aquellos que no saben, los ilustro. ¿Alguna vez escucharon una canción que en cierta parte decía: olvídate todo tu para eso tienes experiencia? Bueno, no es tan cómico  Es una canción hecha por dos hermanos argentinos llamados Lucía y Joaquín Galán. Para todos, un consejo: no se queden con lo único que se les muestra. Así como Calle 13 no es sólo Atrévete  Pimpinela no sólo es esa canción, tiene muy buenas y de verdad, confieso que la energía en ese concierto fue mucho mejor a la del concierto de Serrat y Sabina, la gente estaba loca, todos cantaban las canciones, buena onda, todas las edades, etc. Fue un concierto muy bueno. Y, como empezaré a hacer costumbre (espero) también fui con un polo que pongo aquí al lado y como estaba cerca, Lucía Galán lo vio y me mandó otro beso. Fui feliz.

Solo fue una mención. Me gustaría que vean el video del 5 de Diciembre de 2012, el día en un sueño se cumplió, porque los milagros o al menos los empresarios que trajeron a Serrat, existen.

Una hurra por el Nano y otra por los geniales Pimpinela.


He aquí el video.







Y aquí, uno de los Pimpinela.