Creo que es momento de enfrentar una verdad a la que muchos
le hemos huido desde tiempos inmemoriales: todos tenemos algo de Edgar Ricardo
Arjona Morales. Todos. Sin excepción. Ha llegado el momento de pedirle
disculpas a este cantautor guatemalteco que tantas cosas nos ha enseñado
mientras nosotros nos gastábamos asqueándonos –o haciendo lo que nos asqueábamos-con
sus letras y canciones. ¿Por qué? Porque este señor lleva años siendo nuestro
propio reflejo. He aquí las razones.
1. Nos ha servido de pantalla
Es muy fácil odiar a Arjona o al menos fingir que lo
odiamos. Acuérdense de él y su mirada de vista al horizonte cuando en frente de
una chica o chico pseudo intelectual nos ha hecho esa pregunta parecida al:
¿crees en Dios?... ¿te gusta Arjona? Y tú –y yo- coreando mentalmente
‘’Mujeres’’ y ‘’Señora de las cuatro décadas’’ has respondido sin dudar: ¡no!
¡nada que ver! Ese se cree poeta y sus letras no tienen sentido. Y listo. Así
fue que probablemente coronaste una noche haciéndote el joven profundo que no se
complica con ‘’poesia barata’’ sino que escucha música clásica mientras teje
una chompa.
2.Le ha hecho una canción a la menstruación.
Y la ha escrito él. « De vez en mes te haces artista dejando un cuadro
impresionista,bajo del
edredón.De vez en mes con tu acuarela, pintas
jirones de ciruelas que van a dar hasta el colchón». No hay nada que rememoré
más la experiencia caliente, sucia y tenebrosa de la regla que esta letra adornada. Y no hay
sarcasmo. Tal vez muy rococó, tal vez muy pretencioso. Pero ES lo que pasa
todos los meses. « De vez en mes a ti te da por tomar siestas, a tus hormonas
por las fiestas».
3.Es fan de Sabina
También se ha declarado admirador de Neruda, Serrat, Silvio
Rodríguez y Charly García. Pero es fan de Sabina y he ahí el punto. En 2004, en
su álbum ‘’Solo’’ hasta le dedicó una carta. Todo el mundo los enfrenta, los
convierte en némesis uno del otro y no es tan así. Puede que Arjona tenga de
Sabina y viceversa. Sí, puede que así sea. Y no se va acabar el mundo. Los dos
quieren ser poetas, al fin y al cabo.
4. La tolerancia, divina cosa
Hace 5
años, Fito Páez declaró lo siguiente a un diario argentino: «Si la ciudad le da 35 Luna Parks
a Ricardo Arjona y a Charly García le da dos, tenés que pensar qué significan
la política, los diarios, en esa ciudad, en la que hay valores que fueron
aniquilados». Y ya.
Fan o no fan de Arjona, Fito la achacó los males de un país a la decisión de
sus ciudadanos de ir al concierto de quien se les cante. Y punto. Ricardo Edgar
Ricardo Arjona Morales respondió en una carta abierta una de las mejores
‘’cuadradas’’ musicales/intelectuales/comousteddecida «El sr. Fito Páez
habla de aniquilación cultural y me menciona. De forma sospechosa señala el
inicio de este problema en su país casi de manera simultánea con el descenso
claro de su capacidad artística (...) Puede ser que usted mismo se crea su
farsa de intelectual osado, pero detrás de su arrogancia habita el irrespeto
dictador de creerse dueño de las decisiones populares (...). La música no
pertenece a las competencias de atletismo donde se miden las capacidades contra
reloj, es un asunto de gustos y de emoción. Ya quiso usted ser Charly García,
después quiso ser Almodóvar. Lamentable lo suyo señor. Lamentable
(...)".». Puede que después de escribir estas palabras Arjona haya hecho
la caminate de Beyonce en el video de Crazy in Love.
No más preguntas, señor
juez.
''¡Que contra gustos no hay NI DEBE HABER DISPUTAS!''
''El hit de los hits'' ha llegado a su fin. No habrá más. Me di cuenta que esto se convirtió en un sin fin de experiencias tal vez muy personales que si bien me gustaba compartir, no era a lo que quise apuntar desde que cree este espacio (tan lindo).
Quiero seguir escribiendo. Pero definitivamente en otro blog. Cambiará de nombre, cambiará de aire -me encanta decir eso- y espero poder escribir de temas que más que updates de vidas, sirvan tal vez para conmover a alguien con tristeza, alegría o tal vez quedar en pura indiferencia -uno nunca sabe-
La constancia que me ha dado este blog es lo que más me emociona. No dejé algo a medias y por más de dos años todos los jueves había algo nuevo que contar, a veces cosas mejores que otras. Y no dejará de ser así, como sea que este blog continúe, serán, definitivamente, los jueves y muy, muy pronto.
Pensé que me había curado, que el
hecho de haber pasado 4 meses lejos de mi casa y sus comodidades, había sido
suficiente para decidir establecerme –por el momento- en mi ciudad, mi país y
lo de siempre. Pero no, una vez que dejas el nido, volver a él se convierte en
una acción tan rara y desesperante que las alas comienzan a alborotarse de
nuevo. Hay que salir, conocer, ¡volar! ¿Qué puede volverse adictivo? Sí. ¿Qué
es una dulce condena? Absolutamente. Porque viajar es algo que recompensa mucho
más de lo que hace gastar. Viajar es… no sé…
Viajar es creer que lo tienes todo claro y que nada salga
como la planeaste
Viajar es tener incertidumbre, vivir emocionado
Viajar es despedirse pero también reencontrarse
Viajar es respirar nuevos aires
Viajar es hacer escalas de horas
Viajar es dormir en aeropuertos
Viajar es revisar plata y pasaporte cada 30 segundos
Viajar es descubrir el metro
Viajar es tal vez nunca usar taxis
Viajar es ir a la oficina de turismo más cercana
Viajar es pedir un mapa
Viajar es pedir la contraseña del wifi
Viajar es conocer gente
Viajar es… quizás… enamorarse*
Viajar es no pensarlo mucho
Viajar es ir de bares
Viajar es caminar borracho
Viajar es vuelta abierta
Viajar es calor
Viajar es frío
Viajar es un barco, un avión, una lancha
Viajar es la playa
Viajar es quedarse en hostels
Viajar es compartir el baño
Viajar dormir con 6, 10, 12 personas
Viajar es… amigos
Viajar es crecer
Viajar es una adicción
Totalmente
''Yo no se de dónde soy, mi casa está en la frontera y las fronteras de mueven, como las banderas. Mi patria es un rinconcito, el canto de una cigarra.''
Soy fan
de Combate. Eso me hace inmediatamente fan de la tolerancia. Explico por qué: a
raíz de toda la polémica que la ‘’Marcha contra la televisión basura’’ ha
generado, me empiezo a preguntar por qué cierto número de personas… cientos,
miles, o los que sea, debería decidir qué contenido es bueno y qué contenido es
malo en televisión. EN TELEVISIÓN. O sea, pocos medios tan democráticos como la
televisión de ahora, que tiene para algunos más de 100 canales a elegir. Y por
el otro lado también ¿qué es eso de quitarle el derecho a una persona que no
puede costear el cable a dejar de ver lo que quiere ver en señal abierta?
Pero
creo que el tema, al menos el mío, va por el lado de las razones por las que
cierta gente considera programas como Combate, Esto es Guerra, Bienvenida la
Tarde, Magaly o Amor amor amor nocivos para los cerebros de nosotros los peruanos. Muchos dicen que ‘’exhibir’’ las
‘’miserias’’ de sus vidas privadas, hace a los famosos peruanos amenazantes
para la televisión y la gente. Prensa rosa. En sociedades del primer mundo como España o
Inglaterra, la prensa rosa es tan o más agresiva que en el Perú y no por ello
se asesinan chicas que confiesan cosas en televisión -como le pasó a Ruth Thalía- o se golpea a una vedette
hasta casi matarla -hablo del caso de Lady Guillén-, etc., etc. Con excepciones, por supuesto, como todo.
Otra
razón, que es la que más me indigna, es el hecho de señalar la ropa de las
chicas concursantes de realities de competencia como un atentado al buen gusto,
a las mentes virginales de los niños y jóvenes peruanos. Me parece bastante
conocida esa razón, es más, la asocio a eso de: ‘’si no quiere que la piropeen,
que no se vista provocativamente’’, ¿algo así? ¿No? No es nocivo para nadie. Y
hasta creo que toda esa histeria se remonta a una de las problemáticas más
grandes de este país: la no-igualdad de género, el feminicidio, el machismo, etc. Taparle
los ojos a un niño para que no vea a una mujer vistiendo un short corto o una
falda corta solo alimenta el morbo y crea basura en el cerebro. Escandalizarse
porque sale una mujer en bikini en la tele hace de ese niño el próximo acosador
callejero.
‘’Sí,
hijo, sí, hermano, sí, amigo, eso que ves ahí es el cuerpo de una mujer, que
puede vestir lo que quiera y no por eso es una puta, no por eso se le falta el
respeto, no por eso ataca a la cultura, no por eso es indecente’’. Y ya.
Una
persona no se define por qué ve o no ve en televisión. Los programas no tienen
la obligación de darte cultura –lo que sea que sea que abarque ese término- No
eres un programa de televisión. La educación no pasa por qué reality prefieres,
con cuál te ríes o cual dejas de ver, menos por jugar a la falsa decencia. La educación es tu familia, tu casa, y
eso, si no funciona bien, no se arregla con ninguna marcha.
La
sociedad peruana está muy preocupada y pendiente de los romances en los realities
y los enfrentamientos de dos colombianas, pero a esa misma sociedad no parece
importarle que los noticieros pasen imágenes de gente atropellada y ensangrentada o niñas
violadas sin mosaico; mucho menos las asquerosidades del congreso, la
corrupción, la indolencia, la ineficiencia, los delincuentes de saco, corbata y curul. Esa, amigos, es la verdadera miseria, la auténtica basura.
''Cada loco con su tema, que contra gustos no hay ni puede
Receso a los conflictos y licencia para el momento y su fugaz pero entera felicidad. Se vienen más aeropuertos.
''Tanto fumar y tanto reír y tanto mirar tu boca ¡Como quisiera ser aire, del aire que te toca! Quiero ser uno con tu tristeza y uno con tu alegría Quiero que aun sigas conmigo cuando se haga de día''
Las prostitutas apretadas y sudorosas con maquillaje chorreando
Las veredas, estrechitas, atestadas de gente... todo tipo de gente
Las terrazas ''a la orden'', las pizzerias tropicales, las arepas tóxicas
La poca ropa, los sudores, las cucarachas ahogadas en aguardiente
Los negros, las negras, los rubios, las rubias, los mestizos, los colombianos
Los argentinos, los peruanos
La salsa inagotable y Donde Fidel
Cartagena y Playa Blanca
Cartagena e Isla Barú
Las caminatas con arena fría debajo y un domo de estrellas encima
El viento helado por fin
Las mojarras, las espinas de pescado, el sancocho, pollo al limón.
Comida. ¿Para qué quiero comida?
Agua turquesa
Bailes
Narcos
Señoras con siliconas
Amigos
Bikinis
Pieles con cremas
El pelo acartonado
Silvio Rodriguez y el viento por la ventana
Locura
Nerviosismo
El viaje
La lancha de la muerte
Cartagena y mis miedos
Cartagena y los dos
''A la deriva la noche... la selva invade el lanchón, la luna, bola de sangre, la devoró el tiburón, las olas vuelan tiñosas rizadas por un ciclón, ''Pilar'' navega sin rumbo bajo un diluvio de ron
En el caribe se vive como se escribe se escribe como se vive...''
Hace cinco meses y después de haber pasado tres días en Cartagena me dije: aunque es hermoso, no voy a volver a este lugar en al menos cinco años. Y hoy estoy aquí con el rabo entre las piernas y a punto de preparar la maleta para tomar un avión mañana. Me voy a pasar año nuevo a Cartagena. Y creo que aún no termino de procesarlo.
¿O es que a caso me cuesta todavía asimilar que estoy rompiendo con una tradición presente desde el momento en que nací? Probablemente estaba destinada a cumplirla desde antes pero ese no es el tema. El asunto es que después de más de 21 años de vida me he soltado un poquito las cadenas y he decidido separarme por un rato de mi familia y recibir el 2015 con quien sentí que debía hacerlo.
No voy a hablar de él porque... ¡a ver cómo continúa la historia!. Me imagino este viaje vuelto un desastre y me sentiría algo ridícula de haberlo descrito como el próximo Mr. Darcy. Pero más allá del con quién pasaré año nuevo o por quién decidí irme, creo que es justo decir que esto tiene más que ver conmigo que con otra persona, quien quiera que sea.
Digamos que aquí ni la ciudad ni la otra persona son las estrellas. Soy yo quien tiene el protagonismo porque fui yo quien tomó la decisión y la que asumirá las consecuencias de esta sean malas o sean buenas. La impulsividad y la emoción me tomaron por sorpresa y yo, firme, he descubierto algo: las alas las tengo desde siempre y es ahora que amo más que nunca volar. Por mi y por nadie más.
''No tengas miedo solo es un juego y si te toca perder no es tan grave
A la mujer diferente A la mujer independiente A la taciturna, la pensadora, la silenciosa A la extraña, a la de los ojos llorosos A quien vivía en una realidad tranquila A la que dejábamos A la que diferenciábamos A la mujer de amor, ternura y miradas A su silla, sus chompas y su mando a distancia A la dulcera, la escurridiza A la enferma y su fortaleza A la mujer fuerte y de palabras contadas A la que era madre y abuela A quien es ángel de la guarda A quien se fue pronto A quien dejó de respirar A quien no se deja de amar A quien quería A quien me quería A quien me miraba A quien extraño todos los días todos los minutos Te debo una despedida.
''No existe un momento de día en que pueda olvidarme de ti; el mundo parece distinto cuando no estás junto a mí.
No hay bella melodía donde no surjas tú, ni yo quiero escucharla si no la escuchas tú''
Max Black es mi diosa inspiradora, mi malcriada del trome espiritual. Hace apenas unos días que re descubrí ''2 broke girls'' y puedo decir con certeza que el personaje que interpreta Kat Dennings es quien quiero ser de grande. No me refiero a que mi proyecto de vida sea ser una mesera en quiebra de alguna zona marginal de Nueya York. Me refiero a que si por circunstancias estrechas de la vida llego a serlo, me encantaría enfrentar esa situación como lo haría Max Black.
''You can't give hipsters a microphone. That's like throwing gasoline on a pretentious fire''
''Stop fighting it; just give in to it. I don't know why I'm quoting a rapist''
''Max Black: Hi, ready to order?
Girl #1: Do you have anything that's really special?
Max Black: Not according to my high school guidance counselor.''
Claro que es un personaje de ficción que lee un guión. Pero sería absolutamente desconsiderado restarle todo el proceso y arte de interpretación a un actor. Kat Dennings es increíble haciéndolo y es tan capa que le basta una mirada, una alzada de cejas, una respiración extraña y un movimiento de manos para que olvides que está actuando o que alguna vez fue un personaje secundario en Virgen a los 40. Kat Dennings o Max Black es la chica en bancarrota con más actitud del mundo/ficción.
Yo pretendo ser la chica en ruinas con más y mejor actitud del mundo real. Intentaré deshacerme cada vez más de los filtros empalagosos y a reírme de mis propios demonios y miserias a ver si con el humor pueden ir desapareciendo. Buscaré no pensar tanto y actuar más. Prometo dejar de ponerme de protagonista en cada post que publico. Prometo hartarme de mí, pero jamás de Max Black, Kat Dennings y toda la genialidad que hay en ellas.
''La estrella de los tejados, lo más rock & roll de por aquí''
Desde el primer momento que lo vi supe que iba a ser difícil alejarme de él. No sé cómo explicarlo. ¿Vieron cuando conocen a alguien y tres días después ya saben que es esa persona con quien se irían a cualquier lugar sin dar ninguna explicación? Aunque no lo crean, pasa más seguido de lo que parece.
No entiendo bien de dónde apareció este chico ni cómo así logró hacerme desaparecer de mi casa. Trato de explicármelo pero no puedo. A veces hay cosas que sientes correctas y no hay nada más que decir. Fueron tres noches y madrugadas en las que solo existimos este chico y yo.
El hecho de tener a alguien que sea tan distinto/a a ti y que te encante es un cliché tan empalagoso que hasta da rabia que sea cierto. Pero cuando esta persona te impregna de frescura y te hace dar cuenta de todo lo nuevo que te estás perdiendo es ya una experiencia increíble.
Este chico llegó de la nada, ni siquiera en el momento justo. ¿Es que acaso existe un tiempo preciso? Por eso es que estas cosas revolucionan todo, porque no se esperan ni se imaginan, solo se viven.
Entonces he decidido vivir, porque ''ya está en el aire girando mi moneda'', y ya es un hecho que dentro de poco este chico y yo nos volveremos a encontrar.
Probablemente para este día ya estás viviendo sola. Seguro estás buscándote la vida en Madrid
como te lo propusiste hace cinco años. Sí es así, me alegra que hayas tomado la
decisión. Imagino que si estás en Europa en este momento es porque finalmente
arrancaste esos lazos a veces enfermizos que tienes –o tenías- con tu familia.
Ese es todo un tema. No puedo creer que lo lograste. No puedo
creer que después de tanto tiempo descascaraste de tus alas todos esos miedos e
inseguridades que la gente que te quiere –y aunque te quieran- te impuso desde
siempre. Es duro aceptarlo, tener la certeza de que a pesar de todo el amor que
te tienen, son ellos los que crearon ese alter ego miedoso y lleno de trabas
que espero ya no seas.
Cuéntame, ¿cómo te animaste? ¿Los juntaste y lanzaste la
bomba? Me imagino que habrás botado toda esa energía. Me hubiese gustado verlo.
Espero que en verdad te hayas por fin soltado, que hayas podido explicar que a
veces sientes que te reprimen, que no confían en ti. Espero que hayas gritado
que no vas a permitir más chantajes emocionales, más preocupaciones y miedos
contagiados. Espero que lo hayas hecho y que todo se haya terminado. Y que
‘’seas sola y estés bien’’
Cinco años. Ya habrás terminado de destrozar a todas esas
chicas que hablan sin vocalizar y como si se les estuviera cayendo la
mandíbula, a todos esos clones. No creo que hayas podido evitarlo. Espero, en serio,
que te haya dejado de importar esa estupidez de quedar bien o quedar mal. Te
debes haber liberado. Dime que sí, sino todo este tiempo no habrá valido la
pena.
Espero que te haya pasado todo lo que te haya tenido que
pasar y que lo hayas pasado bien. ¿Se entiende? Supongo que habrás evitado y
afrontado cosas. No sé qué tanto te habrás planteado y menos qué es lo que has cumplido.
Pero me reconfortaría saber que la luchaste.
¿Pasaste bien estos cinco años? ¿Dejaste de perseguirte y
pensar tanto? ¿Viviste realmente?
L. de 22 años (en
algún lugar y algún momento)
''No somos más que una gota de luz, una estrella fugaz, una chispa, tan solo en la edad del cielo No somos lo que quisiéramos ser solo un breve latir en un silencio antiguo con la edad del cielo''
Ya tengo varias semanas a cuestas viviendo a la española y la idea de regresar me parece cada vez más absurda. Aún quedan muchas cosas por hacer y ciudades que visitar. Por eso es que estoy en el bus que me lleva de regreso a Madrid desde Segovia. Ha sido una visita corta de medio día. Es suficiente. Eso es lo bueno de España, pienso, todo está tan cerca que en un día puedes tachar una ciudad más del mapa. Y conocerla bien. Me queda una hora más de viaje hasta la estación. Quiero salir esta noche. Tengo que aprovechar las oportunidades. Vivo a media hora del centro de Madrid, en un pueblo que se llama Villaviciosa de Odón, donde nunca pasa nada, donde la emoción pasa por esperar el bus que me lleva hasta Príncipe Pío. Me lo merezco.
Esta noche hay que salir. No hay otra opción. Miro a mi alrededor: todos mis compañeros de viaje duermen. Mis amigos. La familia internacional que he hecho en este absurdo genial que viene siendo la experiencia en Europa. Supongo que nadie querrá salir hoy. A lo mejor proponen comer una pizza de 2 euros en Sol y eso es todo. No puedo permitirlo. Cierro los ojos porque el sol incandescente del atardecer me abruma. Ya los convenceré.
Llegamos a Madrid eso de las siete y media de la tarde. Salgamos, digo, vayamos de tapas, a bailar o a caminar borrachos por la Gran Vía. -¡Ya lo hemos hecho antes!-. Los convencí. Quedamos en encontrarnos en Sol, exactamente en el Oso y el Madroño, a las once de la noche. La amiga con quien el viaje se me hace más ligero me echa una mirada de esas que dicen ''vamonos'' sin hablar. Tenemos que tomar el metro y después el tren. Son casi 40 minutos hasta Vallecas. Pasan rápido cuando se conversa bien. El olor a hierbabuena me dice que ya llegamos. Este lugar tiene edificios y plantas, es tranquilo, familiar y podría jurar que hasta misterioso.
Mi amiga y yo cenamos paella congelada, vemos televisión un rato, nos cambiamos y casi como llegamos, caminamos de nuevo a tomar el tren, que está lleno de chicas y chicos en busca de marcha, algunos tienen botellas de trago en la mano o dentro de una bolsa. Todos gritan, se ríen. Cuando llegamos a Atocha, salimos todos como una manada en busca de juerga. Ahora a tomar el metro. La misma escena. Voy a extrañar mucho esto cuando regrese a Lima, pienso.
A. y yo nos encontramos con dos amigos más. Entre esos dos está S., el chico chileno que me gustó desde que lo vi en el Retiro el día que nos presentamos junto a todos los del grupo. Yo ya le había lanzado una flecha imaginaria. Unos cuantos coqueteos en Toledo pero ningún otro progreso más. Por el momento no me importaba. Girls just want to have fun.
Después de ir por algunos bares, decidimos entrar a una discoteca de música comercial, que es como le llaman a la música latina por aquí. El cuba libre que me sirven como cortesía termina de aniquilarme. Pero siempre he presumido de ser una borracha que recuerda más de lo que su casetera borra. Y esta vez no iba a ser la excepción. Bailamos cumbia, salsa, reggaeton, flamenco y todo cuanto nos pusieran. El chileno y yo nos apartamos del resto. Recuerdo una canción de Rafaella Carrá. ''Y si te deja no lo pienses más, búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar'' cantaba yo mientras atraía a S. hacía mi y él se reía. Era como si estuviéramos dentro de una licuadora llena de brillos y luces y besos. Qué frase tan precisa. -------------------------
Y de repente todo para mi es oscuridad. Me siento adormecida. Abro de a poco los ojos como si esperara ver a un monstruo. Ni siquiera sé dónde estoy. Estoy echada con las dos manos bajo la cabeza y de costado. Algo me impide abrir los ojos por completo. Sí, es el sentimiento de incertidumbre y la idea fugaz de un posible secuestro. Veo una cortina gris. No entra luz. Levanto un poco la cabeza. Ok, estas paredes no las conozco... este cuarto, definitivamente no es el mío. Mi mente va entendiendo un poco a la vez que comienza a espantarse. Giro a la izquierda hasta quedarme boca arriba. Estoy tapada. Por favor, por favor no, pienso mientras levanto la frazada y miro por debajo. Estoy en pijama. Esto es extraño. Volteó más hacia mi izquierda y ahí está él. S. O por lo menos su espalda. Siento que voy a estallar por la confusión. Me froto los ojos mientras me incorporo. Me quedo sentada y observo: mi ropa de la noche anterior está a un lado. De mi teléfono no tengo la menor idea. Me vuelvo a echar y me tapo la cara con las dos manos. ¿Qué hago acá? Me siento sucia, absurda, adulta. Quiero estar en Lima, en mi casa, con mis papás, tranquilita como un bebé. Pero no. Estoy en un piso que no es el mio y veo como en una esquina se arrincona la misma ropa que usé el día anterior.
No lo pienso más. Cojo toda mi vergüenza, me destapo y me paro. El piso de madera cruje con toda su fuerza. Lo odio. Miro a S. que sigue dormido. Por un momento pienso que esta imagen mía de pie y con mi pijama H&M es muy de película. La idea se me va cuando la pena regresa. Recojo mi ropa del suelo y salgo de la habitación. En el sofá de la sala está mi bolso. Me siento con las manos en las rodillas como si tratara de ordenar mi vida. Miro hacia la puerta del cuarto. S. no se va a despertar, pienso. Me quito el pijama en dos segundos y me pongo la ropa, sí, esa de la noche anterior y me quedo sentada un rato. Estoy como en shock cuando S. sale del cuarto. Tiene solo un pantalón de pijama puesto. Nos miramos un rato. Él sigue medio dormido.
-¿Qué haces aquí? -me pregunta
No le respondo. Solo encojo los hombros. Me tiende la mano como si me invitara a bailar. Y empiezo a recordar algunas cosas de la noche anterior como las risas y los bailes y la certeza de que a mi nadie me llevó ahí obligada. Me paro y voy con él. El se sienta en su cama y yo me quedo parada justo en frente.
-Me tengo que ir. El metro ya debe estar abierto -le dije casi sin pensar.
Él volvió a tomarme del brazo y me jaló hasta él. Quede sentada a su lado y nos abrazamos durante varios segundos. Esto ya no se siente absurdo. Esto se siente divertido y, por más vergüenza y gracia que cause, yo me siento audaz.
Me despido de él y salgo de su piso. En al ascensor intentó acomodarme el pelo y una vez que salgo del edificio me pongo el saco y mientras camino intento entrelazar mi bufanda en mi cuello. Manos a los bolsillos. Siento que todos me miran. El frío madrileño hace que trate de esconder la cara dentro de mi bufanda y guardar para mi la gran sonrisa que tengo. Pasan por mi cabeza todas esas escenas en que la chica sale con los tacos al hombro y arreglándose el vestido. Walk of shame. El paseo de la vergüenza. Esto no es para mí. Yo me siento bien. De repente siento la complicidad de la mirada de todos los que caminan a mi lado. Sigo caminando y el viento frío de Madrid me hace bien. No hay ningún arrepentimiento. Este es el paseo de la NO vergüenza. Vamos, chicas, ''la culpa es un invento muy poco generoso'' ¿y el tiempo? ''tremendo invento sabandija''.
''Ella sólo quería tirarse de la cama subirse a un caballo y mandar todo al diablo soñar con alondras, bailar en una gran salón no siempre el viaje era hermoso a veces veía unos monstruos horribles. que hablaban idiomas extraños y así despertaba en su habitación''
Luis es español y vive en el Callao. Llegó al Perú hace tres años como turista y se quedó. A pesar de eso, lo que más quiere es volver cuanto antes a Huelva, su ciudad. El problema es que no puede. Sí, llegó al Perú voluntariamente y se quedó sin decidirlo. Hoy vive en un albergue para ex presos extranjeros donde no tiene mucho más que hacer que buscar algún trabajito y ver pasar las horas muertas. Luis no puede irse del Perú porque aunque ya salió de la cárcel, sigue pagando condena.
''Cuando me vaya, el Perú será como Atlántida: existe, pero nadie sabe ni cómo, ni dónde está'', dice Luis antes de soltar una sonora carcajada andaluza. Es lógico, tras pasar tres años en la cárcel, lo que más quiere este español es olvidar todo y cuanto le recuerde esta página tan turbia y absurda de su vida.
Porque Luis estuvo preso en Sarita Colonia pero no fue culpable sino víctima. Y durante tres años vivió el infierno de la cárcel en el Perú. Sus compañeros en el albergue lo confirman: presos que tienen las llaves de sus celdas, atracos, violaciones, asesinatos... una zona de alto riesgo donde los policías tienen palos y los reos granadas de guerra. Luis cuenta que en sus primeros días dentro del penal, no hablaba con nadie... no podía. ''Yo lloraba por todos los rincones y no me da vergüenza decirlo'', dice con una voz que tiembla igual que el brillo en sus ojos.
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Hace tres años, Luis, el marino mercante que ha recorrido el mundo cinco veces, desembarcó -si se permite la palabra- en el aeropuerto de Lima. A los pocos días de llegar conoció en la barra de un restaurante en Miraflores a un hombre y una mujer. Eran pareja. Se frecuentaron durante algunas días y en el momento de la despedida, ella le contó a Luis que tenía una hija en Bilbao y que necesitaba enviarle ropa. ''Hombre, que si era ropa, yo tenía espacio de sobra'', cuenta Luis sentado en la biblioteca del albergue. La mujer le entregó un paquete y eso fue todo.
Un paquete, ni más ni menos. A Luis lo detuvieron en el aeropuerto, lo llevaron a un cuarto, lo interrogaron y un policía le demostró, antes de que se desmayara, que lo que tenía en ese paquete era ropa para niña, sí, pero rellena de coca.
Lo que vivió después este hombre pequeño, delgado y canoso fue una serie de humillaciones... lo desnudaron frente a su maleta, le quitaron todo el dinero que tenía y una cadenita de matrimonio de más de 3000 euros. Y nada de eso fue peor que lo siguió: no hubo juicio ni por casualidad... le dieron siete años y punto. Así sin más.
''A mi aquello se me vino encima'', dice Luis que no entendía de papeleo ni trámites. En el mar no existen ese tipo de transacciones. Y así cuesta creer que el hombre que hoy no puede dejar de gritar y gesticular su indignación, apenas hablaba durante sus primeros meses encerrado. Después de tres años en la cárcel consiguió la semi libertad, un término que se contradice solo. Uno es libre o no lo es... y Luis salió de la cárcel pero seguía encerrado.
La semi libertad es una especie de ''beneficio'' que reciben los presos por buena conducta o con sentencias menores. Esto quiere decir que pueden terminar de cumplir sus condenas fuera de la cárcel siempre y cuando firmen un registro mensual en el Poder Judicial. Esto no los exime de pagar la reparación civil que, en el caso de Luis, supera los 10 000 soles. Además de eso deben tener un contrato de trabajo. Una vez cumplido el tiempo y pagada la reparación, los presos extranjeros reciben una carta de expulsión del país, pero antes deben confirmar que alguien los espera en sus países y pagarse el pasaje, por supuesto.
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Luis no puede trabajar porque en España figura como jubilado. Intentó trabajar de albañil y de alguna manera lo supieron en su país -a través de los registros que lo señalan como preso en el Perú- y fue penalizado con 18 600 euros (más).
¿Cómo conseguirá el dinero? es una pregunta que no puede responder con precisión. Es que no hay nada que pensar. ''Yo aquí no aguanto cuatro años más, yo en cuanto pueda me voy por la frontera''. Solo le falta ajustar detalles porque está todo planeado.
La de Luis es una entre decenas y decenas de historias dentro de la Casa de la Esperanza Migrante, dirigida por la hermana Mercedes López o simplemente la hermana Merche, que llegó al Perú en 1981 sin imaginar que más de veinte años después, convertiría una casita sencilla del Jirón Cahuide en La Perla en el Callao, en un albergue para aquellos extranjeros que, en un país desconocido y por errores en los que a veces uno se ahoga, buscan esperanza y la manera de poder ser, por fin, libres.
''Quisiera tener alas para volar, cruzar por el espacio en libertad. En libertad, como los pajarillos que nadie me pregunte: ¿a dónde vas?
Camino sin fronteras quisiera ser, Quisiera ser, sin prisa ni motivo para volver''