Mostrando entradas con la etiqueta 22. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 22. Mostrar todas las entradas

21 de agosto de 2014

Pongamos que hablo de Madrid

No poder pasar ni un día sin pensar en Madrid es algo que me persigue desde el momento que regresé. Todas las fotos, videos y recuerdos me parecen de hace mucho tiempo, me cuesta estar segura de que todo lo vivido, lo viví precisamente yo y nadie más. ¿Cómo se puede tener la capacidad de ver, hacer y sentir tantas cosas en tan poco tiempo? Todavía no me lo puedo explicar. Los recuerdos, como diría Soledad, me parecen de otras vidas. No me arrepiento de nada… tal vez solo de irme.


Y es raro, por ejemplo, no entrar en pijama a la universidad después de haber pospuesto la alarma unas cuatro veces, tomar desayuno parada y correr hacia al bus. También es raro no pensar durante las clases en quitar la ropa del tendero porque en el diario han dicho que va a llover, no ir a hacer la compra los lunes en la mañana, elegir qué prendas lavar y cuáles no, pensar en el almuerzo, en pagar la luz y el agua. No sentir más la luz del sol estallándome en la cara en un asiento del bus 519 que atraviesa la Avenida Príncipe de Asturias hasta la UEM escuchando un flamenco medio moderno que  el conductor tararea de vez en cuando. Peor aún, no cerrarse bien el abrigo o acomodarse la bufanda y el pelo porque se viene lo bueno: el 518. No quiero olvidarme de las paradas para no despegarme totalmente de esa ruta feliz. Príncipe de Asturias, Castillo de Villaviciosa, Campodón, Alcorcón, San Martín de Valdeiglesias, Batán, Campamento, Paseo de Extremadura, Príncipe Pío, ramal hacia Opera… caminar hasta Sol.

Es triste no estar con la que se volvió mi gente. Que no haya más un viernes de encuentro en el oso de Sol, unos tragos en O'Connells y después a lo que venga. Que no haya más un viaje de carretera. No estar en un Starbucks planeando un itinerario parisino mientras las luces de la Plaza de España se mezclan con las de Gran Vía. La brisa de los domingos en la mañana antes de subir al metro. El tinto de verano, las tapas, los montaditos, las señoritas de Montera, los locos de Plaza Mayor, los botes de Retiro, las caminatas en Vallecas, la canción del Mercadona, el búho, los caballos de Villaviciosa, los bostezos en la UEM, la puerta del hotel Carlos V, la puerta del Petit Palace, las caminatas borrachas por Gran Vía, todas las risas y todos los recuerdos. Todo lo cursi que es extrañar un lugar que, por más empalagoso que suene, se metió en la piel. 

Ahora no sé si podría volver a Madrid… al menos no como turista. Es como una auto amenaza mental cada vez que extraño esa ciudad: Si voy, no regreso. Tengo pocas cosas tan claras como eso que acabo de decir. Simplemente lo sé y lo siento. Y aunque amo Lima por ser el lugar donde nací, en ningún lugar he sentido la libertad interna y externa que en Madrid sentí siempre. Hace un año que me fui. Y ahora siento que esos meses fueron algo así como un cuento con acento español y manchado de tinto de verano. Pero eso, un cuento. Hace un año que descubrí esa ciudad ''con su todo es ahora y su nada es eterno''.




''... pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,
pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid,
pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid.
Yo me bajo en Atocha''


7 de agosto de 2014

Serrat o Sabina

Es una pregunta peligrosa. Tratar de responder: ¿quién es mejor: Serrat o Sabina? es, para mi, como responder: ¿qué brazo prefieres? ¿el izquierdo o el derecho?. Y he aquí el asunto: deshacerme de mi brazo izquierdo sería fatal... pero me quedaría el derecho que es con el que hago todo. Algo así me pasa con Sabina y con Serrat... sin Sabina ya he vivido un poco, hubo un tiempo en que lo veté porque me entristecía demasiado. Pero sin Serrat vivir ya es una cosa difícil. Estar un día sin escuchar aunque sea una canción suya es algo... raro y absurdo.

Pero quisiera aclarar que no odio a Sabina, los dos me encantan... tengo sus discos, libros, he ido a sus conciertos y solo por ellos me voy a Wong en pijama a las ocho de la mañana a conseguir entradas. Solo por ellos. Pero en todo ese enredo que es mi admiración hacia ellos está siempre flotando la duda de muchas personas que me preguntan cuál de los dos me gusta más. Mi respuesta más inmediata es Serrat. De hecho es muy gracioso porque conocí a Serrat gracias a Sabina. Al principio me era mucho más fácil escuchar a Joaquín porque me parece que su estilo es más accesible y ligero para las personas más jóvenes -yo lo empecé a escuchar a los catorce años, más o menos-... pero con Serrat se me complicaban un tanto las cosas. Fue casi como un curso intensivo y autodidacta porque lo escuchaba y lo escuchaba y poquito a poco fui entendiendo sus letras y música. Pero creo que todavía me falta mucho.

PARA MI, que he escuchado intensamente a los dos, Serrat es mucho más que Sabina en cuanto a letras... con respecto a la música no me atrevo tanto a hablar. Pero eso es lo que pienso. Creo que se debe, tal vez, a que me parece que los temas de Sabina son muy recurrentes... lo interesante es que tiene muchas formas y lados para contar esos mismos temas... que la mujer lo ha dejado, que ha tomado hasta no poder decir basta, que anda solo, cabizbajo y muy poeta andando por las calles en las que de pronto se le presenta una rosa de Lima con medias negras que lo mira y se va con el a casa... cosas poco probables salvo que estés dentro de una peli de Almodóvar o que por ahí los planetas se alineen y algo así en realidad pase.

Pero a veces es genial sentarte en el micro, ponerte los audífonos, mirar por la ventana, escuchar las canciones de Sabina y pensar que algo así pueeede que nos pase alguna vez. Pueeede. Escuchando a Sabina creo que podemos reavivar y hacer mas intenso ese deseo secreto que todos tenemos de ser un poco rock stars.

A Sabina lo quiero más en las noches, con amigos y vino. A Sabina lo quiero, me encanta y puedo ser miles de personas en una, puedo ser una pirata coja. Serrat -como escuché alguna vez- es ese chico que no puedes esperar a presentar a tus padres y que te deslumbra con fineza e inteligencia. Las letras de Serrat son más profundas y son la vida real... el amor -en muchas formas-, la suerte, el mundo, el hambre, la fiesta, la muerte. Escucharlo es darte un ventarrón de frescura y de realidad que nunca es triste pero sí cierta. A Serrat lo quiero para toda la vida... y esa verdad no tiene remedio. 





''Nunca es triste Sabina la verdad, 
no es por mí que las musas te abandonan, 
sino a causa de tu escasa habilidad que 
unas huyen y otras se descojonan. 

No hago otra cosa que pensar en ti, 
y nada mola más que tus canciones, 
pero hoy las musas han pasao de ti
andarán de vacaciones''








22 de enero de 2014

No es esto un manual de superación

Hace poco, una lectora del blog (sí, a mi también me sorprendió) me escribió por Facebook a ''pedirme'' con mucho respeto, aclaro, que escriba algo sobre cuando una relación termina, el infierno por el que se pasa, las garúas y diluvios emocionales por los que podemos atravesar y, finalmente, la luz al final del túnel. O, mejor dicho, cuando YA, POR FIN, nos ponemos bien.

No soy ninguna abanderada de la superación emocional de las relaciones y creo que el único conocimiento certificado y que me da siquiera un poco de autoridad para hablar de ello es el mismo que el de otras personas: haber pasado por una situación así. O sea, todas las personas sabemos lo que es eso, tal vez algunas todavía no, pero les va a pasar y después, va a volver a suceder y así muchas veces más. Es un hecho. Así de difícil es. ''Tu corazón va a sanar, va a sanar, va a sanar y va a volver a quebrarse'' Porque es ley de vida, dijo Jorge Drexler.

Al principio es un infierno, llorar es respirar, no querer comer es, irónicamente, el pan de cada día, verte desorientada es la certeza diaria. Al menos esa fue mi experiencia, dramática al extremo para la reina del drama. Pero esa fue mi estado normal por vaaarios meses. Existen otras cosas por las que se pasan pero, eso depende de cada persona. ¿Qué más?

Luego piensas que estás bien pero no estás bien. Ese electrochoque que parece funcionar puede impulsarte a hacer cosas por las que después te arrepentirás. Evidentemente, arruinarás las cosas; si no fuera así, no podrías darte cuenta que estuvo mal. Pero también es normal. Habría que repetirse eso para darnos un poco de ánimo. Triste, lo sé.

Y así tal vez pasen más meses o menos meses. Días, no sé. NO SÉ. No tengo la menor idea de nada. Quizás en vez de ayudar en algo a esa lectora, la estoy confundiendo más y no ayudándola en lo más mínimo. Pero la verdad es esta: nada de lo que te diga, en este momento en el que estás destrozada, te ayudará, NADA. NADIE. Lo genial de esto es que te harás más fuerte y aprenderás de muchas cosas y sobre todo de ti. Estas sola en esto, lamentablemente, pero así se madura. No te preocupes, tendrás algunas luces en el camino que serán tus amigos y tu familia pero, cuando logres salir a superficie lo harás sola y será increíble.

Puedes no creer en todo esto. Tal vez todo estuvo mal y no te identificaste. Pero




te va a pasar

todo es TIEMPO.






''Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio''





4 de julio de 2013

Una tarde hace 5 años

La tarde que nos encontramos, los nervios de todos competían con mis propios nervios… y aunque estaba encerrada en el 403 mi estrategia funcionó casi a la perfección. Escapé 5 o 10 minutos antes que la campana carcelera disfrazada de alarma con modernos mecanismos que podrían dejar a sordo a cualquier mortal, suene.

Corrí hacia el baño buscando belleza, sin imaginar que tiempo, días o algunas horas más tarde me daría cuenta, me percataría de mi otro tipo de belleza.

Ignorando eso todavía, esparcí mis típicas sombras negras encima de mis parpados y dibujé debajo de mis ojos una línea con rímel, igual, típico, negro.

Mis nervios le ganaron a los nervios cuando sonó mi celular. Y aunque ya había escuchado su voz una semana atrás, me volvió a encantar… después de eso, mis nervios triunfadores me abandonaron por un tiempo, o dos.

La eterna espera que se apodero de mí escaleras abajo desapareció cuando lo vi. Sentí un poco de vergüenza, en mi siempre pasa igual. Así que ya habiéndonos conocido, la espera escaleras arriba ya no era eterna, ahora era acompañada.

Al llegar al lugar previamente elegido por mi y acatado por él, ya hablábamos mucho, yo no sé si lo hacía bien pero el, sin duda, si.

Me satisfacía, me encantaba como se reía al escucharme decir algo o más bien, me encantaba hablarle y escucharlo y escucharlo y hablarle.

A pesar de comer poco, porque recién me estaba recuperando de mi enfermedad, mi poca hambre quedo en segundo plano reemplazada por sus historias.
No diré que no sentía el tiempo mientras me hablaba, lo sentía, sentía que pasaba y por ratos me apenaba saber que pronto ya no hablaríamos entre tanta gente, me apenaba no saber si lo volvería a ver.

Todo estaba bien, muy bien antes de ese día porque hablábamos siempre por internet y muy ‘’anuestraformamente’’. Pero ya lo había conocido, muerta de miedo, con destellos fugaces, muy fugaces de vergüenza. Ya se había metido en mi vida como el ‘’el chico del msn con el que me gusta conversar’’. Y ahora, como el mejor, como mío.

Al inicio del encuentro, al verlo y hablarle no estaba enamorada ni ilusionada, estaba extasiada y para rimar, admirada. Completamente, si…

El chico que escuchaba Calamaro, Fito, Sabina. El que me había puesto un apodo que meses después me haría derretir. El del pelo que me moría por despeinar (más). El que pronto ‘’detendría con un beso el reloj (de Calamaro) ’’. Él es.


Jamás le agradecí por querer verme, por esperar, por sus historias, por sus chistes y por el brownie.


''Porque me miento si digo,
que tu mirada no fue mi mejor testigo''